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Gentes y tierras rurales abandonados. Esas son las palabras de moda para los políticos. Y aquí da igual el color de cada uno de ellos. Todos los partidos las acaban de descubrir y las emplean una y otra vez, sobre todo para dejar claro la necesidad de generar oportunidades para ese mundo rural que se desangra por momentos en Castilla- León y Andalucia son los mejores ejemplos.

El mundo rural, los pueblos necesitan que se deje hablar tanto de ellos, de lo importantes que son y se comience a actuar, a tomar decisiones. De lo contrario esa desertización, que cada vez es más plausible.
No es de recibo que alguien vea cómo aquellos papeles que necesita, esa tramitación administrativa que casi nunca está a tiempo y se demora una y otra vez, le impide desarrollar un proyecto que, además, vendría a generar empleo, es decir a evitar que se siga machando y vaciando los pueblos. Así ni se asienta población ni se garantizan oportunidades.
Una densidad demográfica que muestra que en los municipios más pequeños, donde la población debería esta más concentrada, la cifra de la densidad no aumenta. Al contrario, es en estos casos donde la despoblación se hace todavía más plausible y se convierte en un grave problema. Ese del que las administraciones siguen haciendo bandera y anunciando la lucha contra el mismo, a la vez que se vanaglian de se los adalides y defensores del mundo rural, pero que la realidad demuestra que los pueblos llevan años de espera de planes de futuro que siguen si ejecutarse.
Aún se está a tiempo, pero es hora de pasar de las palabras, de los planes y de estrategias y tomar decisiones. Lo que reclaman los pueblos y sus gentes. El mejor ejemplo son esos agricultores que toman las calles exigiendo un futuro. Escúchenles y actúen. Por Andalucía, Castilla-Leon y otras. Pasos firmes.