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Querido amigo Juan Carlos:
Me ha encantado tu relato, y más que el relato en sí, las conclusiones que sacas de esos días con respecto a la vida que normalmente llevamos.
Yo soy un verdadero agradecido de la vida que Dios me dio, pero si hay algo que de verdad me pone los ojillos haciendo chiribitas son esos pueblos perdidos, sus gentes y la sierra.
Que sí, que también me gusta un buen cocido lebaniego, o un buen “pitu” en el “Mesón de Mingo”, cerca de Cangas de Onís, o un buen chuletón en la “Bodega el Capricho” en Jiménez de Jamuz, cerca de La Bañeza, que reconozco que mi perdición es la buena mesa y las buenas viandas, pero que de tener que elegir, elegiría esos y sus gentes junto con la sierra.
Por circunstancias llevo un par de años que no ando por aquellas tierras, y la verdad es que se me hace muy cuesta arriba, pero qué le vamos a hacer, el hombre propone y Dios dispone.
Tu relato me ha venido como un bálsamo que en parte ha suavizado mi desazón, pues rememorar lugares queridos y situaciones extraordinarias vividas allí con buenos amigos, en esos pueblecillos y con sus gentes, ha sido algo muy grande para mí. La última vez que estuve en Santo Toribio de Liébana… mejor te dejo el enlace de la primera parte de aquel viaje, puede que así también te haga rememorar a ti.
http://www.elpimo.es/Pueblos%20de%20La%20Alpujarra/UN%20PAISANO%20EN%20ASTURIAS%20(I).doc
Muchas gracias por tu regalo.
Un abrazo como yo de grande.