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JUMILLA: Un ejemplo más de "urbanismo pedagógico"
Jumilla, al igual que otros muchísimos Conjuntos Históricos, nunca supo concluir el diseño de su bella ciudad patrimonial para llenarla de vida y para mostarla con sano orgullo. Es verdad que se trata de un proceso muy complejo, pero también es imprescindible llevarlo a cabo. Por eso quiero felicitar a su Ayuntamiento por haber decidido intentarlo de nuevo, y a mí me ha tocado el honor de dirigir dicho proceso (PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN DEL CONJUNTO HISTÓRICO ARTÍSTICO: PEPCHA) para el que contaré con el apoyo de mi buen equipo de www.gr-arquitectos.com y con una ilusionante implicación municipal.
En unos talleres recientes hemos iniciado un proceso de "urbanismo pedagógico" con la intención de implicar activamente a todos los sectores sociales (ciudadanos, empresarios, técnicos, colectivos...) como también a a todos los partidos locales ya que la aprobación del PEPCHA va a contribuir de manera importantísima en la revitalización de la ciudad histórica a todos los niveles (social, comercial, turístico, cultural, paisajístico o ambiental).
Pero ahora toca implicar al máximo a los ciudadanos de a pié para que nos den su opinión, y para ello hemos diseñado un cuestionario denominado: ¿QUÉ PEPCHA QUEREMOS? que trata temáticas tales como:
• El CHA de Jumilla en su contexto territorial.
• Las zonas urbanas.
• La actividad turística y comercial como motor económico.
• La percepción del paisaje
• La conservación del patrimonio cultural

Portada cuestionario de participación ciudadana "¿QUE PEPCHA QUEREMOS?"
Con los aportes de la gente podremos conocer y comprender con mayor profundidad cuales son los problemas, las aspiraciones y los deseos que los ciudadanos tienen sobre el CHA de Jumilla y cómo quieren que sea en el futuro. Por eso te comparto el enlace a través del cual podrás acceder y rellenarlo desde tu propio teléfono: https://gr-arquitectos.com/descargas/Que-PEPCHA-queremos.pdf
También, te comparto un vídeo con la presentación de dicho cuestionario de participación ciudadana a cargo del Concejal de Urbanismo, Obras, Servicios Públicos y Cementerio de Jumilla, D. Francisco González González.
Abrazos y Feliz Semana Santa.
¿Le llamamos DESARROLLO o más bien DESARROLLISMO?
Queridos amigos de La Ciudad Comprometida, el tema que he escogido para la reflexión de hoy no es baladí, ya que nos va a mostrar cómo la sociedad actual se ve abocada a ir perfeccionando progresivamente la regulación de muchas cuestiones que tienen que ver con los nuevos usos que van apareciendo en las ciudades y en el territorio… porque de no hacerlo, como hoy veremos a través de un ejemplo dramático, la falta de norma o la imperfección de la norma, pueden traer graves consecuencias.
¡Y como muestra un botón! Porque la casuística que os propongo es el grave conflicto que en tantísimos lugares están generando las denominadas coloquialmente “MACROGRANJAS”, verdaderas instalaciones agroindustriales de ganadería intensiva para la cría de miles de animales que están proliferando por doquier, aunque la palma se la llevan las que están destinadas a la cría de ganado porcino.
Así pues, el conflicto ya está servido porque mientras que hay municipios que las autorizan, en otros las tienen vetadas, aunque eso no les exime de sufrir los efectos ambientales que generan, ya que algunos de ellos, como el olor, se dejan notar a muchos kilómetros de distancia de donde fueron autorizadas, poniendo de manifiesto que los municipios no son territorios estancos y que, por ello, ciertas decisiones deberían concitar una mínima solidaridad territorial.
Os cuento que he elegido esta temática a resultas de que, recientemente, el ayuntamiento de Jumilla (Región de Murcia, España) ha encargado a mi equipo de GR-arquitectos una nueva regulación de las actividades ganaderas en su Plan General Municipal de Ordenación (PGMO) ante la alarma social que está generando la sorpresiva proliferación de macrogranjas en el municipio vecino de Hellín (perteneciente a la vecina región de Castilla-La Mancha), que si bien están muy alejadas de su población, sin embargo están casi adosadas al término de Jumilla, por lo que, claro, sus efectos ambientales ya se dejan notar.

Así que la polémica ya está servida:
Desde luego que el modelo de las macro-granjas es justamente la antítesis del modelo de ganadería extensiva tradicional. Eso los vecinos de Jumilla lo tienen clarísimo, como lo demuestra el nacimiento de un colectivo ciudadano, increíblemente activo, cuyo nombre no se anda con chiquitas: “Salvemos Nuestra Tierra”:


“Desde el principio hemos buscado informar a la sociedad y que sepan lo que se viene encima si no nos ponemos las pilas. Y por supuesto, decirle al Ayto, una y otra vez, que estamos ahí, para apoyar, ofreciendo el "brazo social"… ya que lo que pretendemos es defender nuestro territorio, solamente.”
Así, por ejemplo, en los últimos 6 meses han desarrollado una intensa campaña de concienciación ciudadana que ha logrado, entre otras cosas, que el Ayuntamiento se haya decidido a regular dicha actividad para evitar sus repercusiones negativas a la población (ambientales, económicas o de otra índole). Por eso, el Pleno del Ayuntamiento de Jumilla acordó en septiembre de 2020 la suspensión del otorgamiento de nuevas licencias de edificación para explotaciones de ganadería intensiva en todo su término municipal e iniciar los trámites para la modificación de su normativa.
Pero… ¡Vayamos al grano!:
- ¿EN QUÉ CONSISTE EL MODELO DE GANADERÍA TRADICIONAL?: En el caso de Jumilla, por ejemplo, la ganadería tradicionalmente se ha adaptado a las condiciones ambientales de esta zona del sureste español, determinada por escasez de buenos pastos y la limitación de los regadíos. Dando lugar a que la cabaña pecuaria esté muy concentrada en especies bien adaptadas a estas condiciones ecológicas, como por ejemplo la cabra de raza murciano-granadina, criada bajo modelos extensivos o semi-extensivos.
- ¿Y EN QUÉ CONSISTE LA GANADERÍA INTENSIVA?: Es un nuevo modelo de producción ganadera basado en la selección genética de especies para su estabulación, que se caracteriza por el hacinamiento de los animales en espacios reducidos y su total independencia del suelo agrícola. Los críticos de este modelo consideran que genera una serie de impactos ambientales y socioeconómicos directos nada deseables.
- ¿A QUIÉN CORRESPONDE LA REGULACIÓN DE LA GANADERÍA?: la legislación autonómica (Ley 13/2015, de 30 de marzo, de Ordenación Territorial y Urbanística de la Región de Murcia) dispone que “la ordenación urbanística de los municipios, se establecerá a través del PGMO, cuya finalidad es la ordenación integral del territorio municipal, estableciendo un modelo de desarrollo territorial y urbano sostenible…”
- ¿Y PORQUÉ NO ESTÁ BIEN REGULADA HASTA EL MOMENTO EN JUMILLA? El PGMO vigente data de 2004 y no regula la implantación territorial de este tipo de instalaciones ganaderas ya que hasta entonces no había sido necesario por su escasa o nula presencia municipal.
- ¿Y QUÉ PRETENDE AHORA SU AYUNTAMIENTO?: Modificar dicha normativa a fin de evitar la implantación de las instalaciones de ganadería intensiva y mixta de ganado porcino e intensiva de bovino en el término municipal de Jumilla.
- ¿PERO CON QUÉ ARGUMENTOS?: Son tres los argumentos fundamentales, y tienen que ver con los impactos medioambientales y socioeconómicos que generan este tipo de actividades:
a) Por afectar a la calidad y la cantidad de los recursos hídricos del municipio, lo cual sería catastrófico: Es de todos sabido que el agua es un bien escaso en la Región de Murcia debido a la insuficiencia e irregularidad de precipitaciones. Por ello, en el municipio de Jumilla, la única fuente de abastecimiento de agua para consumo son las extracciones de los acuíferos subterráneos sobre los que se asienta, unas reservas de agua bastante frágiles como lo demuestra el hecho de que algunos de dichos acuíferos ya están bajo vigilancia por haberse detectado en ellos altas concentraciones de nitratos.
En este contexto, no parece aconsejable autorizar ganadería intensiva, porque además de que exige unas demandas de agua muy elevadas, entraña un riesgo difícilmente asumible de contaminación de las fuentes subterráneas de suministro como consecuencia de potenciales vertidos inadecuados de los purines al campo.
b) Por la contaminación del aire y la producción de molestias debido a la emisión de olores, ruidos y polvo: Es patente el mal olor en las proximidades de las explotaciones o durante el almacenamiento y aplicación al campo de los purines o estiércoles. Además, en el caso de Jumilla, la dispersión de los olores se ve agravada por la configuración del relieve en sentido Este/Oeste y la predominancia de los vientos para su dispersión de los olores, especialmente intensos en las explotaciones instalaciones intensivas y mixtas de porcino.
c) Por la necesidad de preservar las actividades tradicionales relacionadas con especies autóctonas: La ganadería intensiva, considerada por tanto en una actividad cuasi industrial, busca la optimización del beneficio y el aumento de la producción por encima de otros valores como la calidad del producto, o la puesta en valor de las marcas de calidad o denominaciones de origen, por lo que supone un impacto negativo sobre las actividades ganaderas tradicionales locales de cabaña caprina.
El mantenimiento de esta actividad tradicional se justifica por motivos medioambientales, ya que la capacidad adaptativa de la raza autóctona hace que sean animales especialmente aptos en zonas semiáridas de clima mediterráneo siendo un elemento ideal para la prevención de incendios forestales. Además, constituye un elemento clave para el mantenimiento de la población en zonas rurales donde los animales son capaces de aprovechar recursos y pastos que ninguna otra especie es capaz.
Por eso me ha parecido encomiable la iniciativa social llevada a cabo en Jumilla por el colectivo “Salvemos Nuestra Tierra” como encomiable me ha parecido así mismo la pronta reacción municipal, suspendiendo dicha actividad y programando inmediatamente la modificación de la normativa de su PGMO.
Ahora toca perfeccionar las propuestas y promover mecanismos que favorezcan que en las próximas semanas pueda producirse un alto grado de consenso social y político, a partir de una óptima participación ciudadana, activa y comprometida.
Por eso quisiera recordaros una vez más uno de los idearios de La Ciudad Comprometida: Cree en la necesidad de planificar las actuaciones en el territorio y las ciudades, como instrumento para garantizar su sostenibilidad ambiental, social y económica, así como para mejorar sus sinergias. Así mismo, confía en la participación de los ciudadanos y las instituciones en los procesos de planificación como forma de asegurar la idoneidad social de las decisiones adoptadas.
Por eso me alegra muchísimo poder decir: ¡Felicidades Jumilla!

Lectura de un manifiesto conjunto en los municipios de Jumilla, Cieza y Yecla, con motivo del día de la protección de la naturaleza.
Hoy voy a hablaros de una bella ciudad histórica…

Hoy voy a hablaros de una bella ciudad histórica, aunque mis reflexiones podrían ser extrapolables a la práctica totalidad de las bellas (y ajadas) ciudades históricas…
Mirad: El Conjunto Histórico Artístico de la ciudad de Jumilla (Murcia, España), fue declarado por Real Decreto del Ministerio de Cultura allá por el año 1981, es decir, hace nada menos que 40 años, justo en los albores de los ayuntamientos democráticos, y sin embargo el estado de salud de su patrimonio cultural no es nada bueno. Yo me atrevería incluso a afirmar que es bastante peor que el que motivó su protección como BIC. ¿Y por qué? Pues porque desde entonces las administraciones públicas (Ayuntamiento y Gobierno Regional) no han sabido articular un proyecto de futuro e ilusionante que aunara la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, pero en consonancia con el respeto y la consideración a los valores culturales que justificaron su protección.
Y es verdad que desde entonces se han dado algunos pasos evidentes (recuperación de los principales edificios monumentales, diversificación de la oferta cultural, mejora de los servicios públicos o los criterios paisajísticos en los itinerarios periurbanos del cerro del Castillo) pero también con numerosos retrocesos como lo demuestran esas heridas que afloran por doquier hasta el punto de que un espectador como yo, recién llegado a la ciudad, pudiera pensar que en este lugar quizás no amasen suficientemente a su patrimonio:
- por el mal estado de conservación general de las edificaciones ante la dificultad burocrática de los permisos y la inseguridad jurídica de las autorizaciones, con la consiguiente pérdida de población y el abandono de muchas de las actividades y comercios tradicionales, dado que en estas circunstancias es más fácil buscar una vivienda digna en otras barriadas urbanas.
- por el elevado nº de edificios nuevos que, además, salvo contadas ocasiones, lo han hecho de una manera impactante para la armonía de su entorno, y la escasa tradición de rehabilitar como verdadero signo de autenticidad cultural.
- y por el deterioro del paisaje urbano, algo bastante apreciable, dada la falta de coherencia en los criterios de intervención (tipologías inadecuadas, incremento de alturas de pisos o globales, revestimientos, tipo de huecos, voladizos, soluciones de cubiertas, ornamentación, texturas y color, carpinterías, tratamiento heterogéneo de espacios públicos…) y quién sabe si también como consecuencia de una relajación municipal en el control de dichas intervenciones, sobre todo las de obra menor, explicable por la ausencia de criterios explícitos y normativos.




Por tanto, como os decía, parece evidente que, desde su declaración en 1981, ha disminuido la autenticidad de los valores tradicionales del CHA de Jumilla. Y, como suele ser también común en estos casos, pudiera ser que de manera paralela haya disminuido también la valoración social hacia el patrimonio urbano, algo contradictorio si tenemos en cuenta el gran amor que sus gentes profesan a otras señas de identidad por las que la ciudad es tan conocida (la cultura del vino o la Semana Santa, por ejemplo).
Y os cuento esto, amigos lectores de La Ciudad Comprometida, porque el equipo de www.gr-arquitectos ha recibido un ilusionante encargo: redactar el Plan Especial de Protección del CHA de JUMILLA (PEPCHA), precisamente el instrumento técnico y jurídico requerido para prever con visión de futuro las medidas necesarias para la mejora en todos los sentidos de este ámbito tan privilegiado, que deberá ser el fruto del consenso entre los ciudadanos, el Ayuntamiento con sus asesores y Gobierno Regional.
Es verdad que anteriormente ya hubo otros intentos fallidos para la formulación del PEPCHA, pero soy bastante optimista porque ahora he percibido un deseo generalizado de todas las administraciones implicadas, especialmente desde el Ayuntamiento, para que de una vez por todas se supere ese vacío regulador mediante la pronta aprobación de un plan, al tiempo responsable, eficaz y realista, que genere un amplio consenso de todos los agentes implicados, y que involucre de manera activa a los ciudadanos.
Por nuestra parte, ojalá que la experiencia que hemos acumulado en otras ciudades patrimoniales y nuestra determinación y compromiso con el desarrollo de ciudades (y ciudadanías) comprometidas pueda ser útil…
Os prometo que pronto, muy pronto, tendréis noticias al respecto.




