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Con la "malaleche" en el cuerpo por el incendio que ha destrozado el entorno de la Abadía, me voy a referir a la importancia de regular el uso de la luz artificial en las ciudades con dos ejemplos vivenciados concretos: por un lado la colocación de farolas altas cercanas de las viviendas que impiden las vistas nocturnas de las siluetas de las montañas del entorno y por otro, el buen uso de la luz en las proximidades de la catedral de Granada y alrededores que permite adivinar el trazado de las vías y relaja la visión de los que contemplamos Granada desde los miradores. Son dos ejemplos antitéticos de uso del uso de la luz artificial y de ahí la necesidad de regulación.