Mostrando artículos por etiqueta: Arquitectura

Domingo, 30 Agosto 2009 06:57

El GUADIX MAGICO de Torcuato Fandila

El nombre de la ciudad bimilenaria –como poco- de Guadix, primero denominada Acci por los romanos y siglos más tarde Wadi-as por los árabes, viene a significar lo más evocador que conozco… el Río de La Vida. Se trata de una clarísima alusión al maravilloso contraste que existe entre la vega feraz de su río, y los eriales de las cárcavas y de las mesetas que lo circundan. Por eso,  el Río de La Vida no se refiere tanto a un lugar o a un emplazamiento concreto como a toda una comarca que, en este caso como es lógico, ha de asociarse con las cuencas primero del Río Guadix, o Verde como también se le llama en clarísima alusión al oasis de su vega, y después del Río Fardes, del cual aquel es tributario.

Torcuato Fandila en plena acción fotográfica en la Alcazaba de Ferreira.
Torcuato Fandila en plena acción fotográfica en la Alcazaba de Ferreira.

Pues como decía, las tierras de Guadix, Wadi-as, son mágicas por sus contrastes de color, por el relieve de los montículos de arcilla en entre las llanuras y los valles, o por el fondo escénico que suponen las numerosas montañas que enmarcan a esta tierra, encrucijada de caminos entre las sierras más bellas del Sur: las montañas Béticas de las sierras de Mágina, Baza, Huétor, Cazorla… y sobretodo de Sierra Nevada. Siempre presente. Pero en Wadi-as, también la mano del hombre ha sabido dejar su impronta cultural en numerosas obras de las que bien a modo de vestigios, bien de carácter monumental, bien a través de su arquitectura tradicional,  los ejemplos existentes abarcan prácticamente todas las épocas históricas desde hace nada menos que cuatro milenios… ¡Qué te parece! Y además con unos valores, una variedad y un carácter que no pueden sino ser calificados como mágicos… Guadix mágico.

La Ciudad Comprometida quiere difundir una iniciativa singular del artista accitano Torcuato Fandila, fotógrafo inquieto, agitador cultural donde los haya, y con un extenso curriculum donde son tan numerosas las perlas en su historial como su carácter está comprometido con estas tierras de Guadix, que a través de su obra describe con pasión, siempre mostrando nuevos puntos de vista.

Guadix Mágico se trata de una iniciativa de Torcuato Fandila que le ha llevado a visitar doce enclaves mágicos, en las noches de otros tantos martes de este verano, acompañado de un grupo selecto de entusiastas y el maestro de la guitarra española “Juan Carlos Guadix”, mucho más conocido como “El Pincho”.

El resultado de estos conciertos nocturnos  se materializará en un calendario para el año 2010 en el que a través de su ojo mágico, quiere mostrarnos la singularidad y la variedad de un patrimonio cultural sobre el que esta comarca debe cimentar la construcción de un nuevo futuro… Una actividad cultural original, monumentos poco  conocidos, y nuevas visiones  del patrimonio -en Beas de Guadix,  Benalúa, Ferreira, Gorafe, o Guadix, por ejemplo-  que sin duda ayudarán a difundir este mensaje que reivindica la magia de una tierra.

Por tanto, con todo merecimiento, La Ciudad Comprometida ha seleccionado esta inciativa para la difusión del patrimonio, la cual será ofrecida en primicia en este blog a partir de hoy y durante las próximas semanas.

Por María del Mar Franco Sabiote. Historiadora del Arte

EL ESPACIO PÚBLICO es el  lugar desde donde se construye la ciudad. Debemos considerar esencial la necesaria perspectiva de la ciudadanía para desarrollar ciudades, dentro del concepto metropolitano, donde el eje central sea EL CIUDADANO.

Cualquier ciudad que mire al futuro buscando la calidad de vida de sus vecinos debe tener en el núcleo de su concepción, en su enfoque y desarrollo,  una mirada determinante a cual es el nivel de participación de sus convecinos en los espacios públicos. Una acera, un parque, una vía o una plaza, no son lugares de relleno en un municipio, son la esencia de la vida ciudadana y claros indicadores del uso que de ellos hacen los ciudadanos. Hoy en día la perspectiva del desarrollo urbano se realiza preferentemente mirando a la movilidad mecanizada, salir y entrar de nuestro barrio, aparcar, cargar y descargar; cuando lo realmente esencial es hacer prioritario el disfrutar de donde vivimos, de nuestra puerta, poder llegar andando, pasear o convivir. Esto último es el necesario espacio de participación ciudadana que debemos recuperar.

Al abordar el tema del espacio público podemos establecer diferentes ópticas en su tratamiento, desde una evolución histórica hasta una perspectiva de género en su análisis. Sin retrotraernos en el tiempo ni ceñirnos a un análisis parcial del tema, lo que realmente me interesa -y espero que a todos los usuarios del espacio público que son, por ende, todos los ciudadanos-, es el uso y proyección actual del espacio público.

La catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
La catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994

Muchos autores han teorizado sobre el espacio público desde diferentes ópticas y todos llegan a una conclusión parecida: “el espacio público está desapareciendo…” podríamos añadir: en su acepción física, ya que como espacio de participación ha aparecido la red, donde las ágoras virtuales suplen en cierta manera a las reales en la participación social… Pero aunque la participación social tiene un nuevo auge en Internet, lo cierto es que esos mismos espacios de relación históricos han desaparecido o se están transformando. Y ese es precisamente el problema, el interés que suscita el uso del espacio público en los ciudadanos, como usuarios del mismo. Existe un escaso o nulo interés en defender nuestros espacios y ambientes, y en las últimas décadas la proyección urbanística se supedita a las necesidades de los coches más que a la de los viandantes y habitantes de las ciudades y pueblos.

Defiende Francesco Tonucci en La Ciudad de los Niños, que si fuéramos capaces de proyectar en las ciudades un urbanismo acorde a las necesidades de los niños, éstas serían mucho más habitables para todos, y va aún más lejos diciendo que en el diseño de las ciudades no se tienen en cuenta las necesidades de la mayoría de la población: ésta es: mujeres, niños, ancianos, a favor de la minoría que es la de los conductores…

Para ilustrar este pensamiento podemos poner diversos ejemplos en el municipio de Granada sobre cómo la proyección urbanística prima las necesidades de los conductores por encima del resto de la población, lo que provoca que el medio ambiente sea uno de los más contaminados de España… Como ejemplo más flagrante podríamos citar el levantamiento del carril bici, o los parques proyectados junto a las autovías y sin árboles que hagan sombra para poder soportar el verano de la ciudad, o el soterramiento del metro por el Camino de Ronda, priorizando nuevamente a los conductores privados por encima de viandantes y habitantes del barrio, o el eterno aplazamiento del la línea de Metro Ligero del centro urbano… En definitiva, los parques están al lado de las autovías, el ruido es molesto, el ambiente está contaminado por encima de lo que recomiendan las autoridades europeas, a cambio de todo ello la historia nos ha dejado barrios patrimonio de la humanidad, donde pasear casi siempre es un placer, pero que nos encargamos de destrozar poco a poco a pesar de su teórica protección.

Levantamiento a plumilla la catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
Levantamiento a plumilla la catedral de Granada y su entorno urbano./ Avance del PGOU de Granada en 1994
Publicado en La Ciudad Comprometida
Martes, 25 Agosto 2009 11:18

El encalado y la piedra

Por Mª José Gámez Portillo. Arquitecta Técnica

La utilización de estos materiales está condicionado por razones evidentes: aprovechamiento de los recursos disponibles (si hay piedras gratis y cercanas, no tiene sentido comprar ladrillos) añadido a las dificultades para su transporte.

Vista panorámica de Ferreira en pleno corazón del Marquesado del Zenete./ M. J. Gámez
Vista panorámica de Ferreira en pleno corazón del Marquesado del Zenete./ M. J. Gámez

La cal es un producto natural que exige muy poco procesado para su utilización, por lo que es un material ecológico, siendo su principal desventaja la necesidad de mantenimiento periódico (prácticamente anual).

Además de ser utilizada como elemento higienizador y embellecedor también le da a los muros la transpiración necesaria, por lo que el encalado es un buen sustituto de pinturas acrílicas o plásticas que son bastante más impermeables. Su color blanco hace que refleje la radiación solar, con lo que los muros absorben menos energía calorífica, obteniendo así interiores más frescos en las viviendas.

Esta técnica del encalado es muy sencilla y económica  y se sigue utilizando en la actualidad en numerosos nucleos de población aunque puntualmente se han modificado los colores  o se han colocado aplacados en fachadas.

El uso de la launa se remonta a la Edad del Cobre-Bronce, en el asentamiento de los Millares. Ha sido el material característico de las cubiertas de la mayor parte de los pueblos del sur de España. Estéticamente se integra perfectamente en su entorno igualándose casi con el terreno que le rodea. En algunos lugares (una minoría considerable) se ha conservado y se sigue utilizando como cubrición de la vivienda, sin embargo en los primeros, está siendo olvidada decantándose por cubiertas de teja curva o de fibrocemento consiguiendo  así una arquitectura contaminada.

Existen núcleos de población en Granada y concretamente en la falda de la sierra donde no se ha fomentado con el paso del tiempo, la utilización de los materiales anteriormente descritos, bien porque los nuevos (teja, o en el peor de los casos placas de fibrocemento,…) eran más fáciles de colocar, bien porque no necesitan mantenimiento. Con lo que en dichas poblaciones nunca se ha tenido conciencia de restauración, de conservación del patrimonio o como poco conservadora de la construcción tradicional haciendo muy al contrario de la realidad alarde de ello.

Buena culpa de ello la tiene una buena, o mala en este caso, redacción de la normativa de cada municipio, que en cada caso debería ser algo más restrictiva con las formas de construir, con los materiales de revestimiento a utilizar, con las alturas permitidas, etc, y con ello, definir más concretamente el aspecto que debería tener nuestro pueblo, así nunca tendríamos una falsa imagen de lo que son pueblos típicos y tradicionales.

Domingo, 23 Agosto 2009 11:14

El tinao. Puente de Solidaridad

Por Santiago Salas Martín. Arquitecto

El tinao es, sin duda, el elemento más representativo y singular de la Alpujarra, muestra la sinceridad de su arquitectura a través de sus materiales y técnicas constructivas, y nos enseña que la necesidad agudiza el ingenio e incrementa la solidaridad entre vecinos, puesto que, además de ser un espacio mágico en el que los límites entre lo público y privado se diluyen, permite que el vecino de la casa de cota superior tenga acceso directo al terrao de la vivienda de cota inferior y pueda disfrutar de él.

En la sociedad actual, en la que ni siquiera conocemos el nombre de los vecinos de nuestra escalera, esto es un aspecto que nos resulta cuanto menos llamativo y nos dice mucho del carácter de su gente.

Ejemplo de tinao en Atalbeitar, Granada./ Santi Salas
Ejemplo de tinao en Atalbeitar, Granada./ Santi Salas

Actualmente, la mayoría de estos pueblos se están dotando de planeamiento urbanístico con contenido de protección, para preservar su arquitectura tradicional, sus valores paisajísticos, naturales y etnológicos. Entre las medidas adoptadas por los planes urbanísticos está la elaboración de un catálogo de elementos protegidos. En los seis municipios, en los que el equipo de GR arquitectos está trabajando, hemos inventariado y protegido 285 viviendas con tinaos y porches, y a alguno de ellos le hemos dado el mismo grado de protección que a las iglesias del lugar.

Nuestra labor profesional en estos pueblos es algo complicada y requiere de una gran labor didáctica. Es difícil explicarle a alguien no iniciado en materia de urbanismo, que para poder construir una casa en la parcela que heredó de sus padres, tendrá que ceder terrenos por ejemplo para espacios libres, cuando a menos de 5 minutos andando puede disfrutar de los mejores “jardines” y paisajes que el hombre es capaz de realizar, como son los huertos abancalados.

Ejemplo de tinao en Ferreirola, Granada./ Santi Salas
Ejemplo de tinao en Ferreirola, Granada./ Santi Salas

Creo que las medidas de protección que las administraciones están promoviendo para la preservación de los valores de esta tierra (como por ejemplo la declaración del Conjunto Histórico del Barranco del Poqueira o la del BIC Sitio Histórico de la Alpujarra Media y La Tahá), debe llevar aparejada otras iniciativas de apoyo y ayuda para que la gente que vive este lugar tome conciencia del extraordinario patrimonio que, sin saberlo, están gestionando, sin sentirse perjudicadas y asfixiadas con tantísima restricciones a las que se están viendo sometidos.

Ejemplo de tinao en Mecina, Granada./ Santi Salas
Ejemplo de tinao en Mecina, Granada./ Santi Salas
Sábado, 22 Agosto 2009 11:13

Los tinaos

Lo más original de la tipología alpujarreña son los tinaos o porches, espacios de transición entre el espacio público y el privado que se configuran como un espacio esencial de sociabilidad, de interacción.

Ejemplo de tinao en La Alpujarra./ Javi Callejas (Archivo GR)
Ejemplo de tinao en La Alpujarra./ Javi Callejas (Archivo GR)

Como extensión del uso agrícola, el tinao es una plataforma que recubre, total o parcialmente, la calle situada al Sur de la casa y prolonga el piso de la habitación ante la fachada principal. Su parte baja sirve de abrigo a las operaciones de carga y descarga. Su parte superior, es utilizada, en principio, para el secado de alimentos, siendo un lugar de reunión muy apreciado entre los vecinos. Su situación sobre la calle lo convierte en el único punto desde donde se ven todas las casas vecinas. En verano, su sombra inferior es apreciada, y en invierno, las mujeres se reúnen sobre él para realizar algunas tareas agrícolas o para conversar.

El tipo más sencillo, consistente en una plataforma que vuela sobre la calle apoyándose sobre pilastras de lajas de pizarra o sobre la construcción al otro lado de la calle, adquiere mayor complejidad en otras soluciones, cubiertas con otro techo, o completamente cerradas.

Los tinaos generan imágenes únicas./ Javi Callejas (Archivo GR)
Los tinaos generan imágenes únicas./ Javi Callejas (Archivo GR)
Viernes, 21 Agosto 2009 10:54

Conservación y nuevas técnicas constructivas

Por Rafael Heredia Moreno. Arquitecto Técnico

Muy a menudo los técnicos nos vemos abocados a combatir en una batalla interna a la hora de diseñar las soluciones constructivas de los que se componen nuestros edificios cuando están situados en enclaves de valor: La batalla la libran por un lado las situaciones más románticas abocadas a un conservadurismo de la estética y de los técnicos tradicionales de construcción.

Por otro lado, tenemos la intención de aplicar las nuevas técnicas y materiales para mejorar las condiciones económicas, energéticas, de sostenibilidad, además de ceñirse a un cumplimiento estricto de la normativa existente.

Este conflicto carece de importancia cuando se produce en fueros y foros internos, pero se magnifica en sobremanera cuando los técnicos nos erigimos en firmes defensores de una de las dos posturas, especialmente cuando las funciones de éstos es velar por la protección de núcleos urbanos de valor o protegidos. Ni que decir tiene que parte de riqueza cultural de nuestros pueblos (que no hay que confundir con el potencial turístico) reside en su “caracterización” arquitectónica.

Pero, ¿no es cierto que dicha caracterización proviene de una evolución anterior? ¿No sería igualmente interesante dejar que la modernización de los sistemas constructivos se inyectara en las venas del medio rural? Lo que no tiene sentido es una obsesión por la estética rural que lleva a la adulteración de la arquitectura tradicional en la realización de esqueletos modernos “siliconadas” con porches de piedra, madera y cal.

En un intento de combinar sistemas estructurales y cerramientos primarios y secundarios modernos con acabados tradicionales terminamos generando construcciones cuya energía contenida no es proporcional, ni a su eficacia energética, ni a la sostenibilidad que corresponde entorno de éstas características. Tarde o temprano las autoridades y los técnicos que los asesoran tendrán que reunirse y unirse a los diseñadores y redactores de normativas para pormenorizar soluciones totalmente adoptadas a éstos entornos y crear así una nueva arquitectura respetable con el ambiente, la economía, la tradición y el progreso.

Una nueva arquitectura a proteger que enriqueciera nuestros pueblos en sus facetas vitales y artísticas.

Miércoles, 19 Agosto 2009 10:51

Cambio + Conservación

Por Carolina Minola Foti. Arquitecta

Las primeras casas de la Alpujarra reflejaban un modo de vida totalmente acoplado y mimetizado con su entorno. Respondían a una sociedad que se basaba en la agricultura y en donde las casas se constituían con espacios que albergaban las necesidades básicas y actividades del campo. A nivel de conformación de la vivienda como envolvente se proyectaban las mismas a través de una arquitectura vernacular, utilizando la piedra y la madera del lugar.

A su vez, la implantación refleja una sociedad marcada por su entorno inhóspito, donde el respeto por las vistas se traduce en un juego de volúmenes a diferente cota que conforma una unidad perfecta con la montaña.

La conocida Casa de la Cascada.
La conocida Casa de la Cascada.

Pero, ¿qué sucede cuando un paraje de estas características se convierte en bien de interés cultural. ¿Se pueden armonizar las nuevas necesidades y modos de vida con la conservación de su entorno?.

La composición de la vivienda unifamiliar, definida como conjunto de espacios y aplicación de tecnologías, ha ido cambiando y lo seguirá haciendo, ya que como seres humanos nos seguimos desarrollando, no solo a nivel individual sino como sociedad. Por medio de la globalización, nos vemos afectados por nuevas necesidades y metodologías técnicas, las cuales vamos incorporando  de forma inherente a nuestros nuevos modos de vida.

En la actualidad como profesionales, uno de los problemas a solucionar es el de compatibilizar las nuevas técnicas sin degradar a un entorno de gran carga cultura, pero sin que este  nos deje paralizados a la hora de actuar. Debemos de intervenir a conciencia sin hacer replicas obsoletas de elementos del pasado que no dan respuesta a las nuevas necesidades presentes o futuras.

Creo que debemos apostar por el “cambio certero”, para lograr mejorar la “conservación” de nuestros bienes y poder generar de esta manera un entorno coherente que revalorice lo existente, sin perjudicar o acotar nuestras nuevas construcciones.

Las Termas de Vals Peter Zumthor.
Las Termas de Vals Peter Zumthor.
Martes, 18 Agosto 2009 10:49

La casa alpujarreña

La casa alpujarreña se caracteriza por la superposición de formas cúbicas, con las cubiertas planas de launa, las chimeneas troncocónicas, los tinaos y la sobriedad en su decoración. El tipo más pequeño permite una habitabilidad mínima y una capacidad de almacenamiento de los útiles necesarios para el trabajo en los campos. En los tipos más grandes las fachadas se organizan según criterios arquitectónicos, utilizando la simetría o elementos como barandillas de balcones o rejas de protección de hierro forjado.

La planta es rectangular y sobre ella se eleva una estructura basada en muros de carga y forjados de rollizos de madera, lajas de piedra y launa. Las crujías se orientan por lo común según el eje sur-norte que permite un máximo aprovechamiento de las condiciones climáticas de la comarca.

Tradicionalmente, la planta baja se dedicaba a los animales y el piso a vivienda. Las únicas aberturas al exterior consistían en una puerta en la planta baja y una ventana en la alta, ambas practicadas normalmente en la fachada sur. Una escalera situada en el interior, junto a estos dos huecos, relacionaba ambas plantas. Desde la puerta de acceso se accedía al “portal ”, espacio que acogía la escalera, bajo la cual se situaba el gallinero.

La separación con la cuadra se realizaba mediante una barrera baja de madera o mediante un tabique de tierra.

En el piso principal se diferenciaba normalmente una gran habitación y los dormitorios. En la habitación es donde se desarrollaba la vida cotidiana, en ella desemboca la escalera, y está iluminada por la única ventana, situada en el centro de la fachada sur. Los tinaos que vuelan sobre la calle se convierten en una prolongación de la estancia principal al aire libre.

En el lado opuesto se encuentra la chimenea, autosustentada por su forma troncocónica, englobada por un tabique de tierra y madera que separa la parte diurna de la nocturna. Detrás del hogar, los dormitorios, con dimensiones que no exceden el ancho de la crujía y dos metros y medio en sentido longitudinal, se sucedían hilvanados por una serie de puertas no cerradas.

La actividad diurna se concentraba en la estancia o habitación, donde se encuentran la luz y el fuego, siendo el mobiliario muy sencillo. En invierno el fuego era encendido desde la mañana y mantenido durante todo el día, concentrándose la actividad cerca de la ventana. Cuando la luz declinaba la familia se trasladaba hacia el fuego. Los padres ocupaban, si la casa era suficientemente amplia, el primer dormitorio en cuya pared sobresale la parte trasera de la chimenea y los niños ocupaban el cuarto o cuartos del fondo. La planta baja se destinaba a los animales, a su alimento y a las reservas de leña y útiles agrícolas, además fue durante mucho tiempo el lugar donde hacer sus necesidades físicas y de aseo.

La organización de las crujías y la pendiente evitan por lo general que las habitaciones encaren unas a otras, ya que la fachada de la casa de la parte más alta de la calle domina la trasera, ciega, respecto a la de la parte baja, guardando la intimidad de la familia en un entorno de sociabilidad máxima con los vecinos.

La escalera es el elemento que interrelaciona dos plantas y que situaba, a principios de siglo, en el exterior ante la fachada sur. La entrada al establo se hacía al abrigo de la escalera y las dos plantas eran, probablemente independientes. Posteriormente se introduce dentro y evoluciona para dejar más espacio disponible ante la ventana, el lugar más apetecible y aprovechable de la casa.

Aperos de labranza en el interior de una casa alpujarreña./ Javi Callejas
Aperos de labranza en el interior de una casa alpujarreña./ Javi Callejas
Lunes, 17 Agosto 2009 10:47

La arquitectura en su entorno

Por Rocío Martín Bautista. Estudiante de Arquitectura

Pensar en La Alpujarra, es pensar en una forma de hacer arquitectura, de hacer paisaje,  donde con pocos elementos tienen la capacidad de crear un espacio enriquecedor. Y no es la repetición de estos lo que cualifica estos espacios, sino el modo en cómo son utilizados, no se trata de la imposición de un modo de asentamiento en un lugar, sino de la búsqueda de un sistema que se adecue al territorio que lo rodea, que cumpla con las necesidades del hombre y se acomode a las características del paisaje.

Atalbeitar, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Atalbeitar, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Recorrer estos pequeños núcleos urbanos creados por el hombre apoyándose en los elementos que ya posee el sitio, constituye toda una experiencia. Todo parece haber sido pensado en virtud del entorno y en virtud del paisaje que se crea: un muro lo suficientemente bajo para poder asomarnos al lugar, las estrechas calles que enmarcan el entorno como si de una fotografía se tratase, un hueco que traslada la vida doméstica a la calle, las chimeneas como pequeños hitos que salpican el paisaje, y esa capacidad de lo construido de adecuarse a lo existente que hacen que cada elemento a pesar de repetirse una y otra vez (la cubierta de launa, la chimenea, el tinao, …) sea diferente al anterior y nos aporte una nueva sensación, una nueva mirada, una nueva impresión. Parece como si cada pequeña pieza encajase en el lugar que le corresponde al servicio del conjunto que le rodea, y la suma, una a una, buscando la armonía con la anterior y con el lugar en el que se asienta, parece ser la fórmula del equilibrio entre el entorno y la arquitectura, y todo ello sin perder el carácter funcional para el que fue pensado y construido cada elemento, cada pieza.

Busquistar, Granada./ Javi Callejas (Archivo GR)
Busquistar, Granada./ Javi Callejas (Archivo GR)

Es posible en La Alpujarra contemplar el paisaje desde el entorno urbano, y es posible lo contrario, contemplar el entorno urbano desde el paisaje. Se crean perfectas transiciones entre el entorno, el espacio público y lo construido, porque ha sido necesario entender primero el espacio en el que el hombre se asentaba para luego dar respuesta a sus necesidades, y así paisaje urbano y paisaje natural conviven en sintonía.

Parece que hemos olvidado esta forma de crear ciudad, crear elementos que cualifiquen el entorno y se asienten desde el respeto al sitio que es ocupado. La ciudad de hoy no está pensada para ser recorrida, mirada, vivida, … secuencia de piezas para ser habitadas en su espacio interior, donde no se cualifica el espacio exterior, el espacio público, el entorno, porque hemos obviado tener presentes las cualidades que éste nos aporta.

Bonito detalle de chimenea en Capilerilla, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Bonito detalle de chimenea en Capilerilla, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Domingo, 16 Agosto 2009 10:42

Arquitectura modulada

La arquitectura tradicional de la Alpujarra-Sierra Nevada presenta un indudable carácter unitario que supone uno de los elementos más característicos de la comarca. Los sistemas constructivos empleados, la fuerte pendiente de las laderas y el alto grado de fragmentación de la propiedad propician una tipología edificatoria que se hace característica por el carácter aditivo de sus volúmenes prismáticos sencillos, constituyéndose esta singular irregularidad en uno de los invariantes arquitectónicos de la zona.

Vista de Trevelez, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Vista de Trevelez, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

La construcción a base de muros con luces pequeñas en cualquier sentido permite obtener planos de apoyo a la altura justa, con un grado de despiece que se va adaptando a la configuración del terreno. De esta manera, los volúmenes se fragmentan mediante escalonados y cambios de alineación apenas perceptibles, adaptándose a las laderas de fuerte pendiente.

Las cubiertas planas de launa, rematadas por aleros de lajas de pizarra, son el elemento que remata las edificaciones y las dota de la percepción prismática que las caracteriza.

Las parcelas son estrechas y profundas, ocupando la edificación normalmente todo el espacio disponible. Las casas suelen disponer de una sola fachada, en el lado menor, orientada al Sur. Se consigue así aprovechar las escasas ventajas climáticas del lugar. La arquitectura se asoma hacia el valle, el cual se percibe por encima de las cubiertas de las construcciones inferiores. En las fachadas traseras, por contra, predominan los paños ciegos y los muros bajos que permiten ver el paisaje sobre ellos.

Predomina la arquitectura unifamiliar, con un carácter modular y aditivo. Las construcciones se van adaptando mediante la adición de volúmenes que van colmatando los espacios libres en las parcelas según las necesidades familiares.

Panorámica de Busquistar, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Panorámica de Busquistar, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Se trata de una arquitectura sencilla, lógica, utilitaria y funcional que busca soluciones eficaces y baratas como respuesta a las necesidades de vivienda y a la solución de problemas concretos. No existen pretensiones ornamentales, limitándose éstas al encalado de las casas y a los elementos vegetales que aparecen en las fachadas.

Aún así el resultado es el de una arquitectura tradicional de gran belleza formal, por su perfecta adaptación a un medio muy cualificado paisajísticamente.

Los pueblos se perciben desde las cotas inferiores a los mismos como, un conjunto de volúmenes blancos, de textura rugosa y aleros de piedra. Desde el punto de vista superior se dibujan como un conjunto integrado de paratas de tierra que constituyen las cubiertas de los edificios y que representan una analogía plana del terreno natural.

Barrio de Pórtugos, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Barrio de Pórtugos, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)