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Querido amigo Juan Carlos:
Hace ya mucho tiempo que tu hermano Torcuato me contó la peripecia que acabas de compartir. Conozco el sitio perfectamente y al dueño; de hecho, en alguna que otra ocasión he estado allí, pero desde que supe del asunto jamás volví a poner un pie en ese establecimiento. Por razones obvias no voy a decir el nombre del establecimiento y hacerle encima publicidad, aunque la verdad tampoco era un sitio que nunca destacó en el pueblo por sus excelencias, como podríamos recomendar, por ejemplo, el bar restaurante Belezmín en la plaza, frente a la iglesia del pueblo, a unas pocas decenas de metros del que quiso hacer una urbanización en Pampaneira y le salió el tiro por la culata.
Un abrazo como yo de grande.