Reportar comentario

Después de leer tus reflexiones matutinas, casi que estaba cansado para acostarme otra vez, pues ese ritmo frenético ya no es para mí. Y no porque permanezca ocioso, que a un servidor le suelen faltar horas del día (no me explico cómo tenía tiempo para ir a trabajar siete horas diarias a mi empleo y hacer además todo lo que hacía), pero a un ritmo mucho más acorde con la paz y tranquilidad interiores con que todos los días intento seguir dotándome.
Sólo hay una cosa que me preocupa de tu azarosa vida y son esas casi cuatro horas que empleas en ir a tu trabajo y volver de él, que por muy bien que te vengan para disfrutar de nuestros maravillosos paisajes e ir ajustando tus ideas para lo que ese día te depare, también significan añadir un riesgo a tu vida, la carretera, y no poder disponer de esas horas para tu familia y amigos.
En fin Juan Carlos, por nuestra vieja amistad me he permitido esta pequeña licencia, pero eso no quita que, por supuesto, tú seas el mejor arquitecto de tu vida; ya sabes lo que decía aquél viejo sabio "más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena".
Sé feliz.