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Domingo, 02 Agosto 2009 10:37

Hitos urbanos

La homogénea trama urbana de los pueblos de la Alpujarra, en la que el tejido residencial se convierte en el componente esencial de la misma, se ve cualificada puntualmente por elementos singulares que destacan por su escala o uso convirtiéndose en verdaderos hitos urbanos.

Casas nobiliarias, ayuntamientos, fuentes, lavaderos, y sobre todo las Iglesias parroquiales actúan como focos de atención que concentran la actividad urbana, ubicándose junto a los mismos normalmente espacios urbanos de mayor entidad.

Aunque algunos de estos elementos están en desuso poseen un indudable valor histórico, arquitectónico, etnológico o ambiental, que hace necesaria su protección.

Torre del Reloj en Albodoluy de Almeria./ Archivo GR
Torre del Reloj en Albodoluy de Almeria./ Javier Callejas (Archivo GR)
Jueves, 30 Julio 2009 08:46

Una imagen paisajística

Por Almudena García Mezcua. Arquitecta

El crecimiento de los núcleos urbanos de la Alpujarra supuso una evolución de las zonas de cultivo asociadas a ellos. Así los bancales se fueron rodeando de edificaciones hasta convertirse en huertos urbanos. De ahí la clara presencia de estos espacios tan interesantes desde el punto de vista paisajístico, ya que forman parte de  la imagen de un pueblo blanco con viviendas de pequeña altura, con sus “terraos” de launa y sus chimeneas, en la que sólo sobresale la iglesia, y entre medio de todo eso aparecen los árboles de los huertos, proporcionando una nota de color y viveza.

Esta imagen tan valorada, desde no hace mucho tiempo, es la que se pretende preservar. Se han protegido tanto los bienes de carácter minero-industrial, caminos y escarihuelas, yacimientos arqueológicos, acequias, núcleos de población y zonas de cultivo asociadas, bienes mixtos y torres eclesiásticas.

Unas de las determinaciones más importantes para proteger las zonas de cultivo son la prohibición de introducir  invernaderos, de esta forma se intenta fomentar la forma de cultivo tradicional; la impulsión de medidas económicas para apoyar el mantenimiento de sus elementos constructivos, como pueden ser los balates, paratas y muros. Las nuevas actuaciones deben preservar las vistas paisajísticas cualificadotas del núcleo urbano.

Estas actuaciones de protección no sólo se dan en la Alpujarra; en el Albaicín ocurre una situación similar. Se protegen las edificaciones, los jardines, las calles, las iglesias,… Todo ello preserva la imagen de un conjunto que esta valorado como se merece. Pero hay que preguntarse si estas medidas deberían extenderse a otros territorios para preservar sus valías.

Bonita vista de Juviles./ Archivo GR
Juviles, el valor de un conjunto paisajístico./ Archivo GR
Viernes, 24 Julio 2009 08:27

La recuperación de las acequias

Por Sandra Álvarez Muñoz. Geógrafa ambientalista

Como venas para el cuerpo humano, son las acequias para La Alpujarra: transportan la vida a todas sus extremidades. Sin riego, sin venas, sin acequias, no hay vida. Y sin embargo, probablemente, las acequias han sido uno de los elementos patrimoniales más agredidos, menos respetados, cercenando con ello una parte de la vida de la Alpujarra, quitándole el riego a buena parte de su cuerpo.

Durante mucho tiempo, casi todos creyeron que, entubándolas, hacían lo mejor, asegurando que todo el agua, ese bien preciado y escaso, llegaba al final del camino, sin perder una sola gota en el viaje. En esta batalla por dominar el agua, por entubar la acequia, podías encontrar guerreros vestidos de alcaldes, soldados vestidos de comunidad de regantes, persiguiendo sin tregua la optimización de hasta la última gota, como paradigma de la modernización agraria. Pero en el fragor de la batalla, casi nadie tuvo en cuenta que, en realidad, el viaje era parte del fin propio de la acequia; que el paso del agua, rozando la tierra, era el paso de la vida y que, en definitiva, quinientos años de cultura agraria no podían estar tan equivocados…

Echando la vista atrás (quizás no tan atrás), recuerdo como nos decían desde la propia Administración, subvención en mano, que quienes defendíamos el sistema agrícola tradicional éramos unos bárbaros, dilapidando riqueza hídrica regando a manta, y que, desde luego, el futuro de la agricultura en la Alpujarra pasaba por el entubamiento y el riego por goteo. ¡Como si el declive de la agricultura de montaña, realmente, dependiera de esto!, y no de un proceso económico capitalista, que lleva a la crisis al pequeño productor y que condena al espacio agrícola a depender de la subvención. Y así, persiguiendo la modernidad y, por qué no decirlo, la entelequia del desarrollo, las acequias fueron cayendo una detrás de otra, ora aquí, ora allá. A veces fragmentos, a veces acequias completas… Y, sí, el agua llegaba hasta el final del camino, sin merma. Pero el camino fue desolándose, y el paisaje fue perdiendo retazos de vida, ora aquí, ora allá… ¿No recordáis la colina de Lobrazán, verde, arbolada, repleta de castaños que se erguían como guardianes del agua de su acequia, antes de llegar al acueducto de los Arcos?. Ahora el agua pasa entubada, y no precisa de guardianes en su ribera, así que ya no los hay, apenas, y toda la colina es más amarilla, más frágil a la intemperie y a la erosión.

Tal vez hoy, muchos de aquellos guerreros (y guerreras), prefieran no reconocerse en  ese pasado en el que creían estar a la vanguardia del desarrollo rural, mientras interactuaban, de forma despreocupada, sobre un paisaje que no cesa de ser generoso con la vista y con quién lo ama, respeta y cuida.  Hoy la visión de progreso es la contraria, gracias probablemente al tesón de muchos “pelúos”, hoy reconocidos como parte de movimientos ecologistas y conservacionistas, en los que militan incluso representantes municipales, agricultores y técnicos de la administración. Quedan aún, sin embargo, cruzados de la modernidad anticuada, entubando el agua y poniendo etiquetas, más o menos despectivas, a un modo de ver el territorio, que no es más que salvaguardar lo que tenemos, para que lo disfruten tus hijos, los mios…

Hubo de ponerse “de moda” la agricultura ecológica, y fue necesario que la Consejería de Agricultura desplegara una Dirección General y un CAAE, para que en esta comarca, la productividad del pequeño terruño no fuese cosa solo de hippies y extranjeros, obsesionados por permitir vivir a los pájaros y a los insectos. Las Comunidades de Regantes, a veces muy a su pesar, dejaron de pedir al Parque Nacional subvenciones para entubar acequias. Algunos, más clarividentes, incluso dijeron al propio Parque que no se subvencionasen.

Todos estos “alguienes” que actuaban en silencio, gente comprometida, es a la que se le debe, que hoy se planteen actuaciones para la conservación de las acequias, por su multiplicidad de funciones, ambientales, paisajísticas y de productividad en la estructura agraria. Y de que, cuando se mira una acequia, se mire como un bien, un bien patrimonial, un legado que debe permanecer en el futuro. En este sentido, es prioritaria la labor de la Administración, aunando esfuerzos y destinando recursos para su conservación y mantenimiento. Pero si hay algo necesario, por encima de todo ello, es la presencia de la actividad agrícola. La Alpujarra necesita estar cultivada, y cultivada con respeto a la tradición, para que el paisaje que hoy contemplamos, de paratas, de líneas horizontales por las que discurre la acequia, el contraste de color y vegetación, la variedad de ecosistemas e imágenes de la comarca, no desaparezca. 

Si desapareciera, aunque fuera de forma parcial, se perdería el único motor actual real de la actividad económica de la Alpujarra, el turismo, basado en la contemplación del paisaje y el disfrute y la realización de actividades en la naturaleza. Sólo la pervivencia de este paisaje ha permitido que, hoy, la Alpujarra no sea ya un auténtico desierto demográfico. Y el paisaje tiene dos protagonistas, únicos e insustituibles: el agricultor y las acequias. Uno sin otro no son más que testimonios insostenibles en el tiempo. Sin agricultor no hay acequias, sin acequias no hay paisaje, sin paisaje no hay vida en La Alpujarra.

Entubamiento de la acequia de Nieles./ Archivo GR
Entubamiento de la acequia de Nieles./ Archivo GR
Por Miguel Ángel Sánchez del Árbol. Geógrafo 

En la sumaria relación de hechos anteriormente expuesta, cabe enmarcar el caso de la aglomeración metropolitana granadina, aunque sea parcialmente, no sólo en cuanto a su situación socio-económica, sino en cuanto a su raigambre: sin ser ajena a la cultura europeo-occidental, mantiene rasgos netamente mediterráneos. En esa hibridación se presenta, por un lado, la participación democrática en las decisiones sobre el territorio que afectan a la colectividad, a través de diversos procedimientos y/o instrumentos, como los de planificación urbanística y territorial, así como intervención decisiva de los poderes públicos en asuntos relativos a dotación de equipamientos e infraestructuras,  servicios diversos (sanidad, educación,  transporte colectivo), medio ambiente, etc.; por otro lado, su poso cultural orientado al buen vivir de resabios dionisíacos, donde a menudo prevalece el culto a la privacidad junto a la dejación de responsabilidades en la construcción del espacio vivido, que el ciudadano pone en manos de representantes políticos y de técnicos en la materia sin ejercer apenas el derecho de participación, a la vez que se digiere con poco criterio todo tipo de influencia externa o ajena a la cultura vernácula, que se traduce en un innumerable elenco de despropósitos urbanísticos y constructivos, que han desvirtuado profundamente el paisaje urbano y periurbano. A todo ello habría que añadir la frecuente relativa escasez de recursos económicos, cuando no su ineficaz gestión, que afecta a muchos de los agentes territoriales, tanto privados como públicos, lo que supone con frecuencia improvisación en las decisiones, postergación sine die de problemas, excesiva perentoriedad en las soluciones y, en el caso específico de la intervención pública, desajuste entre demandas y ofertas sociales, siendo frecuente el déficit de infraestructuras y equipamientos.

Ejemplo de parcelacion en la Vega de Granada.
Ejemplo de parcelacion en la Vega de Granada.

Pero a todos estos y otros procesos generales, aplicables en mayor o menor medida al caso específico de la aglomeración metropolitana de Granada y, más concretamente, la implantación de gran parte de la misma sobre el espacio de regadío, hay que añadir sus propias, y en gran medida irrepetibles, circunstancias y peculiaridades, que permiten poner de manifiesto que los despropósitos producidos en su proceso de expansión urbana tienen una repercusión excesiva para el verdadero alcance de su crecimiento demográfico y desarrollo económico. Ello es palpable al revelar la severa incidencia de la expansión urbanística sobre un espacio especialmente sensible cultural, medioambiental y paisajísticamente, como es el de la Vega de Granada. Resulta innegable su rico acervo histórico y cultural desde, al menos, la ocupación romana, que alcanza su máximo esplendor en el período nazarí bajo ocupación andalusí, así como otro momento señero a finales del siglo XIX y primer tercio del XX con el significativo proceso de agro–industrialización (red de tranvías, fábricas azucareras, remodelación urbana, etc.), que han dotado este espacio de entramados característicos muy significativos: profusas redes de caminos y de acequias, parcelación diferenciada por períodos y ciclos, presencia de abundantes construcciones vinculadas a la producción agraria (cortijos y alquerías, molinos y secaderos de tabaco, fábricas azucareras), conservación de ribazos y sotos, etc., todo ello orgánicamente distribuido sobre unas fértiles tierras gracias a un multisecular proceso de formación de suelos (entarquinamientos, irrigación, etc.) por parte de numerosas generaciones de agricultores. En definitiva, un paisaje llamativo, rico en matices y, hasta hace pocos lustros, constitutivo de una perfecta síntesis entre el medio y la cultura, entre la naturaleza y la acción humana multisecular.

Patrimonio de la Vega en desuso./ Archivo GR
Patrimonio de la Vega en desuso./ Archivo GR

Por Miguel Ángel Sánchez del Árbol. Geógrafo 

En el espacio de la Vega de Granada –que no es, o no debe ser, un mero espacio físico– el volumen poblacional alcanzado por su sistema de asentamientos y los nuevos modelos de vida no son las únicas variables determinantes de los recientes problemas de configuración, funcionalidad, productividad, sostenibilidad ambiental, imagen paisajística y otros aspectos sensibles del territorio, sino sobre todo el hecho de superponerse, coexistiendo con desiguales oportunidades de implantación y expansión, diversos sistemas de ocupación con sus respectivas necesidades de espacio físico, sus divergentes requerimientos en recursos humanos y naturales, sus distintos mecanismos de funcionamiento y unos procesos productivos que llegan a ser, en casos, incluso antagónicos. El más dinámico de tales sistemas es, sin duda, el urbano-industrial, que ha adquirido carácter metropolitano y que se expande en gran parte por la Vega; de ahí la obligada coexistencia, en  el mejor de los casos, puesto que hasta ahora todos los síntomas son los de un espacio agrario notablemente sometido a las necesidades del espacio urbano.

La Vega Sur de Granada./ Archivo GR
La Vega Sur de Granada./ Archivo GR

Podría argumentarse que la expansión urbana y uno de sus corolarios importantes, el despoblamiento rural, es un proceso mundializado (al menos del mundo industrializado) y de carácter progresivo; pero, a su vez, también cabe argumentar que sobre todo en los países desarrollados socio–culturalmente esos procesos territoriales se organizan de forma armónica, que redunda en un sistema urbano equilibrado y funcional y en unos entornos donde se diluye progresiva y suavemente aquel en beneficio del espacio rural y del equilibrio interterritorial –objetivo éste fundamental en una verdadera ordenación del territorio–. En cambio, en los ámbitos geográficos caracterizados por fuertes relaciones de dependencia cultural y económica de las periferias respecto a los centros de decisión, o donde no ha habido tiempo material para asumir controladamente los cambios introducidos por la revolución post–industrial, o donde determinados grupos de poder fáctico han ejercido una influencia determinante e incontrarrestada por los poderes públicos en los procesos territoriales acaecidos, entre otros mecanismos causales, suelen producirse efectos igualmente sintomáticos, como economías duales, tensiones entre lo urbano y lo rural, procesos de acrecencia urbana espasmódicos y desvertebrados, deficiencias de infraestructuras y equipamientos, generación de vastos espacios marginales, bolsas de pobreza y un sinnúmero de problemas sociales, de organización, de movilidad cotidiana, de abastecimiento energético, de eliminación de desechos, de deterioros paisajísticos y medioambientales, etc., que ponen en serias dificultades la habitabilidad e, incluso, la propia viabilidad del sistema a mayor o menor plazo.   

Fragmentación del espacio de la Vega.
Fragmentación del espacio de la Vega.
Por Emma Luengo López. Arquitecto

El sistema agrícola para cultivar las pendientes es universal estando presente en casi todas las culturas, desde las mediterráneas a las americanas, pasando por las asiáticas. Es decir, desde los griegos, romanos y árabes en el mediterráneo hasta los incas de Perú, sin olvidar a los vietnamitas, laosianos y nepalíes con sus conocidas terrazas arroceras.

 

Bancales en Laroles./ Javier Calleja
Bancales en Laroles./ Javier Calleja

Por otro lado, otro tipo de explotación agrícola, también universal, es la pequeña  parcelación de la tierra trabajada directamente. Sobretodo en valles y vegas de cualquier región, aprovechando la abundancia de agua y la calidad óptima de los terrenos lo que permite el cultivo de todo tipo de legumbres y frutales.

Estos dos tipos de explotaciones son características de las tierras de Granada, los bancales de la Alpujarra y la Vega metropolitana, y al igual que en el resto del mundo, son actividades agrícolas que se han quedado obsoletas en el actual modelo económico de globalización. La necesidad de monocultivos en grandes explotaciones, que han sido determinados por el estado del mercado en cada momento (no sólo determinando su producción, sino también controlando el momento específico de su maduración), y la utilización de semillas tratadas genéticamente para que produzcan frutos que sólo pueden germinar una vez, es incompatible con un método de agricultura basado en la explotación directa, debido a que por su tamaño y situación son inviables los grandes medios mecánicos de producción. Todo esto da lugar a una producción temporera y pequeña que además debe de estar cerca de los mercados de consumo. Y a su vez, ofreciendo la ventaja de proporcionar productos frescos y sin intermediarios.

Huertas en Los Agustines en Órgiva./ Emma Luengo
Huertas en Los Agustines en Órgiva./ Emma Luengo

La imagen paisajística de los núcleos urbanos de la Alpujarra sería impensable sin el escalonamiento de los bancales; de igual forma los pueblos de la Vega no serían reconocibles sin los huertos que los circundan. La pérdida de estas estructuras está transformando la imagen de los centros urbanos, al mismo tiempo que afecta al valor cultural que emana de ellas a través de sus usos, labores tradicionales, edificios de almacenamiento, infraestructuras de riego y acceso, etc.

¿Qué solución habría que buscar para que la pérdida de estas estructuras agrarias no afecte al paisaje? ¿Podría la controvertida idea de los huertos urbanos ser una solución? ¿Esta relación entre paisaje y centro urbano habría que mantenerla a toda costa, aunque fuera de manera artificial, suponiendo esto un gran coste para los ciudadanos? ¿O habría que asumir duramente que el cambio de esta relación paisaje-centro urbano forma parte de una evolución natural de la sociedad actual?

Almendro en Alcázar e Orgiva./ Rafaéle Genet
Almendro en Alcázar e Orgiva./ Rafaéle Genet
Miércoles, 15 Julio 2009 10:32

Los Terraos

Las cubiertas planas acabadas con launa son uno de los elementos que singularizan la arquitectura de la Alpujarra-Sierra Nevada respecto de otras tradicionales de la región.

Los terraos, que no tienen otro remate de borde que la castigadera y el alero, son una de las zonas más usadas de la casa, haciendo que las condiciones de habitabilidad de estas viviendas sean notables, a pesar de la abigarrada trama urbana en que se insertan.

Tradicionalmente, los terraos se han usado como lugar de descanso, para tender la ropa, para almacenar productos, secar al sol castañas, maíz, hortalizas…

Con Sierra Nevada al fondo./ Archivo GR

Con Sierra Nevada al fondo./ Archivo GR

Sábado, 11 Julio 2009 09:29

Colorterapia urbana

Por M. Eulalia Fernández Bermejo. Arquitecta

La importancia del color para la vida cotidiana es algo evidente. Existen muchas teorías que defienden que la “colorterapia” influye en nuestras emociones y en nuestro modo de vivir el entorno, lo aplicamos a diario a nuestra ropa, a nuestros coches, a nuestros muebles… Sin embargo, a la hora de construir nuestras ciudades es algo que no tenemos en cuenta. Generamos ciudades inhóspitas para el habitante cotidiano, ciudades cargadas de grises, inmersas en seriedad y rutina, en los colores que llenan el asfalto, los pasos de cebra, los semáforos, las farolas, etc. Cuanto mayor es la ciudad más gris acaba siendo.

 

Chaouen, Marruecos.
Chaouen, Marruecos.

Tenemos mucho que aprender de núcleos de población que no han perdido su identidad cromática, núcleos en los que el color es un elemento más que da cualidad y calidad al espacio público, además de dotarlo de una identidad e imagen propia. Podemos poner como ejemplos, los típicos pueblos granadinos de la Alpujarra en el Sur de España, pueblos inundados por el blanco, con cuidados elementos vegetales que dan pinceladas cromáticas, pueblos del norte de Marruecos, como Chaouen que han conseguido generar una identidad propia gracias a un color, ejemplos en Maracaibo Venezuela, donde las fachadas se llenan de colores vivos y brillantes, o ejemplos en centro Europa en la ciudad de Colonia donde podemos encontrar calles en donde ninguna de la viviendas tienen el mismo color en su fachada.
 
Tanto el color que tienen nuestras ciudades vistas desde lejos, integradas en el paisaje, como cuando nos encontramos inmersos en ellas, cuando las recorremos, las paseamos… en definitiva cuando las vivimos, es algo que influye de modo importante en la interacción del habitante con su entorno.
 
¿Por qué no diseñar nuestras ciudades de la manera acogedora que desearíamos para nuestros hogares? ¿Por qué no utilizar el color en ellas?

Maracaibo, Venezuela.
Maracaibo, Venezuela.
Colonia, Alemania.
Colonia, Alemania.
Publicado en La Ciudad Comprometida
La delegación granadina encabezada por Emilio Herrera, Decano del COAG.
La delegación granadina encabezada por Emilio Herrera, Decano del COAG.

“Noticias y Actualidad” (2)

Los arquitectos de España, reunidos en Valencia, estamos debatiendo sobre las principales cuestiones que afectan a la arquitectura, la ciudad y al territorio: las crisis económica, energética y ambiental.

Como podéis analizar, se tratra de debatir aspectos que tienen una clarísima incidencia sobre la vida cotidiana de los ciudadanos, y de cuyo debate deberá surgir un claro pronunciamiento de los arquitectos que deberemos optar por un fiel compromiso con la ciudad y el territorio. Los principales ponentes y los congresistas hemos coincidido en afirmar a la producción extensiva, por ejemplo los adosados de viviendas, como uno de los aspectos más negativos de la ciudad reciente por ser contrarios a un urbanismo de calidad y sostenible.

La delegación granadina ha contado con la presencia de varios representantes del Colegio de Arquitectos de Granada, presidida por su Decano Emilio Herrera, Francisco Peña, Miguel Martín y Roser, además de una nutrida representación de GRarquitectos, ya que esta empresa ha sido seleccionada como ejemplo a nivel nacional por su organización interna y su modo de desarrollar la profesión de la arquitectura y el urbanismo.

En la exposición de los seleccionados junto a la mención de GR arquitectos.
En la exposición de los seleccionados junto a la mención de GR arquitectos.
Publicado en Noticias y Actualidad