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Jueves, 14 Septiembre 2017 07:00

¿CIUDADANOS AL VOLANTE?

Ayer en la tarde, mientras que me dirigía en taxi hacia el aeropuerto “El Dorado” de Bogotá –por cierto, magnífico, y creo que un día de estos os hablaré de él…- recuerdo que iba casi despavorido… ¡Jajajaj! Ahora me río, pero ayer…. Los taxis en esta ciudad son en general unos vehículos amarillos muy pequeños, sin maletero, y en los que el pasajero se suele sentar atrás, salvo que lleves maletas grandes, lo que era mi caso. Por lo que tuve que alojar mi equipaje en los asientos traseros y yo me acomodé junto al conductor, con lo que no pude evitar captar la atención sobre el arte de conducir que allí impera e ir pendiente del denso tráfico que a esa hora bullía de aquí para allá… Y, claro, ya mis ojos, abiertos como platos, no se perdían detalle de aquella lucha sin cuartel, en la que por doquier salían toda clase de vehículos compitiendo por medio metro… y con una intrepidez no apta para mentes educadas en el código de circulación y en la cortesía al volante.
No sé si habéis visitado alguna ciudad latinoamericana, pero allí –y Bogotá no es una excepción- al conducir no existen normas ni códigos que valgan, y solo impera la ley del más espabilado, incluso ni siquiera del más grande ya que el más sagaz o descarado se cuela y pasa antes… la pillería es la que manda y nada de aquello de pase usted primero, o tiene usted preferencia, o me incorporo al carril derecho para que el tráfico fluya, o pongo los intermitentes para girar,… ¡Jajajajj ¡Vaya la que pasé! Fueron 50’ que me recordaron a cuando este verano en Madrid fui a un parque de atracciones con mis hijos pequeños y me di un buen tute de montañas rusas y de emociones… ¡Jajajaja!
Y en estas estaba, cuando mi educado conductor (realmente lo era, me trataba con respeto y con suma deferencia) que también hacía de las suyas con el volante, me miró a la cara, con media sonrisa, a mi palidez le contestó: “Aquí hay que conducir con el ánimo tranquilo”, queriendo decir que si bien al conducir podía ser tan bárbaro como los dema´s, sin embargo aquello era una lucha limpia y el único truco era no sulfurarse… no gritar, aceptar las pillerías de los demás, al igual que los demás aceptaban las tuyas…
Es decir: Nada de enfadarse, ni de subir tus pulsaciones… piano, piano… con la tranquilidad…
Ahora voy a casa, a España, donde actuamos justo al revés: conducimos en general con educación y con el código de circulación por montera… pero… ¡Ay, si alguien me adelanta por la derecha! ¡Jajajajaj! Le hincho a voces o a pitidos…
¡En fin¡ Necesitamos de códigos de convivencia y necesitamos cumplirlos… lo de Bogotá, es una manera simpática (y emocionante) de resolver la informalidad y la falta de civismo… pero la construcción de mejores ciudades en las que vivir requiere también de la construcción de mejores ciudadanos… esto es, de ciudadanía…

Abrazos inmensos desde Madrid, adonde acabo de llegar!

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Por María del Mar Franco Sabiote. Historiadora del Arte

EL ESPACIO PÚBLICO es el  lugar desde donde se construye la ciudad. Debemos considerar esencial la necesaria perspectiva de la ciudadanía para desarrollar ciudades, dentro del concepto metropolitano, donde el eje central sea EL CIUDADANO.

Cualquier ciudad que mire al futuro buscando la calidad de vida de sus vecinos debe tener en el núcleo de su concepción, en su enfoque y desarrollo,  una mirada determinante a cual es el nivel de participación de sus convecinos en los espacios públicos. Una acera, un parque, una vía o una plaza, no son lugares de relleno en un municipio, son la esencia de la vida ciudadana y claros indicadores del uso que de ellos hacen los ciudadanos. Hoy en día la perspectiva del desarrollo urbano se realiza preferentemente mirando a la movilidad mecanizada, salir y entrar de nuestro barrio, aparcar, cargar y descargar; cuando lo realmente esencial es hacer prioritario el disfrutar de donde vivimos, de nuestra puerta, poder llegar andando, pasear o convivir. Esto último es el necesario espacio de participación ciudadana que debemos recuperar.

Al abordar el tema del espacio público podemos establecer diferentes ópticas en su tratamiento, desde una evolución histórica hasta una perspectiva de género en su análisis. Sin retrotraernos en el tiempo ni ceñirnos a un análisis parcial del tema, lo que realmente me interesa -y espero que a todos los usuarios del espacio público que son, por ende, todos los ciudadanos-, es el uso y proyección actual del espacio público.

La catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
La catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994

Muchos autores han teorizado sobre el espacio público desde diferentes ópticas y todos llegan a una conclusión parecida: “el espacio público está desapareciendo…” podríamos añadir: en su acepción física, ya que como espacio de participación ha aparecido la red, donde las ágoras virtuales suplen en cierta manera a las reales en la participación social… Pero aunque la participación social tiene un nuevo auge en Internet, lo cierto es que esos mismos espacios de relación históricos han desaparecido o se están transformando. Y ese es precisamente el problema, el interés que suscita el uso del espacio público en los ciudadanos, como usuarios del mismo. Existe un escaso o nulo interés en defender nuestros espacios y ambientes, y en las últimas décadas la proyección urbanística se supedita a las necesidades de los coches más que a la de los viandantes y habitantes de las ciudades y pueblos.

Defiende Francesco Tonucci en La Ciudad de los Niños, que si fuéramos capaces de proyectar en las ciudades un urbanismo acorde a las necesidades de los niños, éstas serían mucho más habitables para todos, y va aún más lejos diciendo que en el diseño de las ciudades no se tienen en cuenta las necesidades de la mayoría de la población: ésta es: mujeres, niños, ancianos, a favor de la minoría que es la de los conductores…

Para ilustrar este pensamiento podemos poner diversos ejemplos en el municipio de Granada sobre cómo la proyección urbanística prima las necesidades de los conductores por encima del resto de la población, lo que provoca que el medio ambiente sea uno de los más contaminados de España… Como ejemplo más flagrante podríamos citar el levantamiento del carril bici, o los parques proyectados junto a las autovías y sin árboles que hagan sombra para poder soportar el verano de la ciudad, o el soterramiento del metro por el Camino de Ronda, priorizando nuevamente a los conductores privados por encima de viandantes y habitantes del barrio, o el eterno aplazamiento del la línea de Metro Ligero del centro urbano… En definitiva, los parques están al lado de las autovías, el ruido es molesto, el ambiente está contaminado por encima de lo que recomiendan las autoridades europeas, a cambio de todo ello la historia nos ha dejado barrios patrimonio de la humanidad, donde pasear casi siempre es un placer, pero que nos encargamos de destrozar poco a poco a pesar de su teórica protección.

Levantamiento a plumilla la catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
Levantamiento a plumilla la catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
Publicado en La Ciudad Comprometida