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MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO, SOY PEATÓN
Por eso digo que mi reino no es de este mundo. Y que conste que peor aún lo tienen los discapacitados físicos. Cuando vas con un familiar que tiene que ir en silla de ruedas, te las ves y te las deseas. Es casi imposible, te juegas la vida. ¡De esos sí que no es el reino! Tampoco de los niños, les robaron las calles, ni de los ancianos, con su “falta de movilidad” es una hazaña cruzar un semáforo sin que se les ponga rojo a mitad de camino…
Mi reino no es de este mundo. No, no tengo complejo de Jesucristo ni nada por el estilo. Simplemente; soy peatón, tengo piernas para desplazarme y no ruedas y motor. Sé que es una osadía, pero es así.
Os explico. Mi mirada pasea, como yo, por las aceras, por los espacios peatonales, por ese 15% de espacio que el coche nos deja en los espacios urbanos. Y esa mirada, aunque torpe y poco nítida, me cuenta realidades que demuestran que aquí, los de mi reino, no pintamos nada. Absolutamente nada.
En primer lugar, las nuevas urbanizaciones se caracterizan, generalmente, por tener aceras pequeñas. Este modelo impide la comunicación. humana Si vas por esas aceras tienes que hacerlo en fila india. No cabemos dos personas al mismo tiempo. Tendríais que ver la de maniobras que han de hacer los que van con un carrito de bebé por esas aceras. Por si era poco, las señales de tráfico, en vez de colocarlas por el espacio de los coches, las colocan en las aceras de los peatones. El stop es para ellos pero nos lo ponen a nosotros, la señal de prohibido es para ellos pero nos perjudica a nosotros. Los coches mandan. La ciudad se diseña para ellos, nosotros somos pura anécdota. Les llaman las ciudades aparcamiento.
No es todo, en los aparcamientos junto al acerado, los coches meten el morro hasta que las ruedas chocan con la acera, invadiendo así, cuando menos, la mitad de ésta. Imposible pasar o, cuando más, tienes que estar entrenado para dar el salto y hacer alguna que otra filigrana. En esos casos sí que hay que hacer maniobras si coincide que uno va para un lado y otro en sentido contrario. Recuerdo un día que mi padre y yo tuvimos que dar una vuelta en mitad de una acera porque no podíamos pasar. Mi padre, mirando a los coches, soltó con indignación: “Esos son más sagrados que nosotros”.
Hay más, son demasiadas vivencias como peatón como para olvidarlas. En muchas urbanizaciones nuevas -¡Menudo urbanismo más inhumano el de las últimas décadas!- han hecho las calles tan estrechas que no se puede aparcar sin impedir el paso de otros coches. Los coches, que son muy solidarios entre sí, aparcan encima de las aceras dejando la circulación libre. La de los coches, claro está, a nosotros nos echan de las aceras, y si vas por la calzada te pitan los coches. No tenemos escapatoria.
Donde yo vivo, en Las Gabias, se dan cosas muy curiosas, Hay dos pasos de cebra que van directamente a parar a los contenedores. Cruzas y ¡zas! con la basura. Es decir, el paso de cebra no comunica una acera con la otra. Es lógico, el resto del espacio es para aparcamientos. También, hay plazas, como la del Ayuntamiento que no son para uso y disfrute de los ciudadanos, simplemente son aparcamientos. Todo sacrificado al coche.
Lo curioso es que en todo este tinglado, la filosofía dominante y el lenguaje utilizado culpabiliza de muchos problemas al peatón. En un informe de una asociación de automovilistas concluían que, en los accidentes de tráfico mueren muchas personas ancianas porque éstas “no tienen la movilidad suficiente”. Al leerlo sacabas la conclusión de que la culpa la tienen los ancianos. Y pensabas que sería necesaria una ITV para éstos. Así, cuando las artrosis, artritis y otras enfermedades de la familia del reuma hagan su aparición, cuando la personas tengan movilidad defectuosa, se les retira de las calles.
En otro informe de hace un mes aproximadamente nos decían que 9 de cada 10 peatones que mueren es debido a que cruzan por donde no deben. ¡Ea! Castigados por hacerlo mal. Habría que aclarar esto un poquito. Veréis, uno sólo tiene sus pies y su tiempo. Cuando nos colocaron las rotondas, a los peatones nos alejaron de los lugares una barbaridad. Nos hicieron las distancias más largas. Si a esto añadimos que hay zonas donde entre un semáforo y otro hay mucha distancia, al peatón nos lo ponen difícil. Total, no digo que haya que cruzar por donde sea, que a veces yo lo hago, sino que el diseño de ciudad se hace exclusivamente para el coche, nunca para el peatón. ¡Y encima nos culpabilizan por no rendir pleitesía al dios coche!
El peatón lo es hasta en el campo. Cuando vas por ahí por esos caminos los coches te enharinan y te llenan de polvo hasta el carné de identidad. A pesar de ello lo prefiero. Cuando asfaltan los caminos, los coches vuelan. Suelo decir que; “Camino asfaltado, caminante expulsado”.
Pues esas tenemos, por eso digo que mi reino no es de este mundo. Y que conste que peor aún lo tienen los discapacitados físicos. Cuando vas con un familiar que tiene que ir en silla de ruedas, te las ves y te las deseas. Es casi imposible, te juegas la vida. ¡De esos sí que no es el reino! Tampoco de los niños, les robaron las calles, ni de los ancianos, con su “falta de movilidad” es una hazaña cruzar un semáforo sin que se les ponga rojo a mitad de camino. ¿Habéis observado los pocos ancianos que cruzan semáforos?
Pero tenemos que conseguir que en nuestro reino, bueno, cambio el término; en nuestra república, no soy monárquico, los peatones contemos en las ciudades, que no se hagan al margen nuestro, que no nos expulsen, que no nos invadan. A veces me entran ganas de ponerme en mitad de una calle y decir; “hoy me toca a mí este espacio”. Para empezar habría que cambiar la mentalidad. Esa mentalidad que nos ha forjado el coche, todo lo vemos desde su óptica. Mientras los que mandan no sean peatones, mientras la mayoría de los ciudadanos no ejerzan como peatones, la cosa es difícil. Buscaremos justificaciones, como aquel con autoridad al que le dije en pleno verano; “Mira el coche encima de la acera”. él, muy comprensivo, respondió; “Es que ahí le da la sombra del árbol y así no se recalienta”. ¡Pobrecillo el coche! Justificado, todo justificado.
Termino. Tenemos que forjar ciudades y espacios para disfrute. Eso sí que es sostenibilidad, construir para vivir, para encontrarse, para comunicarse, no para especular y aparcar. Eso sí que es sostenible, pero no, aquí la sostenibilidad se mide por los contenedores que hay por metro cuadrado. Tenemos que forjar esas ciudades, podríamos empezar por poner en los despachos de los técnicos, de los alcaldes, de los que diseñan el urbanismo, fotos de padres con el carrito de sus hijos, de discapacitados físicos en sillas de ruedas, de ancianos, de niños o, simplemente, de personas que quieren ir charlando por las aceras sin ir en fila india. Así los responsables del urbanismo verían todos los días las personas a las que hay que recordar cuando se diseña la ciudad, el territorio, pero el coche los ha expulsado de ella. La ciudad nos pertenece a todos, habrá que recuperarla. ¿Lo hacemos? ¿Empezamos ya?
Por Paco Cáceres, Presidente de la Plataforma Salvemos la Vega. Artículo reproducido publicado en 2008 en el blog del ‘Movimiento por la defensa de las Vegas de Granada y por otra cultura del Territorio’
Mar o montaña: TURISMO PARA TODOS
En España se contabilizan más de 3,8 millones de personas con discapacidad, en Europa más de 50 millones y en el mundo alrededor de 600 millones, de las cuales más de 35 millones tienen recursos para viajar y hacer turismo. España, uno de los principales destinos turísticos a nivel mundial, debe llevar a cabo todas las acciones necesarias en favor del desarrollo del turismo para personas con discapacidad, consciente de que las mejoras obtenidas en las infraestructuras y los servicios turísticos beneficiarán no sólo a los turistas con discapacidad sino también a la población en general.
La supresión o atenuación de las barreras arquitectónicas, auténticos desafíos cuando se trata de hacer uso de instalaciones y servicios no adaptados y que limitan la práctica del turismo por parte de las personas con discapacidad, además de una responsabilidad social viene exigida por normativa jurídica y, aunque en esta última década se percibe una mejora en las condiciones de accesibilidad de los alojamientos turísticos, las principales ciudades turísticas de nuestro país, los establecimientos del sector, los centros comerciales, aeropuertos, estaciones de ferrocarril, iglesias, museos, playas, etc. siguen sin ser plenamente accesibles.
Muchas son las barreras que inciden en la planificación de un viaje para una persona con discapacidad (entorno público inaccesible, transporte no adaptado, falta de capacitación profesional en el trato al turista discapacitado por parte de los trabajadores que prestan los servicios turísticos, etc.), por lo tanto, el turismo accesible no es una cuestión que corresponda en exclusiva a la Administración Pública sino que su promoción y fomento es responsabilidad también de los operadores turísticos, agencias de viaje, responsables de establecimientos turísticos, etc.
Las barreras arquitectónicas en los alojamientos turísticos (hoteles, campings y casas rurales, principalmente) suponen uno de los obstáculos más importantes para los turistas con discapacidad a la hora de elegir su destino vacacional. La accesibilidad de los hoteles es un tema fundamental, por lo que su diseño y construcción requiere una particular atención durante el proceso de planificación. En estos establecimientos, las habitaciones suponen la principal barrera, por lo que deben estar especialmente acondicionadas para personas con discapacidad. En ellas podemos encontrar barreras tales como la ausencia de relieve en los números de las habitaciones, pasillos y puertas estrechas, altura excesiva de los picaportes e interruptores, armarios inaccesibles, baños angostos y sin barras de apoyo en inodoro y ducha, teléfono sin volumen ajustable, alarma de incendio únicamente sonora y no también visual, etc. En el caso de los campings, se empiezan a ver caravanas adaptadas a personas con movilidad reducida, aunque esta modalidad de alojamiento turístico no es la más frecuentada por las personas con discapacidad en nuestro país, y por lo que respecta a las casas rurales, al ser su desarrollo turístico relativamente incipiente su base estructural ha sido la reforma de antiguas edificaciones rurales, lo que ha favorecido la incorporación de medidas al objeto de facilitar su accesibilidad.
El turismo es un bien social de primera magnitud que debe estar al alcance de todos los ciudadanos y las personas con discapacidad tienen derecho a acceder a todos los bienes y servicios turísticos existentes, así como al Patrimonio cultural del país y a sus espacios naturales y, aunque en numerosas ocasiones, las circunstancias arquitectónicas de determinados monumentos (catedrales, edificios históricos, museos, etc.) se convierten en un obstáculo insalvable para este sector de la población, los agentes implicados en el sector turístico deberán realizar valoraciones objetivas creando accesos para personas con discapacidad que conjuguen accesibilidad y estética y siempre bajo principios de preservación y conservación del Patrimonio cultural. Por su parte, los ejemplos de accesibilidad a los espacios naturales y a las playas son excepciones de una realidad que no es otra que la dificultad puramente física y técnica para hacer accesibles estos espacios a las personas con discapacidad y, aunque es una tarea complicada, con buena voluntad las dificultades se salvan (con unos tablones se puede habilitar un sendero preparado para usuarios de silla de ruedas, se pueden instalar rampas, pasarelas hasta las orillas de las playas donde puedan rodar las sillas anfibias, disponer zonas de descanso con sombrillas y mobiliario especial, aseos y duchas equipadas con silla de baño, señalización adecuada, etc.).
Las naciones que deciden no excluir a nadie de la vida pública están obligadas a posibilitar la plena integración de las personas con discapacidad en todos los ámbitos sociales y, si España anhela ser el centro efectivo del turismo mundial, debe sumar esfuerzos para solventar los muchos problemas que hacen que todavía estemos lejos de poder alcanzar la plena accesibilidad y conseguir así un espacio libre de obstáculos y barreras abierto a todos los visitantes, sin importar su discapacidad.
Por José Antonio Brenes. Documentalista de la Asociación Sí Podemos


