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Me parece especialmente acertado el enfoque de la iluminación en esta intervención. En ciudades históricas, la luz no debería limitarse a “resaltar” monumentos, sino a construir paisaje urbano nocturno.

En Andújar, la iluminación parece entenderse como herramienta de proyecto: mejora la legibilidad de la muralla, aporta seguridad y refuerza la identidad del lugar sin caer en efectos escenográficos excesivos. Ese equilibrio técnico —intensidad, temperatura de color, direccionalidad— es fundamental para no distorsionar el carácter histórico.

Cuando la iluminación se planifica con criterio, el espacio público gana una segunda vida por la noche, ampliando su uso y su calidad urbana.