EL INMENSO VALOR DEL PAISAJE CULTURAL EN EL MUNDO RURAL (3)

En el mes pasado empecé a hablaros sobre la importancia de catalogar exhaustivamente el patrimonio cultural en cada municipio para avanzar en su protección, y a petición vuestra me comprometí a profundizar en este tema. Hubo después un segundo artículo en el que os hablé del patrimonio cultural rural, el gran olvidado, y os mostré la experiencia que tuvimos en la realización de este documento para Baza (Andalucía, España).

Pues bien, hoy os voy a mostrar la importancia de contextualizar cada uno de los elementos (sea un cortijo, un aljibe, un bien arqueológico…) en su entorno, con la intención de comprender mejor la relación entre los elementos catalogados con el territorio y con el paisaje del que forman parte, añadiendo por tanto a la protección individualizada del elemento en cuestión, una segunda protección a su entorno rural, ya de carácter urbanístico y territorial. Y para ello os voy a mostrar uno de las zonas en las que subdividimos el territorio e Baza: LA VEGA-CAMPO DEL JABALCÓN, de la que os trascribo la descripción que incluimos en el Catálogo:

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"Este ámbito presenta varias zonas bien diferenciadas, aunque se han englobado bajo una sola denominación común para una mejor comprensión de la estructura de este Catálogo. Dichas zonas se corresponden con la vega tradicional de Baza, el Campo del Jabalcón, al otro lado de la A92N, los rebordes del piedemonte del Cerro Jabalcón, al oeste, la margen izquierda del río de Baza, y la porción más al norte del término municipal, localizada al otro lado de la cola del embalse del Negratín, en lo que se conoce como “El Rincón de Baza”.

La vega tradicional es una extensa zona de regadío, contigua al casco urbano por el Este y por el Sur, con un paisaje agrícola de “bocage”, densamente ocupada por cortijos aislados y pequeñas cortijadas que en los últimos años están dando paso aceleradamente a nuevas construcciones de recreo como segundas viviendas con unas tipologías y usos que nada tienen que ver con aquellos, con la consiguiente pérdida de identidad de este espacio, más próximo ya a un diseminado de tipo “inglés” que a lo que fue en su origen.

Por su parte, el Campo del Jabalcón ha sido tradicionalmente una zona dedicada a riegos eventuales y a cultivos de secano, complementados con una ganadería extensiva que aprovecha los barbechos del cereal, aunque también en los últimos años está sufriendo una intensa transformación y homogeneización de su paisaje por culpa de los nuevos cultivos forzados que conllevan además la explanación de  grandes superficies con fuertes movimientos de tierra.

Arqueológicamente es una zona que en conjunto también ha aportado un importante número de yacimientos arqueológicos, con especial relevancia de los pertenecientes a los periodos ibérico, romano y alto medieval, en los que se supo aprovechar el alto potencial agrícola tanto de las mejores zonas irrigables como de las extensas terrazas aluviales de la margen izquierda del Río de Baza. En esta zona se emplazan asentamientos de la entidad de la ciudad ibero-romana de Basti, una posible centuriatio” romana o el castillo de Benzalema, en un punto estratégico de la confluencia de los ríos que dan origen al Guadiana Menor.

Las principales manifestaciones de la arquitectura de este ámbito están representadas por los numerosos cortijos, generalmente aislados, que se levantan tanto en la vega, el Campo del Jabalcón o la margen izquierda del Río de Baza. Mientras que en las zonas de secano y de olivar domina un tipo de cortijo con instalaciones ganaderas anexas, en la vega predomina un tipo de casa-huerta con frecuente presencia de un emparrado colocado paralelamente a su fachada principal o perpendicularmente enfilando a ésta y tras el que se extiende una pequeña huerta o jardín.

Especial mención merece la zona de La Rivera, donde se concentra un importante número de edificaciones dedicadas a la transformación y elaboración de productos agrícolas, como molinos harineros y almazaras, casi todos lamentablemente abandonados, amén de un elevado número de huertas con cercados de mampostería o de tapial, entre las que discurre una auténtica maraña de acequias con un origen común: los manantiales de Las Siete Fuentes y La Fuente de San Juan. Realmente esta zona posee valores naturales, históricos, paisajísticos y etnológicos suficientes como para plantear alguna figura de protección específica para ella. Por otra parte está sufriendo la misma presión de nuevas construcciones para segunda vivienda que la vega tradicional con el consiguiente riesgo de pérdida o deterioro de sus  señas de identidad.”

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