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Querido amigo Juan Carlos:
Siento no haber podido acompañarte el pasado lunes, nada me hubiera gustado más, pero circunstancias personales así lo dispusieron; ya sabes, el hombre propone y Dios dispone.
No dudo ni por un momento que sería todo un éxito, pues además de haber apostado toda tu vida por tu trabajo, no sólo le has puesto tu esfuerzo y dedicación, sino toda tu alma. Cualquiera que haya hablado contigo un par de veces sobre tu profesión o sobre tus trabajos se habrá podido dar cuenta de ello sin necesidad de ser un lince.
Me alegran sobremanera tus éxitos y, si me apuras, mis éxitos, pues los éxitos de mis amigos los considero como propios.
Es un verdadero honor contar con tu amistad y con esa bondad de alma que refleja tu sonrisa, sonrisa que ya sabes a quien me recuerda; a tu querida mami, a la que sabes que quería de corazón.
Que Dios te siga bendiciendo con el cariño por tu trabajo y que sigas siendo feliz con él.
Un abrazo como yo de grande.