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Al hilo del acertado dilema que plantea Manuel: creo firmemente que la IA nunca podrá hacer buena arquitectura si el problema de precariedad es de origen.

Una herramienta tecnológica, por muy avanzada que sea, no puede compensar la falta de recursos o de las condiciones dignas que requiere pensar un proyecto. Si el trazo reflexivo del arquitecto nace viciado por esa precariedad, la IA simplemente automatizará el déficit, pero no aportará la sensibilidad ni el rigor que exigen los proyectos de arquitectura. El objetivo de integrar estas tecnologías en el estudio debe ser optimizar nuestros procesos para dignificar la profesión, pero jamás debemos permitir que se utilicen como un parche para maquillar unas condiciones precarias de base.