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Cuan fundamental es que una buena regulación esté acompañada de la necesaria concienciación de la ciudadanía y de quienes realmente usan la ciudad. Cuando las “prohibiciones” o “sanciones” no se perciban como castigos, sino como una oportunidad para lograr la mejor ciudad histórica posible —bien cuidada, ordenada y libre de elementos que la alteren—, será mucho más sencillo alcanzar el objetivo.