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Se me pone la piel de gallina al leer esta entrada. Viví aquel día con solo 8 años y, aunque el recuerdo es duro, me resulta curioso leer vuestra experiencia de aquellos días justo ahora que me estoy formando con vosotros.

Fue un momento donde la ciudad demostró mucha fuerza, con una humildad y una unión que fueron claves; donde siempre había alguien que miraba el cielo, como bien dice el poema que has citado. Eso, sumado a la intervención técnica de los profesionales como vosotros, hizo que Lorca volviera a ser la que era.