En estos días en los que los principales mandatarios mundiales, arropados por numerosas instituciones y colectivos, debaten en el Foro Económico de Davos sobre el comercio internacional y el progreso, se me vinieron a la mente las palabras que hace unos días me dijo una amiga, experta en comercio exterior de la Junta de Andalucía:
“Mi trabajo es favorecer el comercio internacional, pero no hay nada menos sostenible que transportar mercancías desde un extremo el orbe a otro…”
Y, claro, a mí me tocó terciar un poco para decir una obviedad, pero no por ello menos certera:
“Sin embargo debemos exportar nuestro conocimiento y nuestra tecnología a otros países menos desarrollados, para acortar la brecha que existe con ellos”
Para, acto seguido, contarle algo que un día me decía mi amigo Robert Romo (un maravilloso ingeniero y mejor persona que lamentablemente ya nos dejó):
“En mi empresa calculamos el CO2 que generamos con nuestros viajes internacionales para compensarlo apoyando económicamente diversas plantaciones de bosques”
¡En fin! Hoy se me vinieron a la mente estos comentarios y me pareció que debía compartíroslos, porque llevamos años batiendo records de subidas de temperaturas, de fenómenos meteorológicos extremos, o de sequías pertinaces… y mientras tanto, en el mundo rico los ricos son menos pero más ricos aún, y en el mundo menos desarrollado (o pobre) también son menos numerosos los ricos, aun cuando sus riquezas siguen creciendo…
En un mundo cada vez más intransigente, con gobernantes más populistas, y en el que las inversiones en armamento (eufemísticamente denominado “en defensa”) crecen vertiginosamente aunque ello no sea óbice para que en algunos países, como en España por ejemplo, la inversión en investigación y desarrollo siga y siga decreciendo…
¡Vaya por donde se me desvaría la mente por la mañana!


