“ Buena tierra esa. Hace unos años anduvimos por ellas, y hubo muchos pueblos que nos impactaron por muchos motivos.
En Albarracín, además de por su excelente y muy bien conservado patrimonio, por la alegría de tropezarnos con una paisana que allí trabaja de médico.
Pero no fue la única sorpresa, pues en el pueblo donde parábamos, Mora de Rubielos, también tropezamos con otra paisana que junto con su marido regentaba uno de los mejores bares-restaurantes del pueblo.
El mundo es un pañuelo.
Por cierto, en Valdelinares tuve que explicarles por qué consideramos a Trevélez como el pueblo más alto de la España peninsular, lo que entendieron perfectamente.
Y tanto nos gustó Teruel y su provincia que no descartamos en un futuro inmediato volver para recorrer lo que nos dejamos pendiente. ”