“ Proteger el patrimonio no debería limitarse a cumplir la ley, sino asumir un compromiso real con aquello que forma parte de la identidad colectiva. No basta con evitar la ruina de un edificio; también importa la coherencia y la calidad de su entorno. La idea de los “elementos discordantes” resulta especialmente importante, porque pone el foco en cómo pequeños desajustes pueden alterar la percepción de un conjunto histórico. Las intervenciones patrimoniales que marcan la diferencia y destacan implican ir más allá de lo mínimo exigible y entender que el cuidado del patrimonio es también una forma de cuidar la propia ciudad. ”