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Lunes, 14 Julio 2025 18:22

Causalidad en las cumbres de Sierra Nevada

 Una buena amiga mía no cree que las cosas que ocurren sean fruto del azar, de la casualidad, sino más bien de la causalidad… Y tú te dirás que a qué cuento viene esto, pues te lo diré, pero empezando desde el principio:

Resulta que por estas fechas se cumplen cuarenta años desde la entrada en vigor de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (LPHE) uno de los primeros y más evidentes indicios de la nueva modernidad que empezaba a llegar a nuestro país (con posterioridad, ya en 2007, el Parlamento Andaluz la complementó con la Ley  del Patrimonio Histórico de Andalucía).

Fíjate que la LPHE, ya desde su preámbulo empieza a sentar cátedra, al afirmar que “El Patrimonio Histórico Español es el principal testigo de la contribución histórica de los españoles a la civilización universal y de su capacidad creativa contemporánea. La protección y el enriquecimiento de los bienes que lo integran constituyen obligaciones fundamentales que vinculan a todos los poderes públicos....

Pero me estoy dispersando, jajajajaj. El caso es que hace apenas unos días decidí darme un respiro para coger aire (y fuerzas) e irme a la montaña. La ruta elegida sería ascender a la línea de cumbres del Parque Nacional de Sierra Nevada (Granada/Almería. Andalucía, España) y visitar el añejo Refugio de Elorrieta, conocido como el más alto de Europa, ya que se encuentra a nada menos que 3.187 metros de altitud sobre el nivel del mar, en el vértice superior del municipio alpujarreño de Capileira.

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Pero (y ahí viene lo de la causalidad) esa misma mañana, mientras degustaba un rico café, me topé con un artículo publicado en Linkedin que se hacía eco de la efeméride de la LPHE… y, claro, ya fue inevitable que viniera a mi mente el recuerdo de una absurda polémica que se dio hace años. Pero te cuento.

Todo surgió a cuenta de la pretendida demolición del refugio por la dirección del Parque Nacional, obviando sus indudables valores arquitectónicos como edificio adscrito al Movimiento Moderno, con la justificación de que sería para renaturalizar esa cumbre tan emblemática... Parece ser que para ello contaban con el respaldo de la Federación Andaluza de Montaña, que consideraba que este tipo de instalaciones debían estar en cotas no tan extremas.

¡En fin! Que la que se armó fue de aúpa: Porque centenares de montañeros granadinos se pusieron en pie de guerra porque “estos espacios montañosos, han pasado de ser simples albergues para alpinistas a complejos arquitectónicos llenos de historia”.

El caso fue que se sucedieron iniciativas de todo tipo, algunas realmente bellas y memorables, aunque para mí la más emotiva fue la cadena humana en torno al refugio de 400 montañeros, que quedó recogida en un documental que te comparto:
https://youtu.be/JaqIqn0W7UY?si=Gie3bF516mNzODSM

También dio lugar a que la Fundación DOCOMOMO Ibérico (documentación y conservación de la arquitectura y el urbanismo del movimiento moderno) decidiese incluirlo en su inventario, con la siguiente descripción que hicieron los investigadores granadinos Juan D. López-Arquillo y Cristina Maldonado Granados:

El refugio de alta montaña Elorrieta, situado a 3.187 metros de altitud en la cabecera de un valle glacial, se llevó a cabo como albergue para trabajadores y técnicos forestales en el marco del proyecto de reforestación e investigación en explotación forestal de las altas cumbres de Sierra Nevada en el valle del río Lanjarón.

Promovido por D. Octavio Elorrieta, es un ejemplo perfecto de las arquitecturas extremas tradicionales, que no sólo se mimetiza con las cumbres por su ubicación, sino por estar construido con materiales del lugar…

Los espacios soterrados están dotados de una salida al exterior mediante otro volumen de pequeñas dimensiones que sobresale perpendicular al primero. Sobre éste segundo volumen se sitúa una gran alberca nival, para permitir la acumulación de agua. El volumen exterior acogía originalmente los servicios comunitarios del refugio, estando los dormitorios dispuestos en la zona soterrada.

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El conjunto está realizado con cubierta abovedada rebajada sobre muros rectos sin contrarresto de empuje, con técnicas constructivas de mampostería de pizarra y serpentina de Sierra Nevada, obtenida en la zona, y con mortero mixto que, con enorme dificultad, los arrieros subieron hasta el lugar. Todo estaba revestido exteriormente con un bruñido muy resistente, que aún hoy se conserva en muchas partes.
https://docomomoiberico.com/edificios/refugio-elorrieta/

Y también ha dado lugar a trabajos de investigación de los cuales yo valoro especialmente el titulado "El Refugio Elorrieta. Herencia superviviente de Sierra Nevada" obra del arquitecto canario Cristóbal Adrián García Almeida, formado en la Escuela de Arquitectura de Granada, que nos sumerge en un viaje épico a través de la dicotomía entre lo natural y lo construido:

“En las majestuosas montañas de Sierra Nevada, donde la naturaleza y la arquitectura se entrelazan, surge una encrucijada que desafía el corazón de los viajeros y los guardianes del patrimonio…
¿Qué secretos guardan los refugios de alta montaña? ¿Cómo se equilibra la historia con la modernidad? ¿Puede un edificio ser un testigo silencioso de la lucha por la supervivencia?”

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Su autor propone rutas para conectar estos refugios y plantea soluciones para su preservación futura, ofreciendo un enfoque práctico que enriquecerá el conocimiento sobre el patrimonio nacional.
Pero te dirás:

  • “Sí, sí, Juan Carlos, pero ¿Qué ocurrió con aquella pretensión de demolerlo?”

Pues precisamente por eso hace unos días la causalidad hilvanó la efeméride de la LPHE con el Refugio de Elorrieta, a donde iría esa misma mañana, y mi propio quehacer profesional ya que, mira por donde, unos años antes de que surgiese esa polémica, había propiciado su catalogación por su valor arquitectónico y etnológico con motivo del Plan de Ordenación y de Protección del Barranco del Poqueira.

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Eso lo salvó. Que un arquitecto y urbanista amante de la montaña dirigiese la regulación de los BIC Conjunto Histórico de Capileira, Bubión y Pampaneira (aprobada en 2006).

Así que, hace unos días me fui para la montaña rememorando todas esas vivencias y vicisitudes de las que fui testigo, con un sano orgullo por el papel que me tocó jugar en esta bella historia. También con la lección aprendida de que al patrimonio (ya sea natural, paisajístico, histórico o cultural) hay que blindarlo (es decir, protegerlo) antes de que arrecien las tormentas… Pero la cosa no quedó ahí ya que la jornada aún me tenía reservada una bella sorpresa.

El caso es que al poco de salir nos topamos con un taciturno montañero, ya curtido en años, al que no fuimos capaces de sonsacarle más allá de un parco saludo en las dos o tres veces que nos cruzamos con él. Ya en la cumbre, también le ofrecí algo de comer, aunque él lo rechazó amablemente… Pero ya casi en el final de la etapa, volvimos a alcanzarlo y, será por la manera de saludarlo o porque estaba de Dios, el caso es que nos interesamos por su vida, por su profesión, por su amor a la montaña, y felizmente nos abrió su corazón contándonos mil anécdotas de su vida como profesor de física en la Universidad de Granada y como gran conocedor de Sierra Nevada.

Al despedirnos, nos presentamos, y él, con un cierto orgullo, nos confesó que era coautor del famosísimo libro Sierra Nevada del Padre Ferrer, ya que había colaborado escribiendo uno de sus capítulos.

Al volver a casa, enseguida, abrí ese bello libro que siempre tengo junto al sofá y ya supe su nombre: el profesor Eugenio Fernández Durán. Uno de los padres del montañismo andaluz. Así que, amiga María García Pizarro, aquello no fue fruto de la casualidad, sino de la mejor y más bella causalidad.

SIERRA NEVADA PADRE FERRER

SIERRA NEVADA PADRE FERRER 2

Martes, 11 Agosto 2020 18:31

Ser Montaña en la Montaña

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Está amaneciendo y tengo precisamente ese regusto especial que vine a buscar entre los senderos. Un delicado maridaje entre lo físico, lo mental y lo afectivo. Un bienestar que voy a intentar describirte. 

Mira, creo que si fuera vino, podría ser como la ambrosía. O si néctar, quizás la miel de saúco. ¿Y a qué manjar asemejarme? Creo que aquel que me evoca la cocina, siempre alegre, de mi madre. Y también te propongo que imagines la viveza de un jovenzuelo aderezada con la paz del adulto que ya libró las mil batallas a las que te aboca la vida, y cada uno de los afectos que felizmente se posaron en su camino... Además del agradable cansancio de quien ya recorrió su camino, y de la serenidad que embarga a quien estuvo cerca, muy cerca, de las estrellas... Porque ese es mi regusto.

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Vine a perderme por unos días en las montañas profundas del norte a sabiendas de que con cada gota de mi sudor las amaría un poco más... y sabedor también de que observándolas sin prisa y estando atento a sus susurros, iría entrelazandome con el lugar, e hilvanando esos vínculos de cercanía, de comprensión y de amistad que vine a buscar... 

Puede que recuerdes que hace poco escribí que quizás por unas semanas solo seré una piedra más en el camino e intentaré mimetizarme en los paisajes que recorra... Y ahora puedo corroborarte que así ha sido. Ya que durante una semana he recorrido las entrañas de los Picos de Europa. Un lugar que, como tantos otros, solo está al alcance de los que deciden embarcarse en caminos que te exigen tesón y esperanza. 

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Allí encontré un universo montañoso, esbelto y afilado, lleno de contrastes y también lleno de historias. Historias de las propias montañas y de las gentes que las han habitado. 

He tenido, además, la fortuna de haberlo hecho con media docena de personas sensibles, sabias y queridas, capitaneadas por Alex Rozalén, el mejor guía de montaña que pudimos soñar, porque más que de geografía o de senderos nos ayudó a penetrar en el alma de su tierra. Pero, en definitiva, un grupo que me me ha permitido sentir lo que también cada uno de ellos sentía, veía, oía o sabía. Y seguramente también ellos pudieron sentirme a mi y a mis emociones.

Escuchando e interpretando juntos las historias que en cada recodo nos contaban la geología, los roquedos, los bosques y los prados, las cabañas, el pastoreo, los pueblitos en sus enclaves, los lobos y los rebecos, el buitre y las chovas... E imaginando también la labor de la mano del hombre del lugar. Las más de las veces historias de hombres y mujeres que en su intento por sobrevivir supieron modelar el paisaje a base de esfuerzo, ingenio y respeto por el lugar y sus claves.

Hace años que partí para formarme pero quise volver a mi tierra porque solo imagino mi vida entre estas montañas nos contaba Alex. Y esa ha sido su apuesta vital, transmitiéndonos su fervor por esta tierra con una gran sensibilidad y compromiso: “Tenemos el reto de que los consumidores sepan valorar los productos ecológicos y todo lo que suponen de respeto por la naturaleza”

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Por otro lado, durante esta exigente “Travesera” por los tres macizos de esta sierra, cada uno de nosotros también pudimos aportar nuestra particular manera de sentir al lugar:

  • “El paisaje aquí refleja un modo de vida lleno de respeto y de sensatez”
  • “Qué vida tan sacrificada la de los hombres que habitaron estas montañas, viviendo de sus recursos, si, pero renunciando a tanto a cambio...”
  • “La llegada del turismo ha sido tan vertiginosa que quizás se corre el riesgo de propiciar el abandono de las actividades tradicionales”
  • “La falta de previsión hace que el turismo solo se concentre en algunos lugares con infraestructuras insuficientes”
  • La autenticidad de los prados y la ganadería, de la industria tradicional del queso o las cecinas, del hábitat vernáculo, de la cultura popular, de los guisos y embutidos... debiera poder convivir con el turismo y la modernidad”
  • “Un cambio drástico en el modo de vivir la montaña y el abandono de las actividades tradicionales supondría un cambio radical en el paisaje” 
  • “Me preocupa la fragilidad de la naturaleza, incluso en espacios protegidos como son los Picos de Europa”
  • “Ojalá se sepa encontrar la manera de aunar los valores ancestrales con la calidad de vida”

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Quizás todo sea cuestión de mesura y de sensatez, aunque también de rigor y de compromiso, pero en realidad el debate está abierto, pero no sólo aquí... ¿Tradición o modernidad? ¿Protección o desarrollo? ¿Autenticidad o pantomima?

¿Sostenibilidad? 

En fin, aunque por lo pronto, y durante unos días, pude percibir el vuelo de las rapaces, gozar con los saltos inverosímiles de los rebecos, oír el tintineo de los cencerros, beber de los manantiales, comprender la geología de las dolinas, simas y polges, imaginar el pastoreo estival y aprender de sus cabañas, ser montañero intrépido, disfrutar del olor del orégano y del color de los brezos, mascar hayones, volar sobre las nubes, y deleitarme con miles de sensaciones indescriptibles...

Pudiendo ser montaña en la montaña.

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