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Martes, 04 Marzo 2025 19:13

“La nature gagne terrain”

Leo en la prensa un titular más que sabido, que no todas las ciudades están asumiendo con rigor el reto de acabar con sus emisiones de dióxido de carbono (CO₂), el principal gas de efecto invernadero. Reza así: “Al ralentí o a gran velocidad según la ambición de sus alcaldes, la mayoría de municipios retrasan las inversiones verdes”,

Fíjate que, aunque hoy nadie duda de que cualquier estrategia urbana debe pasar por reverdecer la ciudad para que los espacios urbanos sean diseñados bajo criterios bioclimáticos, sin embargo, seguimos estando no lejos, sino muy lejos de que esa “buena práctica” forme parte de la agenda de la mayor parte de los municipios. Por eso, aprovechando que he disfrutado de un reciente viaje a la ciudad de Nantes (Región de la Bretaña. Francia) me gustaría hablarte de un ejemplar proyecto urbano que allí están desarrollando y que ha calado tremendamente entre sus habitantes. El eslogan que han escogido no deja lugar a la duda: "la naturaleza está ganando terreno".

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Pero antes de adentrarme en el tema te diré que Nantes es una populosa y moderna ciudad de unos 350.000 habitantes, aunque con su área metropolitana asciende al doble, 700.000 habitantes. Si la visitas seguramente te sorprenderán, como a mí me ha ocurrido, cosas como:

  • la exquisita delicadeza con la que han sabido compatibilizar modernidad y respeto por su patrimonio;
  • la valentía con la que están sabiendo reconvertir su pasado industrial en las orillas del Loira generando nuevos barrios llenos de dinamismo y atractivos;
  • y también su apuesta decidida por rediseñar los espacios públicos a escala humana, priorizando al peatón y a los modos de movilidad no motorizada gracias a que llevan años apostando por la construcción de una eficiente red de tranvías que ya la quisieran otras ciudades de similar tamaño.

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El caso es que en el Nantes metropolitano se están tomando muy en serio eso de reverdecer la ciudad y para ello han diseñado un ambicioso plan para permeabilizar los espacios públicos de todos sus distritos, sustituyendo hormigón o granito por jardines y parterres en los que plantar hasta 50.000 árboles y arbustos. Se trata de un rosario de iniciativas, muchas veces de reducido tamaño, que buscan que cada habitante pueda disfrutar de al menos tres árboles en el entorno de su vivienda o de su lugar de trabajo.

Así que, permíteme que hoy más que escribir te comparta algunas de las fotografías que tomé de dichas iniciativas. Ojalá sean de tu interés.

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https://elpais.com/espana/2025-03-03/barcelona-vitoria-zaragoza-y-valladolid-la-avanzadilla-urbana-que-busca-erradicar-sus-emisiones-de-co.html

https://metropole.nantes.fr/actualites/2024/environnement-nature/nantes-nature-gagne-terrain

Publicado en La Ciudad Comprometida
Miércoles, 30 Octubre 2013 00:00

Crisis “ecoNOlógica”

Mucho llevamos leído y escuchado en el último lustro de la crisis, siempre ligado a complejas y controvertidas causas económicas, financieras, especulativas…Pero la crisis medio ambiental y de sus recursos limitados son también causa y efecto dentro de la madeja de la recesión. Asi lo defiende este articulo publicado en prensa del cual os mostramos un extracto:

Fuente: bibliotecaverde.org
Fuente: bibliotecaverde.org

Crisis económica, social y ecológica son tres facetas de una misma crisis. Son interdependientes y se retroalimentan entre ellas. No es sorprendente puesto que nuestro modelo de organización social y económica depende de los recursos naturales disponibles y, a su vez, la salud de nuestros ecosistemas (y por tanto de nuestro futuro) dependen de este modelo socio-económico. Por un lado, la globalización y las economías llamadas modernas están totalmente basadas en la energía y materias primas baratas, abundantes y de buena calidad. Por ejemplo, el transporte o el sistema agroalimentario dependen de los combustibles fósiles en general y del petróleo en particular. Por otro lado, los impactos sobre el medio ambiente del sistema económico son hoy patentes. El cambio climático, de origen humano, es una amenaza para las generaciones futuras y nuestra economía: en caso de seguir los escenarios de Business as usual, los costes del cambio climático podrían ser superiores al 20% del PIB europeo en los años venideros.

Para ilustrar este análisis, tomemos el ejemplo de la crisis del 2008. Es evidente que la falta de control y regulación de los mercados, la avaricia del 1% o la desconexión entre finanzas y economía productiva, son elementos esenciales que explican parte de la crisis. Pero no lo explican todo. Como hemos apuntado, nuestra máquina socio-económica tiene un problema de drogadicción con el oro negro. Por desgracia para ella, desde 1999 los precios del petróleo no han parado de aumentar principalmente por los efectos acumulados del techo del petróleo (es decir escasez de oferta), la creciente demanda en constante aumento (principalmente en los países emergentes como China o la India) y la especulación (que se aprovecha de la tensión entre demanda y oferta) (véase gráfico 1).

Gráfico 1: Precios internacionales del barril de petróleo Brent de mayo de 1987 a marzo de 2009. Fuente: florentmarcellesi.wordpress.com
Gráfico 1: Precios internacionales del barril de petróleo Brent de mayo de 1987 a marzo de 2009. Fuente: florentmarcellesi.wordpress.com

Lógicamente, cuando ya no tiene acceso a buen precio a su dosis diaria, la máquina se pone gravemente enferma. Y más aún si de por sí no está en buen estado de salud (al haber por ejemplo comido demasiados “activos tóxicos”).

Por tanto, el economista Jeremy Rifkin o el sindicalista Manuel Garí tienen razón en afirmar que la actual crisis económica tiene, como uno de sus principales detonantes, el precio de la energía. Junto con otros factores sistémicos (dominio de la economía financiera, connivencias entre mercados y alta política, agencias de calificación de riesgos al servicio de la banca, etc.), formó parte de un cóctel explosivo que desembocó en la mayor recesión desde 1930.

Pero es que incluso si atendiésemos a los factores sistémicos no ecológicos (que sí o sí tenemos que erradicar), la máquina seguiría enferma porque, en el fondo, tiene un problema de metabolismo. Al fin y al cabo, nuestro sistema socio-económico heredado de la revolución industrial es como un aparato digestivo a gran escala con problemas de sobrepeso estructurales. Ingiere recursos naturales por encima de las reservas de la nevera Tierra, los transforma en “bienes y servicios” que (además de ser mal repartidos) no son buenos para la salud de sus glóbulos rojos, y produce demasiados residuos no asimilables por su entorno.

Además este cuerpo tiene una enfermedad añadida: no sabe parar de crecer. Y para alimentar este crecimiento infinito, calculado por el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), necesita absorber muchas proteínas abundantes y baratas (la energía) y quemarlas sin restricción hacia la atmósfera (el 75% de las emisiones de CO2 desde la época preindustrial resultan de la quema de los combustibles fósiles). Eso ocurre en las economías productivistas en general y en España en particular donde, como demuestra Jesús Ramos, “el crecimiento real de la economía española ha ido de la mano de un crecimiento en la misma proporción del consumo de energía” (véase gráfico 2).

Gráfico 2: Relación entre consumo de energía primaria (azul) y PIB (rojo) en España. Fuente: Ramos, J. Dependencia energética en España.
Gráfico 2: Relación entre consumo de energía primaria (azul) y PIB (rojo) en España. Fuente: Ramos, J. Dependencia energética en España.

Dicho de manera simplificada, el PIB es una función de la energía disponible. Cuando no hay suficiente petróleo, que representa el 40% de la energía final en el mundo, no hay “suficiente energía” y no hay “suficiente PIB”. Es lo que hemos verificado desde 1973: no consumimos menos petróleo por culpa de la(s) crisis sino que estamos en recesión (entre otros motivos) por tener menos petróleo. Y la recesión se hace hoy aún más fuerte en los países con mayor dependencia energética en Europa que, casualidad, son Grecia, Portugal, España e Irlanda…

Sin embargo, sanar el enfermo es posible. Por tanto, el paciente necesita urgentemente deshacerse de su “drogadicción al crecimiento” y adoptar un nuevo estilo de vida saludable. Como cualquier ser humano que una vez llegada su edad adulta sigue madurando sin crecer de tamaño, debe reconocer que su bienestar ya no depende del crecimiento del PIB. Debe también solucionar sus problemas de sobrepeso desde una doble perspectiva de justicia social y ambiental: reducir su huella ecológica hasta que sea compatible con la capacidad del planeta a la vez que redistribuye de forma democrática las riquezas económicas, sociales y naturales.

Para acceder al articulo completo titulado “La crisis económica es también una crisis ecológica» en el blog del autor, pincha AQUÍ,