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“ Qué necesario es este recordatorio sobre la fragilidad de nuestro patrimonio y la importancia de protegerlo. La historia de las pinturas de las Vacas de Retamoso es un claro ejemplo de lo mejor y lo peor de nuestra sociedad: por un lado, la destrucción que casi borra miles de años de historia; por otro, la rápida respuesta de quienes sí valoran y cuidan este legado. Me quedo con esa idea de que, aunque nunca sepamos con certeza qué querían expresar aquellos artistas, lo que sí podemos hacer es asegurarnos de que su mensaje perdure. Cuidar nuestro patrimonio es una forma de respetar nuestra propia historia. ”