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Querido amigo Juan Carlos:
Me has recordado de una manera entrañable cuando mi abuelo Juan Balboa me contaba cómo él era una de las pocas personas autorizadas a acceder al convento de clausura de las hermanas Clarisas de Santiago de Guadix. Y no por nada en especial, sino simplemente porque dentro del convento él era el único que pintaba y, por tanto, tenía acceso.
Me contaba maravillas de lo que allí adentro se respiraba, y mi madre y yo le cogimos el relevo en cuando a la amistad. Sor Patrocinio, su última Superiora, no había vez que la viera por la calle y no me hicieran los ojillos chiribitas, dándole un abrazo de los míos y dos besos de cariño.
Imagino que tus recuerdos, tal y como nos cuentas, son bastante parecidos, al menos en lo de entrañables.
¡Ah!, y la foto de presentación, de 10 no, por lo menos de 12.
Gracias por hacernos partícipes de tus maravillas.
Un abrazo como yo de grande.