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Puede que empecemos a darnos cuenta que las mayores satisfacciones de la vida se encuentran en las cosas sencillas, cercanas. Y valga para ello dos ejemplos que tú y yo tenemos muy a la mano, gracias a Dios: Tu Edén de Ferreira, como muy bien lo defines y con lo que estoy totalmente de acuerdo (lo he disfrutado en una mañana clara de verano con un buen café y una agradable y distendida conversación contigo), y mi Alpujarra de mi alma, adonde voy cada vez que puedo para disfrutar de su encanto y de sus maravillosas y sabias gentes, y adonde pretendo descansar en paz como tributo a esa tierra y respeto y cariño por sus moradores y por tantos y buenos amigos como con los que allí cuento.
Y al igual que tú, las personas más sabias las he conocido en esos pequeños remansos de paz; me vienen a la cabeza dos personas que ya nos abandonaron y a las que tenía un especial cariño, porque además de sabias eran sencillas y siempre estaban dispuestos a echar una mano. Hablo de Fermín y Pepe González, de Trevélez, hermanos que poco se parecían pero que cada uno en su manera de ver y enfocar la vida eran auténticos sabios.
Algún día la belleza y sutilidad de rincones como los que comentaba triunfarán sobre la vorágine de las grandes ciudades, su estresante vida y su impersonalidad.
Un abrazo amigo Juan Carlos y muchas gracias por tus bonitas reflexiones.