AÚN NO HABÍA PARTIDO DE ALBARRACÍN Y YA SABÍA QUE VOLVERÍA MUY PRONTO

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La vida, vaya usted a saber por qué, me ha llevado recientemente a la provincia de Teruel (Aragón, España) donde tuve la oportunidad de pasear por su ciudad cabecera y saborear de sus anocheceres,  recorrer alguno de sus senderos serranos, y gozar con mayúsculas de una  visita fugaz a la ciudad patrimonial de Albarracín… ¿Os cuento algunas de mis sensaciones?

Teruel es una pequeña ciudad de apenas 40.000 habitantes capital de una provincia alejada de grandes urbes y ubicada en los confines de los antiguos reinos de Aragón, Valencia y Castilla… y debe ser por eso que su eslogan/reivindicación más conocido es ese de que “TERUEL TAMBIÉN EXISTE”. Tiene dos iconos principales: el de “Los Amantes de Teruel” de carácter poético/escultórico… y sobre todo su impresionante y particular arquitectura mudéjar, fusión de las tradiciones castellanoaragonesas y las hispanomusulmanas, erigidas entre los siglos XII y XIV, que se concreta mejor que nada en algunas de sus famosas torres de ladrillo, decoradas magistralmente con materiales cerámicos, lo que ha justificado su inclusión en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Pero… en Teruel también pude ver otras caras menos amables de esta ciudad. Precisamente la cara de un urbanismo absurdo,  provinciano y corto de miras que hizo que hoy sea una ciudad sobredensificada que asfixia a su conjunto histórico y que agobia excesivamente a su singular patrimonio universal.  Y esto ha sido así porque en las últimas décadas, con la excusa de contar con una orografía muy difícil, apostaron por una sustitución casi generalizada de los edificios de la ciudad histórica por otros que ocuparon intensivamente las parcelas y que siempre remontaron en altura.  Así pues, aunque gocé también de su plaza mayor o de su arquitectura modernista, se trataron más de pequeños oasis patrimoniales que de espacios urbanos verdaderamente armónicos…

También dedique una larga y aprovechada mañana a recorrer “Los Estrechos del Río Ebrón” (Cahorros les llamaríamos en Andalucía), un recorrido maravilloso por el valle que enlaza las modestas poblaciones de El Cuervo y Tormón, en la Comarca de Albarracín… o mejor, en el Parque Cultural de Albarracín, como allí gustan denominar, ahora sí, con todo, todo, todo merecimiento.

Un río bellamente encajado entre paredes rocosas; sus aguas cristalinas que alternan remansos y cascadas; su naturaleza esplendorosa que en esta primavera lluviosa lucía con sus mejores olores, colores y sonidos; las huellas tenues de la mano del hombre a lo largo de la historia (caminos de herradura, cultivos aterrazados inverosímiles, apriscos seminaturales, molinos, acequias…); y un sendero felizmente rescatado que invita a ser recorrido y a adentrarnos en este bellísimo lugar. Como veis, hoy estoy bastante evocador y provocador…

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Y finalmente, aunque eso sí, también luchando  contra el tiempo, felizmente pude conocer Albarracín. Quizás alguno de vosotros recordareis que en el pasado mes de noviembre asistí (y os lo conté) a una conferencia impartida  por Antonio Jiménez Martínez, y constituyó:

“una estupenda ocasión para escuchar de primerísima mano al principal artífice de lo que se ha venido a denominar “el milagro de Albarracín”, ya que en apenas dos décadas, este Conjunto Histórico, de apenas 1000 habitantes, ubicado en las montañas y alejado de cualquier gran ciudad,  ha pasado de estar lánguido y ruinoso a tener una saludable  salud patrimonial y una desbordante vida cultural y turística. Y ha sido consecuencia fundamentalmente del buen hacer, riguroso y sensato, de la Fundación Santa María de Albarracín,  una organización público/privada sin ánimo de lucro (Obispado de Teruel y Albarracín, Ayuntamiento, Diputación e Ibercaja) que hace dos décadas decidió trabajar en la recuperación y activación cultural de su rico patrimonio, como vehículo para lograr el desarrollo sociocultural y económico local.” https://www.gr-arquitectos.com/component/k2/search?searchword=albarrac%C3%ADn&Itemid=339

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Así pues, tenía verdadero interés en saludar a Antonio (un hombre verdaderamente encantador) y aunque fuese fugazmente aprehenderme de su paisaje, de su historia, de sus tradiciones y de su exitosa gestión patrimonial reciente. Y de la mano de uno de los guías de la Fundación Santa María pude acercarme a las labores desarrolladas en estos años y comprobar el rigor y el empeño que están poniendo, aunando (algo muy difícil y por ello excepcional): obras de rehabilitación de los edificios;  restauración rigurosa del patrimonio monumental; labores de conservación de los bienes muebles; de los inmuebles; trabajos de documentación e investigación; dinamización de su legado cultural e histórico una vez recuperado; y una gestión eficaz que garantiza la viabilidad y sostenibilidad de la gestión de todas las acciones emprendidas.

No solo “han consolidado a Albarracín como “Ciudad Cultural” y como destino turístico como lo demuestran más de 500 actividades, entre cursos y seminarios, conciertos, o exposiciones” realizadas, sino que están exportando su buen hacer a otros bienes patrimoniales de la provincia de modo que ojalá que el germen de la fundación Santa María ojalá pueda estar prendiendo en muchos otros lugares.

Pues bien Antonio Jiménez Martínez, aunque focalizo en ti mis felicitaciones las hago también extensivas a todo el equipo e instituciones que hay tras de ti, y ya te anticipo que volveré pronto… porque a Albarracín uno no va si es que no piensa volver.

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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Jesús Roberto Balboa Garnica Viernes, 08 Junio 2018 21:57 publicado por Jesús Roberto Balboa Garnica

    Buena tierra esa. Hace unos años anduvimos por ellas, y hubo muchos pueblos que nos impactaron por muchos motivos.
    En Albarracín, además de por su excelente y muy bien conservado patrimonio, por la alegría de tropezarnos con una paisana que allí trabaja de médico.
    Pero no fue la única sorpresa, pues en el pueblo donde parábamos, Mora de Rubielos, también tropezamos con otra paisana que junto con su marido regentaba uno de los mejores bares-restaurantes del pueblo.
    El mundo es un pañuelo.
    Por cierto, en Valdelinares tuve que explicarles por qué consideramos a Trevélez como el pueblo más alto de la España peninsular, lo que entendieron perfectamente.
    Y tanto nos gustó Teruel y su provincia que no descartamos en un futuro inmediato volver para recorrer lo que nos dejamos pendiente.

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  • Enlace al Comentario juan carlos García delosReyes Sábado, 09 Junio 2018 12:07 publicado por juan carlos García delosReyes

    Gracias por tu comentario Roberto. También en eso coincidimos, en apreciar la franqueza de los lugares y la autenticidad de sus gentes... ¡Un fuerte abrazo!

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