Reportar comentario

Nunca había reflexionado sobre la seguridad, aunque era obvio, como principio de la utilidad de la luz, sino más bien en las molestias por los excesos se su uso. Lo que está claro es que tras estas reflexiones se puede ver la luz al final del túnel. Estoy seguro que hay una línea de reflexión que nos conduce a ciudades más amables donde son los ciudadanos y no los mosquitos, los que se sienten atraídos por la luz. ( Es la hora de la siesta, perdonad el desvarío).