EL MILAGRO DE ALBARRACÍN EN LA GESTIÓN DE SU PATRIMONIO Y LOS PELIGROS QUE LE ACECHAN

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Hace unos días tuve la fortuna de asistir a una conferencia magistral con motivo de la apertura del curso 2017/18 del Centro de Estudios Padre Suárez, (el que os he hablado recientemente) que versó sobre un tema interesantísimo:

La gestión integral del patrimonio cultural: El caso de Albarracín, por Antonio Jiménez Martínez, Director Gerente y Secretario de la Fundación Santamaría de Albarracín (Aragón, España)

Y fue una estupenda ocasión para escuchar de primerísima mano al principal artífice de lo que se ha venido a denominar “el milagro de Albarracín”, ya que en apenas dos décadas, este Conjunto Histórico, de apenas 1000 habitantes, ubicado en las montañas y alejado de cualquier gran ciudad,  ha pasado de estar lánguido y ruinoso a tener una saludable  salud patrimonial y una desbordante vida cultural y turística. Y ha sido consecuencia fundamentalmente del buen hacer, riguroso y sensato, de la Fundación Santa María de Albarracín,  una organización público/privada sin ánimo de lucro (Obispado de Teruel y Albarracín, Ayuntamiento, Diputación e Ibercaja) que hace dos décadas decidió trabajar en la recuperación y activación cultural de su rico patrimonio, como vehículo para lograr el desarrollo sociocultural y económico local. Esto es, la cultura y el patrimonio como motor de desarrollo a través de:

1, la restauración y conservación de sus bienes culturales;

2, de la dinamización de su legado cultural e histórico una vez recuperado;

y 3, garantizando la viabilidad y sostenibilidad de la gestión de los inmuebles restaurados.

Y como decíamos, en apenas 20 años han conseguido acuñar un modelo de gestión integral del patrimonio que ahora todo el mundo aplaude pero que como nos contaba Antonio Jiménez, está basado en esos principios de la sensatez y de la mesura que el hombre rural en general, y el aragonés en particular, lleva tatuados en sus entrañas. Y por eso la buena gente del lugar lo expresa de manera elocuente, con uno de los halagos más evocadores que nunca había escuchado: 

“Con poquico dinero cogen mucha cosecha”

Y nada mejor para expresarlo que repasar las mareantes cifras de lo conseguido en estos años, porque no olvidemos que al fin y al cabo estamos en un pequeño pueblo:

-          30 rehabilitaciones de edificios de las cuales 6 de ellas han sido de carácter integral.

-          Una vez restaurados, la fundación gestiona 3 de ellos (Un Palacio de Reuniones y Congresos, la Iglesia/Auditorio, el Centro de Restauración, 3 residencias, y 4 centros museísticos)

-          Siguen incorporando bienes a la Fundación cuya intervención está programada.

-          Han restaurado aproximadamente 1400 bienes muebles (retablos, cuadros, libros, ropajes etc.) habiéndose consolidado allí un prestigioso Centro de Restauración por el que han pasado más de un millar de especialistas.

-          Han consolidado a Albarracín como “Ciudad Cultural” y como destino turístico como lo demuestran más de 500 actividades, entre cursos y seminarios, conciertos, o exposiciones, por ejemplo.

Panorámica Albarracín

No cabe duda que la ciudad histórica, su cultura y su entorno suponen un importantísimo atractivo, pero lo excepcional aquí es la “activación permanente de la ciudad conseguida con la aplicación de un importante programa cultural, vertebrado en acciones diferentes agrupadas en cursos y seminarios, congresos, exposiciones y conciertos” apuntalado además con la actividad docente que se desarrolla desde el Centro de Restauración, los que la convierten “en un referente cultural de primer orden”.

Pero… (Siempre hay algún pero) también quisiera daros algunos datos de otra índole, como aportación de La Ciudad Comprometida a las gentes de Albarracín, para que les ayude a reflexionar:

-          el número de plazas de alojamientos turísticos o de comensales en los restaurantes  son hoy mayores que los habitantes censados.

-          La masificación por la alta demanda está derivando en una merma en la calidad de la experiencia de visitar Albarracín.

-          El nuevo Plan Urbanístico (PGOU, abril de 2011) prevé un incremento de 400 viviendas construidas (con capacidad para otros 1000 habitantes más) si bien han quedado en estado expectante suelos con capacidad para otras 750 viviendas.

-          Pero más allá de las cifras anteriores, que sin duda son elocuentes, existe un conflicto sin resolver entre la obsesión por crecer y las necesidades de protección patrimonial en un espacio de tanta fragilidad como es Albarracín, como lo demuestra el hecho de que recién aprobado el PGOU el gobierno regional de Aragón ha procedido a la delimitación del Conjunto Histórico y de su entorno (Mayo de 2011).

-          Y, por último, Albarracín, al igual que ha avanzado sorprendentemente en la recuperación de sus monumentos y bienes culturales, aún no ha abordado con rigor la planificación de su ciudad histórica y entorno, garantizando a través de Plan Especial en el que confluyan todas las miradas y las sensibilidades, que la capacidad de acogida de este maravilloso pueblo no va a superarse, que sus viviendas no se van a transformar en alojamientos turísticos, que su población va a seguir viviendo en sus casas tradicionales, que no se va a desnaturalizar su cultura…

En fin… que yo sugeriría a la Fundación Santa María de Albarracín que bien a través de mecenazgos, de apoyos técnicos, o de asesoramiento especializado, sea invitando a expertos en la planificación de ciudades históricas, sea a través del acompañamiento al ayuntamiento… debiera implicarse en esta delicada materia, porque llegados a este punto, más valdría dotarse de una buena norma reguladora a la altura de las ciudades históricas más exigentes, que lamentarse más adelante por haber muerto de éxito.

En todo caso, mis felicitaciones más sonoras para esta Fundación Santa Mª de Albarracín y para su cabeza visible, D. Antonio Jiménez  Martínez.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Rogelio Martín Soler Martes, 21 Noviembre 2017 20:47 publicado por Rogelio Martín Soler

    Albarracín me enamoró desde la primera vez que supe del pueblo a través de fotografías y cuando tuve ocasión de visitarlo y recorrerlo quedé definitivamente prendado de él. Sin embargo, y de esta última visita ya hace casi diez años, dejé la ciudad inquieto y seguí mi recorrido por los pueblos de la Sierra del Tremedal, camino de las comarcas del Alto Tajo, tierras todas de inigualable belleza. Mi inquietud se debía que ya adivinaba un futuro de excesiva contaminación de su casco histórico por el alto índice de visitantes y la alta especialización de la ciudad en negocios dependientes del turismo, lo que iba en detrimento del uso residencial cotidiano y de otros usos asociados a las actividades propias de su entorno geográfico. Pasear por la ciudad, de noche y de día, daba la sensación de transitar por un escenario magistralmente decorado por exquisitos artistas y restauradores, en el que todos los visitantes deambulábamos como figurantes sin rumbo establecido, boquiabiertos ante tal profusión de construcciones de interés histórico-artístico en solución de continuidad. Pero eché en falta algo esencial, los habitantes del pueblo y su manifestación esencial en forma de pequeños negocios cotidianos, como la peluquería, la panadería o el pequeño supermercado (la tienda de toda la vida), que son los que confieren a toda ciudad su sentido, el de funcionar como albergue de comunidades humanas que se relacionan, organizan y apoyan mutuamente para salir adelante. Espero que el paso del tiempo no haya agravado esta situación, y la balanza entre la necesidad de alimentar el motor fundamental de su conservación patrimonial, el turismo, y la conservación de la misma esencia que da origen a las ciudades, la convivencia y buena vecindad entre sus ciudadanos, se mantenga equilibrada.

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