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¿CÓMO NOS MOVEMOS POR LA CIUDAD?
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Princeton en Estados Unidos están desarrollando un proyecto de investigación sobre las tendencias de movilidad en cuanto a los patrones de desplazamiento de las personas dentro de las ciudades. La experiencia piloto se está desarrollando en tres ciudades: Barcelona, Nueva York y Los Ángeles.
Una de las novedades de este estudio está en la utilización como herramienta de diagnostico de una app para dispositivos móviles llamada “Space Mapper”. Space Mapper recopila la información de posición, así como otras que el usuario quiera compartir, siendo encriptadas antes de su envío.
Cierto es que esta información, y muchas otras, ya están en poder de las compañías telefónicas que lo utilizan con fines comerciales, pero en esta ocasión su uso es mas “loable”. Las conclusiones del estudio se conocerán en otoño. Será entonces cuando podremos saber cómo utilizamos el espacio público en función de nuestro estrato social, nivel cultural, sexo… Las posibilidades y sus aplicaciones son muy amplias.
Transcribimos aquí alguno de los párrafos de la noticia aparecida en la prensa digital:
SPACE MAPPER MOSTRARÁ CÓMO UTILIZAMOS LOS ESPACIOS EN LAS CIUDADES
¿Cómo nos movemos las personas en las ciudades? ¿Varían los lugares a los que vamos en función de nuestro nicho social, estatus económico, estado civil, edad, sexo…? Aunque parece obvio que sí, profesionales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, están llevando a cabo un proyecto para detectar patrones de movilidad asociados a los diferentes estratos sociales que habitan las grandes ciudades.
El proyecto comenzó hace tres años en Princeton de mano del investigador John Palmer. Ahora, como fruto del trabajo realizado por Palmer y su equipo, centrado en las Ciencias Sociales, junto con los investigadores del CSIC con los que colaboran, focalizados en este caso en la Ecología del Movimiento, ambas organizaciones han lanzado una app llamada Space Mapper que será clave para la investigación.
«Se trata de una aplicación móvil para plataforma Android, descargable gratuitamente por los usuarios que quieran contribuir al proyecto y que serán informados puntualmente de los resultados que vayamos recabando de éste. Gracias a esta app podremos conocer cómo los diversos grupos sociales hacen uso de espacios públicos de las ciudades y de los propios espacios que éstas les ofrecen», indica a TICbeat el investigador del CSIC en el Centro de Estudios Avanzados de Blanes, Frederic Bartumeus.
Bartumeus afirma que no se trata solo de sacar a relucir las posibles desigualdades existentes asociadas al uso del espacio público en las ciudades y fomentar su diseño en función de su uso, sino que va mucho más allá.
«Sus posibles aplicaciones son muy amplias. Por ejemplo, se podría observar si ha habido un movimiento migratorio de un barrio a otro dentro de la misma ciudad y poder analizar el porqué. O simplemente estudiar los movimientos que se producen a diario por las personas del trabajo a casa o a lugares de ocio en función de su estado civil, de si tienen hijos o no, etc. O incluso analizar qué áreas de las ciudades presentan mayores niveles de contaminación o de criminalidad, la dispersión de epidemias, etc». Los resultados del mismo, por supuesto, se harán públicos siempre con el objetivo de que contribuya a una mejora de la sociedad, que es lo que persigue la ciencia. Por ejemplo, las Administraciones podrán mejorar el transporte de determinadas zonas urbanas si se ve que es insuficiente, etc.», añade el experto.
De momento unas 800 personas están probando Space Mapper y Bartumeus espera disponer de los primeros resultados del mismo en otoño de este año. «El proyecto está vigente hasta septiembre, así que después podremos sacar a la luz los primeros datos».
LA LUZ QUE NOS IMPIDE VER LAS ESTRELLAS
La luz que nos impide ver las estrellas… eso es la contaminación lumínica. Es la luz desperdiciada que se pierde iluminando el cielo en lugar del suelo o los objetos. O dicho de otra manera mucho más técnica: “el resplandor nocturno producido por la difusión y reflexión de la luz en los gases y las partículas en suspensión de la atmósfera, produce una luminosidad envolvente provocada fundamentalmente por el alumbrado público y de escaparates, por los anuncios luminosos, la iluminación de monumentos, estadios deportivos, etc.”
Y este tema lo hemos elegido en La Ciudad Comprometida, porque constituye un síntoma más de ese despilfarro de recursos al que tan acostumbrado nos tiene el ser humano, sin importarle casi nunca los efectos secundarios que ello trae consigo… bien en cuanto a consumo desaforado de energía, lo cual está estrechamente relacionado con la emisión de CO2, o bien por sus efectos perniciosos sobre la atmósfera nocturna.
“El citado resplandor nocturno causa deslumbramientos en las personas, origina desorientación en las emigraciones de las aves, altera el comportamiento de los animales y los insectos, dificulta las observaciones astrofísicas e impide la contemplación estelar y la visión nocturna de las ciudades con sus paisajes y monumentos no iluminados.”
Por eso, insisto, hemos elegido esta temática, de gran relevancia simbólica por cuanto se concreta en la imposibilidad de ver las estrellas desde las ciudades y desde sus entornos inmediatos. Valga el ejemplo de la provincia de Granada, por ser “muy sensible a este problema debido a que en Sierra Nevada se encuentra el Observatorio Astronómico del Instituto de Astrofísica de Andalucía al que perjudica notablemente el resplandor luminoso”.
Desde La Ciudad Comprometida queremos hacer un llamamiento a la racionalidad en el diseño de las instalaciones de iluminación, tanto urbanas como monumentales, y para ello hemos invitado al investigador Juan Carlos Suárez Yanes, astrofísico del CSIC, para que prepare un artículo específico para este blog en el que exponga las limitaciones que esta mala práctica de las ciudades está suponiendo, entre otras cosas, para la investigación del universo desde los observatorios… y nos ha prometido que en unas semanas estará listo para su publicación.
Entre tanto, os invitamos a leer un Comunicado sobre la Contaminación Lumínica, publicado en su web por la Real Academia de Bellas Artes de Granada, cuyas ideas esenciales, no obstante os resumimos:
…La contaminación lumínica es luz desperdiciada y por tanto es energía que se pierde iluminando el cielo en lugar del suelo o los objetos. El grado de resplandor luminoso nocturno es proporcional al nivel del alumbrado público de la población. Por esta razón se deben de utilizar niveles razonables de iluminación, con lo que se lograría un gasto razonable de energía eléctrica y una emisión menor de gases de efecto invernadero, ya que por cada kilowatio hora que producen las centrales térmicas se emiten a la atmósfera entre 0,65 y 0,8 kilogramos de anhídrido carbónico…
…Aunque la preocupación por la contaminación lumínica ha surgido hace relativamente poco tiempo, las administraciones públicas, tanto internacionales como nacionales, han tomado conciencia del problema. En España, el Instituto para la Diversificación y Ahorro Energético I.D.A.E. y el Comité Español de Iluminación han redactado una propuesta de modelo de ordenanza municipal de alumbrado exterior para la protección del Medio Ambiente, mediante la mejora de la eficiencia energética. En Granada existe un “Foro sobre la contaminación lumínica” que tiene como objetivo difundir y concienciar sobre los problemas que dicha contaminación lumínica conlleva, así como plantear soluciones de ahorro energético y de conservación ambiental.
…La naturaleza de los pavimentos y de las fachadas de los edificios condiciona el resplandor luminoso nocturno, ya que superficies claras y pulidas tienen un elevado índice de reflexión, por lo que es necesario tener en cuenta esta circunstancia a la hora de diseñar las instalaciones de alumbrado público. En la propuesta de ordenanza antes indicada se establecen directrices y parámetros para el diseño de las instalaciones de alumbrado público e instrucciones para que las luminarias tengan un diseño adecuado de modo que su flujo luminoso proyectado por encima del horizonte sea nulo.
Pese a ello, y como muchos ciudadanos exigen para las calles niveles de iluminación cada vez más elevados, nos encontramos que, por falta de un adecuado planteamiento de los distintos aspectos del problema, las ciudades españolas son las más iluminadas de Europa y, por tanto, con más niveles de contaminación lumínica. Y ante lo que algunos pueden considerar un acierto, hemos de llamar la atención sobre los problemas que esto acarrea. Así, mientras que en ciudades como Florencia se adoptó hace algún tiempo un nivel de iluminación de 15 lux, en Granada nos encontramos con calles y zonas que llegan a triplicar este valor.
Si bien es cierto que el ojo humano tiene una sorprendente capacidad de adaptación a muy distintos niveles lumínicos, también lo es su dificultad para una acomodación rápida desde unos niveles a otros. Es decir, si estamos observando una zona muy iluminada, somos incapaces de percibir con detalle las zonas de sombra o de menor iluminación al producirse un efecto de deslumbramiento. De ahí que lo importante de una buena iluminación no es que alcance unos elevados niveles lumínicos, sino que estos sean homogéneos. Este aspecto tiene especial incidencia en la iluminación de edificios históricos, a los que muchas veces se aplican excesivos niveles de iluminación en una búsqueda de efectos dramáticos, generalmente irreales, olvidándose que con ello se imposibilita la adecuada visión de su entorno y se produce un derroche de energía. Y lo que es peor, se desfigura el concepto artístico que impulsó al creador a dar forma a su proyecto.


