“ Este artículo bien podría titularse “Lo que casi nunca se gestiona”… la contaminación perceptiva como erosión lenta del patrimonio, más por acumulación de pequeñas disonancias —rótulos, cables, cubiertas, veladores, luminarias— que por grandes barbaridades.
No basta con proteger: hacen falta Propuestas con calendario, responsables y partidas anuales que conviertan la norma en obra y eviten que el casco histórico viva siempre “a la defensiva”.
Gracias por poner el foco en esta higiene urbana de la mirada, tan discreta como decisiva. ”