QUIEN SOY, DE DONDE VENGO Y A QUIENES SIRVO

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SIERRA

El martes pasado quise despedirme de mis vacaciones estivales haciendo lo que más amo: subir a las montañas que más amo también. Así que me entregue por muchas horas entre los senderos, entre los canchales, entre las nubes...

Siempre me produce la misma sensación de pequeñez y de insignificancia contemplar el amplio panorama, cuando en el horizonte se difuminan los perfiles lejanos y la calima entremezcla los planos de la tierra y de la luz. Y es que desde los oteros es fácil comprender que casi todo es pasajero y superfluo, y que quizás nos bastaría para nuestro transitar con una liviana mochila, en la que caben todos los cariños, algún que otro sueño, un libro, y ninguno de los pesares.

Y la franqueza de la montaña me regaló aromas, susurros, caricias y el dulzor del agua fresca de un manantial con sabor a menta. Mientras que la magnitud de la montaña también me ayudó a volver henchido de paz conmigo mismo y con mis retos. Como también la inmensidad de la montaña me prestó su fortaleza para poder proseguir con decisión y presteza mi camino en la vida.

Y durante aquellas horas de luz, cómo no mimetizarse con el modo de vida ancestral del pastoreo y la transhumancia, cuando ya en el descenso crucé los pastos de verano, seguí los surcos entre la espesa maleza que abrió el ganado, aprecié los descansaderos de los animales, y me detuve en una suerte de apriscos en los gocé disfrutando su arquitectura, ingeniosa fusión entre muros a piedra seca, el soporte de los roquedos naturales y la sensatez del hombre de la montaña: un par de rectángulos para separar a los animales y un humilde habitáculo multifuncional en el que pernoctar el pastor, donde dar refugio a las hembras parturientas o alivio a algún animal enfermo. Sencillo hábitat estival de quienes eligieron o heredaron este modo de vida.

Así que desde las alturas me empapé de perspectiva y afiné bien las referencias que me han de servir de guía para orientarme durante el día a día, y para poder recordar, cuando la noche quiera atenazarme, quien soy, de donde vengo y a quienes sirvo...

SIERRA 3

APRISCO

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Jesús Roberto Balboa Garnica Viernes, 24 Agosto 2018 10:36 publicado por Jesús Roberto Balboa Garnica

    Bonito reportaje y bonitas palabras. Si de verdad hay algo que nos enseñe humildad, es la grandeza de nuestra sierra.
    Qué pena que no hayamos podido repetir el grato encuentro de días pasados en tu refugio, pero que si puntualmente vuelves algún día o algún fin de semana, tú chifla que si puedo allí nos vemos.
    Además, nos quedó pendiente lo del chorizo picante, y no es bueno dejar cosas pendientes.
    Un abrazo.

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