Muchas veces las ciudades tienen verdaderos tesoros que de alguna manera están ocultos a nuestros ojos porque aunque forman parte del paisaje cotidiano, ya todos olvidamos cual fue su origen y cuál es su esencia.
Y yo quisiera rescatar para todos nosotros uno de los monumentos más hermosos y una de las lecciones más emotivas… Me estoy refiriendo al monumento a LA TOLERANCIA, que está ubicado en el Muelle de La Sal, junto al río Guadalquivir, en Sevilla, pero no para destacar sus aspectos plásticos, que son inmensos, sino su mensaje de tolerancia y de concordia.
Esta escultura, obra del escultor Eduardo Chillida, se erigió por estas fechas de abril (en 1992) a iniciativa de su ayuntamiento con la colaboración de la Junta de Andalucía y el patrocinio de la fundación AMIGOS DE SEFARAD, que lo ofreció a la ciudad en homenaje a la memora de sus antepasados y al mensaje universal de tolerancia y concordia que ellos nos brindaron.
E incluye junto a la escultura una placa en la que reza un bello y profundo poema de Elie Wiesel (que fue un poeta estadounidense de origen húngaro, superviviente de los campos de concentración nazis y premio Nobel de la Paz en 1986).
Pero antes de invitaros a ver y a leer este monumento/poema me gustaría resaltar algunas de sus lecciones tan rabiosamente actuales, que a todos nos debieran hacer meditar:
Un canto imperecedero a la tolerancia ubicado en la ribera del Guadalquivir, el gran río de Andalucía, tierra tan orgullosa de su mestizaje cultural que aun contando con los mejores artistas y poetas, quiso elegir para contarlo a un escultor vasco, y para narrarlo a un escritor centroeuropeo. Además fue sufragado por los herederos de uno de los pueblos más castigados a lo largo de los siglos:

“Deteneos, hombre y mujeres que pasáis, deteneos y escuchad.
Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa, la de su memoria, que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y antigua; la humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza.
Aquí como en otros sitios, se amaba y se odiaba por razones oscuras y sin razón alguna; se hacían rogativas por el sol y por la lluvia; se interpretaba la vida dando muerte, se creía ser fuerte por perseguir a los débiles, se afirmaba el honor de Dios, pero también la deshonra de los hombres.
Aquí como en otros sitios, la tolerancia se impone, y lo sabéis bien hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla. Sabéis bien que cara al destino que os es común, nada os separa. Puesto que Dios es Dios, todos sois sus hijos. A sus ojos, todos los seres valen lo mismo. La verdad que invocan no es válida si a todos no los convierte en soberanos.
Ciertamente toda la vida termina en la noche, pero iluminarla es vuestra misión.
Por la Tolerancia.”


