Mostrando artículos por etiqueta: gr arquitectos

Martes, 18 Agosto 2009 10:49

La casa alpujarreña

La casa alpujarreña se caracteriza por la superposición de formas cúbicas, con las cubiertas planas de launa, las chimeneas troncocónicas, los tinaos y la sobriedad en su decoración. El tipo más pequeño permite una habitabilidad mínima y una capacidad de almacenamiento de los útiles necesarios para el trabajo en los campos. En los tipos más grandes las fachadas se organizan según criterios arquitectónicos, utilizando la simetría o elementos como barandillas de balcones o rejas de protección de hierro forjado.

La planta es rectangular y sobre ella se eleva una estructura basada en muros de carga y forjados de rollizos de madera, lajas de piedra y launa. Las crujías se orientan por lo común según el eje sur-norte que permite un máximo aprovechamiento de las condiciones climáticas de la comarca.

Tradicionalmente, la planta baja se dedicaba a los animales y el piso a vivienda. Las únicas aberturas al exterior consistían en una puerta en la planta baja y una ventana en la alta, ambas practicadas normalmente en la fachada sur. Una escalera situada en el interior, junto a estos dos huecos, relacionaba ambas plantas. Desde la puerta de acceso se accedía al “portal ”, espacio que acogía la escalera, bajo la cual se situaba el gallinero.

La separación con la cuadra se realizaba mediante una barrera baja de madera o mediante un tabique de tierra.

En el piso principal se diferenciaba normalmente una gran habitación y los dormitorios. En la habitación es donde se desarrollaba la vida cotidiana, en ella desemboca la escalera, y está iluminada por la única ventana, situada en el centro de la fachada sur. Los tinaos que vuelan sobre la calle se convierten en una prolongación de la estancia principal al aire libre.

En el lado opuesto se encuentra la chimenea, autosustentada por su forma troncocónica, englobada por un tabique de tierra y madera que separa la parte diurna de la nocturna. Detrás del hogar, los dormitorios, con dimensiones que no exceden el ancho de la crujía y dos metros y medio en sentido longitudinal, se sucedían hilvanados por una serie de puertas no cerradas.

La actividad diurna se concentraba en la estancia o habitación, donde se encuentran la luz y el fuego, siendo el mobiliario muy sencillo. En invierno el fuego era encendido desde la mañana y mantenido durante todo el día, concentrándose la actividad cerca de la ventana. Cuando la luz declinaba la familia se trasladaba hacia el fuego. Los padres ocupaban, si la casa era suficientemente amplia, el primer dormitorio en cuya pared sobresale la parte trasera de la chimenea y los niños ocupaban el cuarto o cuartos del fondo. La planta baja se destinaba a los animales, a su alimento y a las reservas de leña y útiles agrícolas, además fue durante mucho tiempo el lugar donde hacer sus necesidades físicas y de aseo.

La organización de las crujías y la pendiente evitan por lo general que las habitaciones encaren unas a otras, ya que la fachada de la casa de la parte más alta de la calle domina la trasera, ciega, respecto a la de la parte baja, guardando la intimidad de la familia en un entorno de sociabilidad máxima con los vecinos.

La escalera es el elemento que interrelaciona dos plantas y que situaba, a principios de siglo, en el exterior ante la fachada sur. La entrada al establo se hacía al abrigo de la escalera y las dos plantas eran, probablemente independientes. Posteriormente se introduce dentro y evoluciona para dejar más espacio disponible ante la ventana, el lugar más apetecible y aprovechable de la casa.

Aperos de labranza en el interior de una casa alpujarreña./ Javi Callejas
Aperos de labranza en el interior de una casa alpujarreña./ Javi Callejas
Sábado, 15 Agosto 2009 10:40

El lavadero suena a bullicio

Por Sonia García Moreno. Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos

Lavadero… suena a bullicio, a risas, a algarabía… porque aunque palabra es de género masculino, el contexto era indudable y exclusivamente femenino.

Puntos de trabajo, pero a la vez espacios de sociabilidad. Sin comodidades, sin cafés, sin periódicos, pero al fin y al cabo, lugares de charla, de comunicación, de encuentro.

Hoy, abandonados, convertidos en reliquias y museos, se han visto sustituidos por otros, más cómodos, de diseño incluso, excluidos igualmente al sexo opuesto pero con la misma función…

Son los office de los lugares de trabajo, los baños de pubs y restaurantes, ambientes donde se busca intimidad, para hablar sin tapujos de nuestras inquietudes, de nuestro complejo mundo femenino.

Lavaderos… existen… han evolucionado, ha cambiado su uso, la temática de las conversaciones, pero están y estarán vinculados a la sociabilidad femenina.

Viernes, 14 Agosto 2009 10:38

Los lavaderos

En este siglo, relacionados con las fuentes y cursos de agua que discurren por los núcleos urbanos, se construyeron los lavaderos, que permitieron facilitar y dar cobijo a esta actividad. Se trata de lugares de gran interés etnológico por convertirse en ámbitos de sociabilidad femenina. Aún se siguen utilizando, aunque para actividades marginales, como lavar lana, sacos, etc.

Lavadero en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Están construidos con las mismas técnicas constructivas que el resto de construcciones de la zona (muros de mampostería de lajas de pizarra y techos a base de forjados de rollizos de madera de castaño y lajas de pizarra cubiertos de launa), destacando las pilas de piedra como elementos de mayor interés constructivo.

Lavadero con las pilas de piedra en Laroles, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero con las pilas de piedra en Laroles, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Su posición en la trama urbana tiene también gran interés por ubicarse siempre relacionados con la red de acequias y de drenaje que recorren todos los municipios de la Alpujarra, integrándose armoniosamente en los mismos, y suponiendo uno de los elementos que cualifican singularmente el ambiente urbano.

Lavadero en Murtas, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Lavadero en Murtas, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Jueves, 13 Agosto 2009 09:57

¿Para qué sirven las fuentes?

Por Gisela. Estudiante de Arquitectura Técnica

Esta es una pregunta que no se suele plantear, pero si lo hacemos llegaréis a la conclusión de que ahora son tan útiles como eran en su origen, o sea, para la provisión de agua potable.

En las grandes ciudades, el hecho de que existan esta clase de elementos ornamentales hace que se enriquezca la zona, puesto que siempre se necesita un área de descanso donde la gente se relaje favoreciendo así la comunicación entre personas.

Por eso y por el entorno tan beneficioso que provocan, considero que no deberían desaparecer nunca.

Fuente
Fuente a la entrada de Gran Vía en Granada./ Archivo GR
Publicado en La Ciudad Comprometida
Miércoles, 12 Agosto 2009 09:56

Las fuentes

Las fuentes funcionan desde el principio de los asentamientos como un elemento articulador del espacio urbano. Eran necesarias para el consumo humano y para el cuidado de los animales del campo.

Fuente del s. XVII en Bubión, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente del s. XVII en Bubión, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Debían estar cerca de la vivienda y relacionadas con la misma por un camino no muy empinado.

Han variado poco de lugar pero su función ha cambiado mucho al no ser necesario transportar el agua hasta las casas ni utilizarlo de abrevadero.

Fuente en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente en Ferreirola, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)

Actualmente, son elementos cualificadotes del espacio público, por su alto valor etnológico y ambiental.

Fuente en Fondón, Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Fuente en Fondón, Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Publicado en La Ciudad Comprometida
Jueves, 06 Agosto 2009 09:52

Ambiente urbano

Además de la arquitectura tradicional, contribuyen a la creación del especial ambiente urbano de los pueblos de la Alpujarra-Sierra Nevada otros elementos: la textura del suelo resuelta con escalonado, con contrahuella encalada y atarjea central, la resolución de rampas con lajas de pizarra colocadas de canto para aumentar el rozamiento ante las fuertes pendientes, los juegos con la rasante de la calle estableciendo escalones de acceso a vivienda, o rampas según sea aquella alta o baja; bancos, farolas, barandas, la abundante vegetación en las fachadas y balcones, en incluso el sonido del agua que discurre por las acequias que atraviesan los pueblos, todos ellos generan una gramática que produce un resultado de verdadera arquitectura vernácula.

 

Estos elementos se enriquecen además con la presencia constante del paisaje en la escena urbana.

Todos los detalles son importantes./ Javier Callejas (Archivo GR)
Todos los detalles son importantes./ Javier Callejas (Archivo GR)
El paisaje se integra en el ambiente urbano./ Javier Callejas (Archiva GR)
El paisaje se integra en el ambiente urbano./ Javier Callejas (Archiva GR)
Ambiente singular de los pueblos de la Alpujarra./ Javier Callejas (Archivo GR)
Ambiente singular de los pueblos de la Alpujarra./ Javier Callejas (Archivo GR)
Publicado en La Ciudad Comprometida
Martes, 04 Agosto 2009 09:49

El espacio público

La trama urbana que configura las poblaciones de la Alpujarra-Sierra Nevada está influenciada por las distintas civilizaciones que han poblado la comarca, fundamentalmente por la influencia de los moriscos y el concepto de “calle” o espacio urbano que ellos tenían, y por el concepto del mismo que tuvieron los repobladores cristianos.

Para los primeros, la calle era un reducto de la construcción de su casa. Apenas hacían una vida de sociedad en estos lugares; de ahí que su configuración aparezca tan tortuosa, con calles o adarves simplemente de paso que, a veces, llegan a privatizarse en gran medida por los usuarios de las viviendas actuales: colgando macetas, dejando fuera los aperos de labranza, e incluso utilizándola como espacio perteneciente a éstas en épocas veraniegas.

A esta trama se contrapone la malla ortogonal, resultante de la reparcelación que se hizo a la llegada de los pobladores cristianos. Para ellos la calle es un espacio público, de relación entre vecinos, es algo más que un simple paso a sus viviendas. De esta época datan las plazas de cada pueblo, donde no falta la iglesia como elemento aglutinador de la vida social y religiosa.

La dinámica de crecimiento de las poblaciones de la Alpujarra, espaciada en el tiempo y sin plan previo que les pueda dar un carácter unitario, ha generado un viario de traza irregular y anchuras variables, que se va adaptando perfectamente al terreno, y que se ve condicionado a su vez por la estructura de la propiedad, ya que va bordeando los límites de ésta.

En las poblaciones situadas a media ladera, las calles, para superar los fuertes desniveles entre las zonas baja y alta de los pueblos, ascienden zigzagueando por la montaña para conseguir que sus pendientes no sean muy fuertes, lo que favorece la disposición aterrazada de las edificaciones. Las conexiones transversales están formadas por callejuelas quebradas que mediante fuertes rampas o escaleras, en algunos casos, salvan el desnivel. Las dimensiones de las calles son reducidas, siendo muy irregulares y angostas, manteniendo su anchura una proporción menor o igual a la altura de las edificaciones colindantes.

En los pueblos situados en las zonas llanas se siguen manteniendo las características generales de la trama, aunque desaparece la disposición predominante de las calles en una dirección al perder importancia los condicionantes topográficos.

Las plazas son en general espacios muy reducidos e irregulares y en muchos casos con diferentes planos de cota definidos por muros y unidos entre sí por rampas y escaleras, que de alguna manera reproducen el sistema de paratas que predomina en los campos de cultivo.

En contraposición a estos espacios públicos resultantes de la abigarrada trama de origen morisco, aparecen otros más amplios y regulares, relacionados generalmente con los edificios más significativos de la trama urbana (iglesias, ayuntamientos, etc…).

El paisaje se convierte en uno de los elementos que cualifican especialmente al espacio urbano, al tener una presencia constante en las calles de estos pueblos. La sierra, los valles, las laderas abancaladas e incluso el mar, se perciben sobre las edificaciones, enmarcados bajo los tinaos, en plazas a modo de mirador, y de manera más intensa en ciertas calles a modo de paseo-mirador que bordean los núcleos.

Del mismo modo, la fuerte relación existente entre el espacio público y las casas es otro de los elementos cualificadores del mismo. Frecuentemente las casas invaden la calle, mediante los tinaos, quedando parcialmente cubierta y percibiéndose el entramado de madera de los forjados, produciéndose una “privatización” del espacio público.

Plaza del Lavadero en Capileira, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Plaza del Lavadero en Capileira, Granada./ Javier Callejas (Archivo GR)
Publicado en La Ciudad Comprometida
Domingo, 02 Agosto 2009 10:37

Hitos urbanos

La homogénea trama urbana de los pueblos de la Alpujarra, en la que el tejido residencial se convierte en el componente esencial de la misma, se ve cualificada puntualmente por elementos singulares que destacan por su escala o uso convirtiéndose en verdaderos hitos urbanos.

Casas nobiliarias, ayuntamientos, fuentes, lavaderos, y sobre todo las Iglesias parroquiales actúan como focos de atención que concentran la actividad urbana, ubicándose junto a los mismos normalmente espacios urbanos de mayor entidad.

Aunque algunos de estos elementos están en desuso poseen un indudable valor histórico, arquitectónico, etnológico o ambiental, que hace necesaria su protección.

Torre del Reloj en Albodoluy de Almeria./ Archivo GR
Torre del Reloj en Albodoluy de Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Por Lucía Valero Martín. Arquitecta

Basta con que nos paremos a observar una imagen de estos pueblos desde la distancia para darnos cuenta de la delicadeza con la que se implantan en el territorio, definiendo y dando personalidad al paisaje natural que los rodea.

Su arquitectura tradicional ha utilizado los materiales del entorno con que podía contar y energías renovables, las únicas inagotables y que no producen residuos. El diseño de las edificaciones se ha desarrollado en función de su máximo aprovechamiento, de las características físicas de su emplazamiento, del tipo de paisaje y por supuesto, del clima, tan determinante en la vida y costumbres de la zona. La suma de todos estos aspectos determina la calidad de vida de los que los habitan al definir el soporte físico de la mayor parte de las actividades.

El diseño de estos pueblos escalonados es, por tanto, el resultado de la agregación de edificaciones que se adaptan a la topografía y a su entorno natural. Al contrario, si  dirigimos la mirada hacia algunas zonas de nuestro litoral, donde la geografía ha sido manipulada, en el sentido más peyorativo del término, podemos observar la explotación sin contemplaciones de los recursos turísticos que ha tenido lugar. En estos casos se ha priorizando un crecimiento desmesurado, que da como resultado “parques temáticos”, carentes de significado, cuyo fin es saciar las expectativas de los visitantes y sin ánimo alguno de conservar los elementos de interés que son legado de nuestros antepasados, dando la espalda de manera rotunda a su propia identidad, y generando de esta forma una bonanza económica artificial, no sostenible en el tiempo ni en el espacio, y con fecha de caducidad.

Barrera visual de medianeras./ Archivo GR
Barrera visual de medianeras./ Archivo GR

En contraposición a actuaciones de este tipo, no me cabe más que felicitar a nuestros pueblos de la alpujarra por la sensibilidad que demuestran, sobretodo en los últimos años, y animarles en la labor que han emprendido para la salvaguarda de su propia identidad con actuaciones encaminadas a la promoción de  propuestas y directrices para la rehabilitación y la conservación de su patrimonio tangible e intangible y la reactivación funcional de los núcleos de población sin renunciar, en ningún caso, a un desarrollo equilibrado y sostenible.

Todos coincidimos en que las buenas prácticas en la Alpujarra, dan como resultado pueblos apetecibles, con un trazado humano y numerosos espacios de relación de escala controlada que hacen sentirse cómodo tanto al visitante como al autóctono.

Publicado en La Ciudad Comprometida
Miércoles, 29 Julio 2009 09:31

Huertos urbanos

El lento proceso de crecimiento, evolución y transformación de los núcleos tradicionales a partir de los pequeños asentamientos rurales primigenios ha supuesto la ocupación progresiva de los espacios cultivables existentes entre los cortijos y eras.

A pesar de este proceso, existen en algunas poblaciones huertos que se mezclan en la trama urbana con las edificaciones residenciales, manteniéndose la actividad productiva en muchos casos.

Huerto urbano en Mairena (Granada)./ Javier Callejas
Huerto urbano en Mairena (Granada)./ Javier Callejas (Archivo GR)

En otros casos se han reconvertido como espacios libres de desahogo, extensión del espacio residencial privado, con unas cualidades ambientales y espaciales reseñables.

Estos espacios suponen un esponjamiento de la trama y son elementos de gran interés etnológico, destacando los muros que definen los abancalamientos como elementos cualificadores del espacio público.

Huerto urbano en Nechite (Granada)./ Javier Callejas (Archivo GR)
Huerto urbano en Nechite (Granada)./ Javier Callejas (Archivo GR)
Otro ejemplo de huerto urbano./ Javier Callejas (Archivo GR)
Otro ejemplo de huerto urbano./ Javier Callejas (Archivo GR)
Publicado en La Ciudad Comprometida