Mostrando artículos por etiqueta: agua

No se puede entender Sierra Nevada sin nieve, no solo en el imaginario popular sino en el ciclo hidrológico, del cual es manantial. La nieve en nuestra sierra es vida. Es un reservorio para la masa forestal y para los ríos, un amortiguador térmico, y uno condicionantes para la distribución de las especies forestales, arbustivas y herbáceas. Así la nieve es uno de los factores más importantes del paisaje de sierra nevada por encima del bosque, pero no solo eso, sino que es un motor importante de la economía de la zona, siendo explotada por las estaciones de esquí de Pradollano y Puerto de la Ragua, así como el esquí de travesía, que no está estrictamente ligado a las estaciones.

Vista panorámica desde el refugio del Poqueira, Sierra Nevada. Fuente: komandonorte.homelinux.com
Vista panorámica desde el refugio del Poqueira, Sierra Nevada. Fuente: komandonorte.homelinux.com

Por ello, desde el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada se realiza un seguimiento y monitoreo de este recurso primordial, primero por ser la más meridional de Europa y segundo porque el cambio climático le afectará en sobremanera. El seguimiento de la nieve se hace mediante diversos procedimientos que cubren diferentes escalas: el monitoreo automático de la cubierta de nieve mediante imágenes del sensor MODIS de la NASA, un modelo hidrológico para todo el macizo elaborado por las Universidades de Granada y Córdoba, mediciones de tres estaciones meteorológicas ubicados en lugares frecuentemente ocupados por la nieve y por último, “catas” de nieve de manera periódica.

Chequeo mensual de la estación EN₂ (2.300msnm). FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Chequeo mensual de la estación EN₂ (2.300msnm). FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Perfilando un pozo de nieve para analizarlo y realizando sondeos para conocer la profundidad de la capa de nieve. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Perfilando un pozo de nieve para analizarlo y realizando sondeos para conocer la profundidad de la capa de nieve. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012

 Los sistemas fluviales por su parte son receptores de los cambios del entorno y susceptibles a los cambios producidos por el cambio global. Sobre todo se verán afectados por los posibles cambios en el ciclo del agua y  la temperatura.

Laguna de aguas Verdes, Sierra Nevada. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Laguna de aguas Verdes, Sierra Nevada. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012

 Desde el Observatorio de cambio global de Sierra Nevara se está realizando un seguimiento tanto de los cauces como de las especies y organismos que ellos habitan, con el fin de conocer el impacto que sobre estos produciría el cambio climático.

Arroyos de alta montaña, que canalizan el agua de deshielo hasta los diferentes cauces. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Arroyos de alta montaña, que canalizan el agua de deshielo hasta los diferentes cauces. FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012

 Un cambio en la temperatura podría afectar los procesos físico-químicos y biológicos, estos cambios están relacionados principalmente con el oxígeno disponible para las diferentes especies, por otra parte cambios en la cobertura de nieve y por tanto en el deshielo podrían condicionar la temporalidad de algunos caudales y lagunas, lo que hace necesario su estudio y posible respuesta frente a estos cambios. Así se han estudiado por un lado los cambios físico-químicos en los sistemas acuáticos y caudales (temperatura del agua, pH, oxígeno disuelto, conductividad, etc..) , un seguimiento de los macroinvertebrados (que se consideran bioindicadores debido a su sensibilidad a los cambios de temperatura) y de la trucha común (en los ríos Genil, Trevelez y Poqueira). Los datos extraídos concluyen que un cambio en la temperatura podría afectar a las especies locales e invasoras, provocando cambio en la biodiversidad y su distribución, incluso podría provocar la extinción de alguna especie.

Toma de muestras para el estudio de las especies fluviales. . FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012
Toma de muestras para el estudio de las especies fluviales. . FUENTE: Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Metodología y seguimiento. 2012

 Natalia Palomares Aliaga. Geógrafa e Historiadora de GRarquitectos y Desarrollo de Ciudades Comprometidas

Sábado, 15 Agosto 2009 10:40

El lavadero suena a bullicio

Por Sonia García Moreno. Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos

Lavadero… suena a bullicio, a risas, a algarabía… porque aunque palabra es de género masculino, el contexto era indudable y exclusivamente femenino.

Puntos de trabajo, pero a la vez espacios de sociabilidad. Sin comodidades, sin cafés, sin periódicos, pero al fin y al cabo, lugares de charla, de comunicación, de encuentro.

Hoy, abandonados, convertidos en reliquias y museos, se han visto sustituidos por otros, más cómodos, de diseño incluso, excluidos igualmente al sexo opuesto pero con la misma función…

Son los office de los lugares de trabajo, los baños de pubs y restaurantes, ambientes donde se busca intimidad, para hablar sin tapujos de nuestras inquietudes, de nuestro complejo mundo femenino.

Lavaderos… existen… han evolucionado, ha cambiado su uso, la temática de las conversaciones, pero están y estarán vinculados a la sociabilidad femenina.

Viernes, 14 Agosto 2009 10:38

Los lavaderos

En este siglo, relacionados con las fuentes y cursos de agua que discurren por los núcleos urbanos, se construyeron los lavaderos, que permitieron facilitar y dar cobijo a esta actividad. Se trata de lugares de gran interés etnológico por convertirse en ámbitos de sociabilidad femenina. Aún se siguen utilizando, aunque para actividades marginales, como lavar lana, sacos, etc.

Lavadero en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Están construidos con las mismas técnicas constructivas que el resto de construcciones de la zona (muros de mampostería de lajas de pizarra y techos a base de forjados de rollizos de madera de castaño y lajas de pizarra cubiertos de launa), destacando las pilas de piedra como elementos de mayor interés constructivo.

Lavadero con las pilas de piedra en Laroles, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero con las pilas de piedra en Laroles, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Su posición en la trama urbana tiene también gran interés por ubicarse siempre relacionados con la red de acequias y de drenaje que recorren todos los municipios de la Alpujarra, integrándose armoniosamente en los mismos, y suponiendo uno de los elementos que cualifican singularmente el ambiente urbano.

Lavadero en Murtas, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero en Murtas, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Jueves, 13 Agosto 2009 09:57

¿Para qué sirven las fuentes?

Por Gisela. Estudiante de Arquitectura Técnica

Esta es una pregunta que no se suele plantear, pero si lo hacemos llegaréis a la conclusión de que ahora son tan útiles como eran en su origen, o sea, para la provisión de agua potable.

En las grandes ciudades, el hecho de que existan esta clase de elementos ornamentales hace que se enriquezca la zona, puesto que siempre se necesita un área de descanso donde la gente se relaje favoreciendo así la comunicación entre personas.

Por eso y por el entorno tan beneficioso que provocan, considero que no deberían desaparecer nunca.

Fuente
Fuente a la entrada de Gran Vía en Granada./ Archivo GR
Publicado en La Ciudad Comprometida
Miércoles, 12 Agosto 2009 09:56

Las fuentes

Las fuentes funcionan desde el principio de los asentamientos como un elemento articulador del espacio urbano. Eran necesarias para el consumo humano y para el cuidado de los animales del campo.

Fuente del s. XVII en Bubión, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente del s. XVII en Bubión, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Debían estar cerca de la vivienda y relacionadas con la misma por un camino no muy empinado.

Han variado poco de lugar pero su función ha cambiado mucho al no ser necesario transportar el agua hasta las casas ni utilizarlo de abrevadero.

Fuente en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Actualmente, son elementos cualificadotes del espacio público, por su alto valor etnológico y ambiental.

Fuente en Fondón, Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente en Fondón, Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Publicado en La Ciudad Comprometida
Viernes, 24 Julio 2009 08:27

La recuperación de las acequias

Por Sandra Álvarez Muñoz. Geógrafa ambientalista

Como venas para el cuerpo humano, son las acequias para La Alpujarra: transportan la vida a todas sus extremidades. Sin riego, sin venas, sin acequias, no hay vida. Y sin embargo, probablemente, las acequias han sido uno de los elementos patrimoniales más agredidos, menos respetados, cercenando con ello una parte de la vida de la Alpujarra, quitándole el riego a buena parte de su cuerpo.

Durante mucho tiempo, casi todos creyeron que, entubándolas, hacían lo mejor, asegurando que todo el agua, ese bien preciado y escaso, llegaba al final del camino, sin perder una sola gota en el viaje. En esta batalla por dominar el agua, por entubar la acequia, podías encontrar guerreros vestidos de alcaldes, soldados vestidos de comunidad de regantes, persiguiendo sin tregua la optimización de hasta la última gota, como paradigma de la modernización agraria. Pero en el fragor de la batalla, casi nadie tuvo en cuenta que, en realidad, el viaje era parte del fin propio de la acequia; que el paso del agua, rozando la tierra, era el paso de la vida y que, en definitiva, quinientos años de cultura agraria no podían estar tan equivocados…

Echando la vista atrás (quizás no tan atrás), recuerdo como nos decían desde la propia Administración, subvención en mano, que quienes defendíamos el sistema agrícola tradicional éramos unos bárbaros, dilapidando riqueza hídrica regando a manta, y que, desde luego, el futuro de la agricultura en la Alpujarra pasaba por el entubamiento y el riego por goteo. ¡Como si el declive de la agricultura de montaña, realmente, dependiera de esto!, y no de un proceso económico capitalista, que lleva a la crisis al pequeño productor y que condena al espacio agrícola a depender de la subvención. Y así, persiguiendo la modernidad y, por qué no decirlo, la entelequia del desarrollo, las acequias fueron cayendo una detrás de otra, ora aquí, ora allá. A veces fragmentos, a veces acequias completas… Y, sí, el agua llegaba hasta el final del camino, sin merma. Pero el camino fue desolándose, y el paisaje fue perdiendo retazos de vida, ora aquí, ora allá… ¿No recordáis la colina de Lobrazán, verde, arbolada, repleta de castaños que se erguían como guardianes del agua de su acequia, antes de llegar al acueducto de los Arcos?. Ahora el agua pasa entubada, y no precisa de guardianes en su ribera, así que ya no los hay, apenas, y toda la colina es más amarilla, más frágil a la intemperie y a la erosión.

Tal vez hoy, muchos de aquellos guerreros (y guerreras), prefieran no reconocerse en  ese pasado en el que creían estar a la vanguardia del desarrollo rural, mientras interactuaban, de forma despreocupada, sobre un paisaje que no cesa de ser generoso con la vista y con quién lo ama, respeta y cuida.  Hoy la visión de progreso es la contraria, gracias probablemente al tesón de muchos “pelúos”, hoy reconocidos como parte de movimientos ecologistas y conservacionistas, en los que militan incluso representantes municipales, agricultores y técnicos de la administración. Quedan aún, sin embargo, cruzados de la modernidad anticuada, entubando el agua y poniendo etiquetas, más o menos despectivas, a un modo de ver el territorio, que no es más que salvaguardar lo que tenemos, para que lo disfruten tus hijos, los mios…

Hubo de ponerse “de moda” la agricultura ecológica, y fue necesario que la Consejería de Agricultura desplegara una Dirección General y un CAAE, para que en esta comarca, la productividad del pequeño terruño no fuese cosa solo de hippies y extranjeros, obsesionados por permitir vivir a los pájaros y a los insectos. Las Comunidades de Regantes, a veces muy a su pesar, dejaron de pedir al Parque Nacional subvenciones para entubar acequias. Algunos, más clarividentes, incluso dijeron al propio Parque que no se subvencionasen.

Todos estos “alguienes” que actuaban en silencio, gente comprometida, es a la que se le debe, que hoy se planteen actuaciones para la conservación de las acequias, por su multiplicidad de funciones, ambientales, paisajísticas y de productividad en la estructura agraria. Y de que, cuando se mira una acequia, se mire como un bien, un bien patrimonial, un legado que debe permanecer en el futuro. En este sentido, es prioritaria la labor de la Administración, aunando esfuerzos y destinando recursos para su conservación y mantenimiento. Pero si hay algo necesario, por encima de todo ello, es la presencia de la actividad agrícola. La Alpujarra necesita estar cultivada, y cultivada con respeto a la tradición, para que el paisaje que hoy contemplamos, de paratas, de líneas horizontales por las que discurre la acequia, el contraste de color y vegetación, la variedad de ecosistemas e imágenes de la comarca, no desaparezca. 

Si desapareciera, aunque fuera de forma parcial, se perdería el único motor actual real de la actividad económica de la Alpujarra, el turismo, basado en la contemplación del paisaje y el disfrute y la realización de actividades en la naturaleza. Sólo la pervivencia de este paisaje ha permitido que, hoy, la Alpujarra no sea ya un auténtico desierto demográfico. Y el paisaje tiene dos protagonistas, únicos e insustituibles: el agricultor y las acequias. Uno sin otro no son más que testimonios insostenibles en el tiempo. Sin agricultor no hay acequias, sin acequias no hay paisaje, sin paisaje no hay vida en La Alpujarra.

Entubamiento de la acequia de Nieles./ Archivo GR
Entubamiento de la acequia de Nieles./ Archivo GR