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Muy buena reflexión. Estoy de acuerdo con todo lo que planteas en el artículo, y con la mayoría de comentarios. A mi me gustaría recalcar la cruda realidad que supone la España vaciada, y que nos ha estallado en la cara. Los pueblos se vacían porque viven del campo, y el trabajo del campo es inmensamente duro.
Un sector, el primario, que se ha erigido como primordial en su función de abastecedor de alimentos, que ha sabido dejar aparcadas de un día para otro sus reivindicaciones. Nótese que, de un día para otro, pasamos de ver los tractores por las principales calles de nuestras ciudades clamando justicia para un sector en dificultades, a verlos fumigando pueblos para desinfectar sus calles del virus. Pero esta pandemia también a puesto de manifiesto la falta de mano de obra, su origen y la dureza del trabajo temporero. Como un sector que ha llamado a autoridades de toda índole pidiendo que hacía falta gente para cubrir puestos de trabajo, cuando por toda lados sobraba mano de obra, y ha obtenido una tibia respuesta. Porque si señores, trabajar en el campo es muy duro y se gana muy poco. Sobre esta cuestión podríamos hablar hasta la saciedad, pero por lo menos quedarnos con que de esta situación como mínimo sepamos valorar no sólo la calidad de nuestro productos, sino la inmensa calidad de nuestros productores.