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Sin duda, el don de la sensibilidad ante los paisajes y la naturaleza incluye también el supremo don de la sensibilidad ante todo lo humano.
Como decía aquél clásico: "Humano soy, y nada de lo humano me es ajeno". Por eso, y porque en el fondo no nay nada más humano que nuestra conexión con la naturaleza, doy las gracias a quienes, como tú, nos enseñan a interpretarla y a estar comprometidos con ella, ya sea en su modo más original o en su evolución urbana.
Sólo quien se emociona ante la belleza natural es capaz también de emocionarse y conectar con la humanidad, en la que ya no se distingue la propia de la ajena, sino la conexión común que nos une.
Gracias por abrir esas puertas.