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Una nueva entrega de enlaces interesantes de ‘Noticias y Actualidad’
Una nueva semana donde compartimos con todos nuestros lectores de LA CIUDAD COMPROMETIDA el enlace de Un Índice de Oportunidad Humana para una sociedad más equitativa de Marcelo M. Giugale aparecida en el periódico El País ayer sábado día 8 de mayo, el interesante artículo Cumbre sobre Cambio Climático pone énfasis en la acción local del Consultor en Descentralización, Gobierno y Desarrollo Local, José Luís Furlán, y la noticia sobre el Importante cementerio Precolombino en riesgo de desaparecer en Copacabana.
Referente a esta última noticia, cabe decir que Bolivia está perdiendo grandes posibilidades de estudiar científicamente la Historia de su territorio; por la pérdida irreversible de importantes sitios arqueológicos. A pesar de contar con recursos legales para evitar este tipo de situaciones, todos somos testigos de cómo las leyes no se cumplen en estos casos.
Un Índice de Oportunidad Humana para una sociedad más equitativa
Cumbre sobre cambio climático pone énfasis en la acción local
Importante cementerio Precolombino en riesgo de desaparecer en Copacabana, Bolivia
Como ya sabéis, nos podéis sugerir a través de comentarios o las redes sociales, enlaces de interés general para iniciar nuevos debates a través de esta sección.
LA FRANCIA FEA
Con este artículo queremos comenzar una nueva sección que ha elaborado nuestra compañera de GRarquitectos Rafaèle Genet Verney. Arquitecta francesa pero afincada en Granada desde hace ya algunos años, nos va a exponer durante cinco semanas (todos los viernes) este análisis bajo el título de «Francia la Fea» o «La Francia Fea», para comprender más exactamente en qué consiste este término adjetivado.
Este ciclo presenta la investigación de dos periodistas franceses, Xavier de Jarcy y Vincent Rémy, sobre el urbanismo francés de los últimos 50 años. En estas semanas se expondrán los rasgos más significativos de la evolución de las ciudades francesas a través de:
- La evolución del urbanismo francés. El caso de Gouesnou.
- Las entradas de las ciudades: el imperio de las naves.
- La periferia dormitorio: ¿el sueño de la clase media?
- Los efectos negativos de la descentralización.
- Un desarrollo poco sostenible.
Las fuentes consultadas son la revista Télérama (n°3135 del 10 de febrero de 2010) y las fotos de la web www.telerama.fr
Una conocida cita resume este concepto de urbanismo: “Intercambiadores, urbanizaciones, zonas comerciales, desde hace cincuenta años la ciudad se traga el campo. ¿Una fatalidad? No: el resultado de voluntades políticas y económicas.”
La evolución del urbanismo francés. El caso de Gouesnou
Por Rafaèle Genet Verney. Arquitecta de GRarquitectos
Un pueblo bastante grande, granjas perdidas en el campo, muros de granito, techos de pizarras, balas de paja, vacas y para llegar a Brest, una carretera local asfaltada; era esto Gouesnou, durante décadas, un paisaje casi inmutable.
Jean Marc nace en la granja de sus padres en 1963. Tiene 5 años cuando un tío de Brest, Jean Cam, tiene la idea extraña de instalar en pleno campo un negocio comercial construido en bloques de hormigón y uralita, se llama “Rallye”. Cuatro años más tarde, los políticos locales crean, un poco más lejos al norte, en Kergaradec, un prototipo: una “ZAC” (Zona de Ordenación Concertada). Las naves se multiplican. Un hipermercado “Leclerc” se instala al final de la vía rápida que se construye por tramos entre Brest y Rennes. Después llegan “La Hutte”, “Conforama”, y los muebles “Jean Richou”, son 300 hectáreas de tierra fértil que desaparecen bajo el asfalto de los parkings y las vías rápidas. Algunas casas se encuentran enclavadas por allí y por allá. La carretera local se transforma en una magnifica autopista de cuatro carriles en la cual se desplazan “R16”, “504” y “Ami 8”. Un barrio elegante aparece, en plena naturaleza, con un nombre de ensueño: “El Valle verde”.
Es en ese momento cuando se les complicó la cosa a los padres de Jean Marc. Con el ensanchamiento de la carretera local se les expropio un buen trozo de terreno y ya no pueden llevar a las vacas al otro lado de la vía rápida. Se adaptan como pueden, confeccionando productos lácteos para “Leclerc”, antes de convertirse en la “Bonita Granja Quentel” que es hoy en día una de las salas de recepción más famosa de Bretaña. Las granjas vecinas se transforman en casas rurales o centros ecuestres. “El Valle verde” se ve cercado por urbanizaciones muchos menos elegantes.
“Nosotros hemos tenido suerte, dicen los padres de Jean Marc, por la proximidad del aeropuerto, los terrenos alrededor de la granja se han quedado no urbanizables”. Hoy, cuando Jean Marc deja su trozo de naturaleza preservado para ir a Brest, evita la zona de Kergaradec pues la encuentra fea. “Compiten en quien tendrá el cartel más grande, quien añadirá más lonas, como si todo el mundo a la vez estuviera gritando anuncios publicitarios”.
Esto paso al lado de la casa de Jean Marc, cerca de Brest, pero también cerca de nuestra casa en Marsella, Toulouse, Lyon, Metz o Lille, y también alrededor de las ciudades intermedias y ahora, al lado de las más pequeñas.
Después de una enorme aceleración en los años 1982-1983 y la Ley de Descentralización, por todas partes encontramos la misma tipología: infraestructuras viarias, zonas comerciales y urbanizaciones. Es el “Goncourt” al esparcimiento urbano más espectacular de Europa. Cada diez años es el equivalente de una provincia que desaparece bajo el asfalto, el hormigón y la uralita. No hay nada que entender, por lo que hemos podido juzgar en los últimos años, solo tomar acto de la modernidad en funcionamiento, una especie de caos natural y espontáneo, que parece ser el precio a pagar para el crecimiento de nuestro bienestar material. Las elites intelectuales de nuestro país oscilan entre repulsión: «Es feo, las entradas de las ciudades” y fascinación: “Viva el caos, parece Win Wenders” e indiferencia “vivo en el centro”.
¿Nada que entender realmente? En 2003, el arquitecto urbanista David Mangin se toma el tiempo de pensarlo unos meses y saca un libro increíble “La ville franchisée” que es el análisis más pertinente de las metástasis periurbanas. Dice David Mangin: “hay que acabar con la idea de que el caos surge sólo de la tierra. Es todo lo contrario, resulta de los enfrentamientos políticos, de las visiones ideológicas y las culturas técnicas”.
Cuando aparecen los primeros supermercados al principio de los años 60, Francia cuenta con 200 kilómetros de autopista, un trozo de circunvalación alrededor de Paris, ninguna variante, ninguna rotonda y un arquitecto visionario: Le Corbusier. Este entiende muy rápidamente la futura hegemonía del coche, a la cual es favorable. Desde 1933, con algunos compañeros, que reúne en Atenas, imagina dividir las ciudades en cuatro funciones: la vida, el trabajo, el ocio, y las infraestructuras urbanas. El estado se acapara de la idea, y entramos en la era de las “ZUP” (Zona a Urbanizar en Prioridad) y las “ZAC” (Zona de Ordenación Concertada)…etc… y además hay que recuperar el retraso frente a Alemania y su insolente red de autopistas! Es pan bendito para nuestros ilustres ingenieros de caminos!
Francia se inscribe en la Ley de 1998 que estipula que cada ciudadano debe poder estar en 25 minutos en una entrada de ciudad o en una salida de autopista. Se construyen circunvalaciones alrededor de las ciudades, el territorio se cubre de intercambiadores y bifurcaciones. Veinte años más tarde la proliferación de las rotondas a la inglesa demasiado numerosas y demasiada grandes acaban el trabajo. Según Mangin: “Las rotondas actúan como difusor del esparcimiento en un enorme Mecano urbano que se pone en marcha”.
El paisaje de referencia como modelo de desarrollo
Por Mathieu Lèbre. Arquitecto paisajista
Hoy en día no hay duda de que Las Alpujarras son un ejemplo e incluso un manifiesto de la justa integración del hombre en el territorio, con respeto y humildad. La búsqueda de las soluciones más sencillas, adaptándose al medio y sacando provecho de los hechos naturales, ha conferido a este paisaje una singular belleza reconocida por diferentes figuras de protección tanto a nivel ambiental como cultural.
Pero lo más interesante del paisaje de Las Alpujarras es que nos abre los ojos sobre otras maneras de interactuar con el territorio de forma general. Las ciudades actuales han olvidado la importancia de tomar en cuenta los valores de lo “existente” a la hora de crecer, de evolucionar o de remodelarse. En estos últimos años se ha apostado por modelos de ciudades donde lo más importante eran preocupaciones a corto plazo: rendimiento económico, especulación inmobiliaria… La llegada de la crisis actual en gran parte debida a la burbuja inmobiliaria pone en duda todo el modelo de desarrollo, ya que desvela la insostenibilidad de este sistema tanto a nivel económico, como ambiental y social.
Cada vez se valorizan más los elementos patrimoniales de nuestro entorno, y de hecho, el paisaje se ha empezado a considerar también desde el punto de vista de su conservación como elemento patrimonial. Rompiendo con esta percepción, el Convenio Europeo del Paisaje (Florencia 2000) define el paisaje como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”. Por lo tanto, el paisaje ya no es solo un elemento patrimonial a preservar, sino también un reflejo de las relaciones del ser humano con el territorio. Esto implica que cualquier lugar es un paisaje, y entonces cualquier lugar tiene un carácter propio, así como valores y conflictos de orden paisajísticos que hay que tomar en cuenta en cualquier acción humana emprendida sobre ello.
Un lugar tan emblemático como Las Alpujarras pone en evidencia la importancia de la consideración del paisaje en el desarrollo y la ocupación del suelo por los seres humanos. Precisamente los lugares donde el paisaje se valora por su interés patrimonial son los que deben servir de modelo. Es fundamental sacar, de las lecciones que nos dan estos lugares, las herramientas para extrapolar este modelo de desarrollo a cualquier otro lugar del mundo:
– Donde siempre hay sentimientos, sensaciones, y aspiraciones… elementos de la dimensión social del paisaje.
– Donde siempre hay un suelo con sus condiciones particulares, unas pendientes por las que corre el agua…elementos de la dimensión territorial y ambiental del paisaje.
– Donde siempre hay huellas, restos de la actividad humana pasada… elementos de la dimensión cultural del paisaje.
– Donde siempre hay orientaciones, espacios interrelacionados y conexiones… elementos de la dimensión perceptiva del paisaje.
– Donde siempre hay un proyectista, y personas queriendo mejorar o modificar el lugar… elementos de la dimensión proyectual y urbanística del paisaje.
El paisaje esta en continuo movimiento, en continua evolución… se trata de un proceso en el que el hombre es solo uno de los actores. Por eso todo lo que proyectamos sobre el territorio para acomodarlo a nuestras necesidades debe tomar en cuenta todas esas dimensiones del paisaje. No solamente porque haya que preservar o proteger algunos lugares excepcionales como Las Alpujarras, pero sencillamente porque estamos aquí de paso y que cualquiera de nuestros actos puede tener una repercusión durante años sobre nuestro entorno. Habrá que seguir mirando y leyendo el paisaje para entender como algunas veces se ha conseguido una cierta armonía, y aprender de estas experiencias para mejorar nuestro futuro…


