Reportar comentario

Querido amigo Juan Carlos:
Son tantos los recuerdos que tengo de tu hermano y con tu hermano Julián, que si me pidieras que te contara alguna anécdota, tal vez no sabría por dónde empezar.
Lo que más me llamaba la atención de tu hermano Julián era su infinita bonhomía, a pesar de que en aquellos tiempos de los que te hablo todavía éramos muy jóvenes y, por tanto, muy predispuestos a las más diversas chiquilladas. Es verdad que en ese aspecto Julián iba unos pasos por delante de nosotros, y en muchas ocasiones nos hacía pensar sobre lo poco conveniente que podía ser aquella broma de mal gusto o aquella travesura acorde con nuestros años. Aunque éramos de una edad, en ese aspecto Julián era mayor que nosotros.
Por más que lo he intentado no recuerdo una cara suya seria, triste. Siempre tenía esa sonrisa fácil y suave a flor de piel, y mientras los amigos en ocasiones nos desgañitábamos con tal o cual circunstancia adversa, él mantenía esa dulzura en su cara que ahora tanto voy a echar de menos.
Como ya te dije, el 12 de julio de 2023 comimos en un rincón de ensueño a la salida de Otívar, tu hermano, el amigo Silver y un servidor, y quedamos en que íbamos a repetir en septiembre en tu molino, contigo y con tu beneplácito, pero ya sabemos que los caminos del Señor son inescrutables y que no pudo ser. Con posterioridad lo hemos intentado de otras maneras, pero ya no ha habido suerte. Posiblemente, y sabiendo en qué punto se encontraba, estoy casi seguro que se estaba dedicando con toda la entrega y cariño del mundo a despedirse de su familia más íntima.
Tal vez cuando nos toque marchar a nosotros, nos encontremos allá arriba y retomemos esa comida que dejamos pendiente.
En mi corazón ha quedado una pena muy grande por su marcha, pero una alegría infinita por haber tenido la suerte de ser su amigo y haber vivido a su lado muchos momentos inolvidables.
Seguro que ya descansa en paz mi buen amigo Julián.
Un abrazo como yo de grande.