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Me permito sugerir la posibilidad de abrir alguna línea de micromecenazgo para abordar las obras de consolidación. En efecto, las administraciones parecen sufrir una especie de sordera selectiva, y también es cierto, de escasez en sus arcas para dedicarles a estos monumentos. Pero como bien se indica, la solución puede estar en los particulares: es un recurso ampliamente utilizado en otros países con un rico patrimonio cultural que permite, a través de pequeñas aportaciones económicas de un gran número de personas, asumir los -grandes- costos de las intervenciones. 10 euros para una persona no supone un gran sacrificio, 10 euros de 1000 personas supone el comienzo de la salvación. De esta forma, se implica la ciudadanía en la conservación del patrimonio, haciendo suyo el esfuerzo económico. P.ej. si Vícar tiene 25000 habitantes, a un euro cada uno... Suma y sigue!