“ El valor de un lugar no depende tanto de su tamaño o relevancia, sino de la intensidad con la que se vive y se comparte. Más allá de la descripción urbanística, lo que realmente destaca es la conexión entre las personas, el territorio y quienes trabajan para mejorarlo.
Es increible como el equilibrio entre el pueblo y su entorno, y por otro lado, la implicación de sus habitantes hace que un plan urbanístico sea una experiencia profundamente humana.
Es gratificante cuando entregas a un proyecto toda tu vocación y se ve reflejado en una sensación de reciprocidad por parte de los vecinos de un pueblo como Huécija. ”