En esta lluviosa madrugada en Puente de la Reina (Navarra), siento que con cada uno de vosotros, a los que conocí, compartí o serví, he ido moldeando mi carácter.
Y que también de cada uno de los lugares a los que mi discurrir me llevó, recibí parte de mi esencia y eso me hace sentirme afortunado.
“Bienaventurado eres, Peregrino, cuando contemplas el camino y lo descubres lleno de nombres y de amaneceres...”
