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El relato del trabajo en el Barranco del Poqueira es una verdadera lección de como urbanismo proteger, interpretar y proyectar el territorio desde la sensibilidad y el respeto. Esa mirada supramunicipal, tan necesaria fue posible gracias a un planeamiento comprometido, la buena voluntad de técnicos y representantes locales. Es emocionante ver cómo, después de tantos años, la complicidad profesional se transforma en afecto personal y reconocimiento mutuo. El gesto de Alfonso Castellón, regalando su libro con una dedicatoria tan generosa, demuestra que el impacto de nuestro trabajo va más allá del plano y la normativa.
Un abrazo.