Elementos filtrados por fecha: Lunes, 04 Noviembre 2019

Hace un mes, aproximadamente, viajé a Bogotá invitado por sus autoridades regionales para compartir algunas de mis experiencias sobre ciudades comprometidas y ecosostenibilidad y, como cabía esperar, de la misma manera que yo les llevé mis vivencias, también me traje el zurrón lleno, pero que muy lleno, de enseñanzas muy valiosas. Así, por ejemplo, ya os hablé hace días del maravilloso compromiso colectivo de un pueblito llamado Jerusalén.

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Pero hoy quiero centrarme en un caso realmente grandioso. Uno de esos proyectos que trascienden de la propia ciudad y de su región, ya que por su envergadura más bien debería ser considerado como algo de alcance nacional, sea por su relevancia, por su complejidad, por los recursos que serán necesarios… y sobre todo por su ejemplaridad. Una de esas actuaciones ejemplares que además mandan un nítido mensaje a los ciudadanos sobre el nuevo futuro que se pretende construir, y que, de igual manera, constituye una buena práctica que servirá de referencia a otras ciudades y a otros países.

Me estoy refiriendo concretamente al proyecto “El gran río Bogotá: Soñando el territorio”. Una iniciativa de la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca (Colombia) que, con una enorme clarividencia, ha sabido aunar el esfuerzo de numerosas instituciones para la recuperación a todos los niveles del río Bogotá. El gran río de los ancestros Mhuysqas, junto al que fue fundada Santa Fe de Bogotá, la capital de la “Nueva Granada”. Que nace a 3.300 m.s.n.m. en la sabana andina, drena una enorme cuenca habitada por 11 millones de personas, y que tras recorrer 380 km. vierte en el gran río Magdalena.

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Para que imaginéis con facilidad la gravedad de su situación de partida, solo preguntaos cómo pudiera ser un río reconvertido en una cloaca inmensa en la que se vertiesen los efluvios de 10 millones de personas; con vertidos industriales y mineros incontrolados; cuyo espacio ecológico hubiese sido maltratado y constreñido tanto y tanto que, por ejemplo, decenas de miles de viviendas e infraestructuras urbanas ocupasen sus márgenes; que al llegar de cuando en vez las grandes lluvias buscase recuperar su territorio, por lo que las inundaciones son cíclicas; en cuyo contexto ya existen graves problemas ambientales y de contaminación… Por tanto, un río que ha devenido en una fétida serpiente venenosa que cruza una de las metrópolis más importantes de América. Verdaderamente desolador ¿No?

Pero, como seguro habréis adivinado, esto que le ocurre al río Bogotá no es una excepción ya que ríos maltrechos, heridos de muerte y abandonados a su maloliente suerte existen por miles entre las miles de malas ciudades del orbe, en las que sus respectivos procesos de crecimiento y de expansión se hicieron ignorando sistemáticamente al territorio y a las leyes de la naturaleza.

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Como también habréis adivinado también que esa falta de planificación y de equilibrio no son sino síntomas de ese falso liberalismo, dejadez o falta de visión con la que en tantos lugares se mal gestiona lo público. Es decir, lo que afecta a todos... Con consecuencias fatales para la ecología, la seguridad de las personas y sus bienes, la salubridad, la salud, o la calidad de vida en las ciudades.

Así que, permitidme, que recurra a los poetas locales ya que, como en tantas veces, son los que mejor han sabido narrar la angustia de tamaña calamidad consentida:

                Mi río, desearía ver el fondo de tu alma, la indiferencia gris oscureció nuestra visión…(Mario Muñoz)

                Vienen las aguas del río corriendo, cantando por la ciudad, soñando ser limpias, ser claras. Tiene sed, tiene tos el río... ¡Oh sana Bogotá mi río! (Héctor Buitrago)

Por eso comprenderéis mi alegría al haber conocido de primera mano esta excelente iniciativa, que se encuentra en avanzada ejecución, ya que “El gran río Bogotá: Soñando el territorio” está incluyendo acciones tan diversas como:

  • recuperación del cauce, sus márgenes y su trayecto original;
  • actuaciones específicas para la prevención de las inundaciones;
  • retirada de miles de toneladas de residuos urbanos arrojados al río;
  • adquisición y recuperación de diversos espacios adyacentes de gran valor ecológico (humedales, meandros, zonas inundables…);
  • planes de reforestación en las cabeceras de la cuenca y en las márgenes del río;
  • naturalización del río incluso en su travesía metropolitana, propiciando la recuperación de la vegetación de ribera y de la fauna;
  • erradicación de malas prácticas industriales o mineras;
  • ejecución integral del ciclo del agua con las infraestructuras de saneamiento y de depuración necesarias, que incluyen dos inmensas e innovadoras plantas de tratamiento de las aguas residuales PTAR;
  • implantación de una vigilancia ambiental severa.
  • o creación del mayor parque fluvial público de América, que solo en la travesía de Bogotá tendrá una longitud de casi 70 km., si bien se extenderá por toda la longitud del río hasta su desembocadura.

Pero, aun siendo importantísimas todas estas actuaciones, no lo han considerado suficiente ya que “se requiere que todos nos apropiemos del río” (afirma Julia Miranda, directora de Parques nacionales y Naturales de Colombia) y por ello lo más relevante de todo debe ser “transformar la manera en que el ciudadano se relaciona con el Gran Río”, algo que sólo se conseguirá “a través de procesos de reaprendizaje y de querencia hacia nuestro río Bogotá. Educación ambiental, sentido de la pertenencia y enamoramiento deben ser los ejes sobre los cuales se funde nuestro sueño para pagar parte de la deuda con la naturaleza” (sentencia Nestor G. Franco, Director general de la CAR Cundinamarca). Como veis, no exageré nada cuando califiqué este proyecto como grandioso. 

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Y para terminar mi reflexión os diré que durante mi visita tuve la oportunidad de realizar un recorrido en barco por el río Bogotá… que como consecuencia de los pasos ya dados al fin pudo empezar a renacer. Como también visité la construcción de la PTAR de Salitre, una de las grandes obras de ingeniería proyectadas, cuya conclusión está prevista para el 2020. Así que puedo dar fe de que soñar el territorio es posible, como lo demuestra esta motivadora iniciativa.

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Y ya para finalizar os invito a disfrutar de las didácticas palabras (imprescindibles desde mi punto de vista) de mi apreciado y respetado Néstor G. Franco, seguramente el principal soñador de este proyecto comprometido.

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Néstor me pidió que aceptase ser un nuevo aliado del Río Bogotá, y yo acepté…