He aprendido que un buen proyecto no nace solo del talento individual, sino de la complicidad y el entendimiento de todos aquellos que de una u otra forma participan en su elaboración. Por eso esa complicidad, ese maravilloso "pegamento" humano, hay que cultivarlo más allá de las cuatro paredes del lugar de trabajo. Así que, viendo que en el calendario asomaba la festividad de San Juan (mi onomástica) decidimos organizar nuestra jornada anual de confraternidad.

El destino de nuestra brújula en esta ocasión sería Salobreña (Andalucía, España) aprovechando que estamos concluyendo un reto precioso y delicado: evaluar las necesidades urbanísticas de su BIC Conjunto Histórico a iniciativa de su Ayuntamiento.



Convencido de que las ciudades hay que caminarlas para poder entenderlas, propuse que todo nuestro equipo “viviéramos” su trama urbana en primera persona, que palpáramos la escala de sus callejuelas blancas y entendiéramos in situ la singular morfología de su centro histórico y su extraordinaria relación con el paisaje circundante.
Tuvimos el inmenso privilegio de contar con Domingo Fernández, un guía e historiador local que es pura devoción por su tierra. Él fue el encargado de conducirnos a través de todo el entramado hasta llevarnos al imponente castillo que corona la ciudad. ¡Qué maravilla contagiarse de gente así!…
La pasión de Domingo era tan desbordante que, a la mínima de cambio, se nos iba por las ramas, jajaja, embelesado entre linajes, leyendas y batallas de siglos pasados, así que en más de una ocasión, con algo de guasa y mucho cariño, tuve que “ayudarle” a encauzar de nuevo la charla.

Después de empaparnos de patrimonio... llegó la merecida recompensa porque, seamos sinceros, no se puede hacer equipo solo hablando de arquitectura: Dejamos el empedrado, bajamos a la costa y recalamos en el chiringuito Emilio, a pie de playa, donde nos trataron de maravilla. Allí los debates técnicos dieron paso a las risas y a las anécdotas compartidas.
Para rematar la jornada, y como manda la tradición de la costa granadina, antes de emprender el camino de regreso pusimos el broche de oro a un día maravilloso con una deliciosa leche rizada. El final más dulce posible para espantar los calores de la tarde.
Jornadas como la vivida ayudan a entender el verdadero motor de nuestro estudio: los proyectos no solo se sostienen sobre los planos y las normativas, siendo esencial la unión de quienes los trazan: Afecto, confianza mutua, sabernos parte de un grupo que rema siempre en la misma dirección… son los cimientos más sólidos con que contamos para poder construir ciudades y barrios más humanas, amables y comprometidos.
NOTA FINAL: quiero agradecer el apoyo municipal recibido de la mano de Antonio Rodríguez, concejal del Casco Antiguo; Maricarmen Callejón, concejal de Turismo y del arquitecto municipal Paco Morejon, y también a mi colega Javier García González para la redacción de este texto


